El internacionalismo proletario de Juan Manuel Santos

El hecho de la defensa por el Presidente de Colombia de sus coterráneos ilegales, deportados en el Táchira, la mayoría de ellos parias de la tierra, no lo cataloga, así nomás, como un estadista bolivariano ni mucho menos marxista. También se podría argumentar, por la otra cara de la moneda, que tampoco es chovinista ni xenofóbico el propósito de sanear la frontera colombo venezolana, incluyendo en este objetivo la salida forzosa o voluntaria de los indocumentados entre ellos algunos vinculados con actividades delictivas.

Entre otras consideraciones el tema del cierre de la frontera da a lugar a la reflexión ideológica porque en momentos de crisis se exacerba el análisis contradictorio. No es posible objetivamente establecer comparaciones históricas con otras revoluciones pero es necesario, a veces, recordarlas para aprender de la sabiduría de otros pueblos. En tiempos de Lenin, Stalin y Trotski, en los primeros años de la revolución rusa, al partido bolchevique le tocó enfrentar una guerra civil de alta intensidad. El Ejército Rojo al mando de Leiba Bronstein, mejor conocido por el seudónimo de Trotski, salió victorioso contra los blancos, éstos con gran impulso en Ucrania donde constituían contingentes de decenas de miles de hombres quienes no eran sólo campesinos ricos sino también masa empobrecida.

Los líderes de la revolución bolchevique aplicaron correctamente la teoría revolucionaria y lograron vencer a la contrarrevolución.

En la guerra por la independencia de Venezuela tenemos un lamentable ejemplo histórico de una masa desposeída, humillada y ofendida, al servicio de la causa realista, comandada por el sanguinario José Tomás Boves quien hizo mucho daño a los patriotas. Un análisis clasista superficial de esta situación podría conducir, más que explicarla, a justificar esa acción de los pobres en el bando contrario a Bolívar.

El Estado venezolano ha sido respetuoso de los derechos humanos a los deportados, ninguno con el status de refugiado político, por lo tanto está excepto el gobierno de errores éticos y desviaciones fascistas.

Colombia es una base militar estratégica del imperialismo norteamericano hasta ahora marcada con el signo del enemigo más cercano de la revolución venezolana y de los ideales de unión de nuestra América. Esa realidad no puede ser perdida de vista al considerar el cierre de la frontera y explica la posición condenatoria asumida, al respecto, por la oligarquía Colombiana y por el Departamento de Estado, así mismo las acciones de inteligencia del imperio en la frontera colombo-venezolana.

El cierre de la frontera tiene que ser visto como una acción antiimperialista y bolivariana más allá de las debilidades capitalistas y de conciliación con la burguesía que sí existen en este gobierno y no se pueden negar.

El título de este artículo es, por supuesto, una expresión utilizada para contraponerla irónicamente a los argumentos esgrimidos por los gobiernos de EEUU y Colombia en defensa hipócrita de los deportados y contra el cierre de la frontera.



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Sergio Briceño García

Profesor Universitario de Filosofía de la Educación Jubilado de la UPEL. Autor del Poemario "Porque me da la gana" y de la obra educativa "Utopía Pedagógica del Tercer Milenio". Ex Director Ejecutivo de la Casa de Nuestra América José Martí.

 sergiobricenog@yahoo.com

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