Chávez, ilumina la vida del pueblo

Miren ustedes cómo en nuestro Líder se encierran tantos símbolos. Cómo nos sirve hasta de tema para promover en los jóvenes el cultivo de las ideas, garantía cierta de hábitos de república. Claro que los de arriba olvidan estas normas de hacer política, sin pensar, como lo apunta Carlyle, que "no es fácil de gobernar una burguesía que usa poco jabón y no habla siempre de verdad". El Comandante Chávez ilumina nuestra vida desde su partida al mundo de los Héroes. Su obra es para derrotar a los piratas de ahora, para vencer al pirata que amenaza siempre la Patria. A los piratas de la indiferencia, del fraude, de la corrupción y de la simulación que se escurre entre sujetos sin valor para abrazar la verdad.

El Comandante Chávez no es un hombre que haya de mirarse entre la gente de la ciudad material. Chávez es el obrero de la Venezuela ideal. De la Patria que hace los Símbolos. De la Patria que aún se empeña en contornear los Héroes que ayer sacrificaron su vida por darnos Independencia y dignidad. Es el hombre que ganó en con aquel Por "Ahora" un minuto de Heroicidad la permanencia de la gloria ejemplar. Chávez se empina y crece para iluminar la Historia, cuando vence su angustia natural de hombre y sale el 4F-92 resuelto a ganarse su día sin ocaso de honra. Chávez es el hombre vencedor de sí mismo. El héroe que domina los reclamos materiales del pueblo para erigirse para ejemplo de generaciones. Por eso al rotular el relato de la existencia de nuestro glorioso Comandante, no lo llama vida sino Hazaña. Ha podido llamarlo con mayor propiedad agonía o muerte de un Héroe. Por qué la vida de Chávez es su muerte. Al morir salva su alma para la inmortalidad viva de la Historia.

Nuestro deber es denunciar y corregir. Nuestro deber es señalar la experiencia de nuestra angustia y la verdad de nuestro vacío. La verdad de nuestra insuficiencia ductora. La verdad de las consignas vacías que recibimos actualmente de nuestros dirigentes. En la universidad, vemos como persiste el Proceso desorientado de la conciencia juvenil. ¿Qué fe puede engendrar en el espíritu del estudiante la presencia de profesores descalificados? ¿Qué ejemplo puede proporcionar un catedrático cuya actitud en la lucha social es la propia negación de los ideales de cultura que debe alimentar el alma universitaria? Seguirá allí la tragedia que viene de abajo: la insinceridad, la desconfianza y la falta de solidaridad social.

Miramos desde un punto de vista frío la función del olvido como elemento de paz social. Como un gran manto de apaciguamiento. En nuestra casa empezamos por olvidar las malas acciones de nuestros hijos y en la escuela el maestro no recuerda hoy la falta cometida ayer por los alumnos. La vigencia en el recuerdo de las malas acciones ajenas haría insoportable la vida. Pero este olvido no significa falta de sanción oportuna, y menos de la sanción interior para nuestras equivocaciones de ayer. Se hace difícil generalizar sobre esos problemas donde la moral social y la moral individual aparecen unidas en forma por demás estrecha. Es algo en extremo peligroso confundir la racional tolerancia que promueve la convivencia, con la impunidad del delito que ocasiona un desajuste social.

En apariencia una paradoja. Pero hay que ver cómo una gran mayoría de quienes atacan las fórmulas de socialista son esencialmente equivocados. Ignoran el espíritu como fuerza de creación social y profesan, en cambio, el odio como elemento constrictivo. Profesan el odio, así como lo escribo, porque no otra fuerza puede moverlos a servir al orden permanente de la injusticia. Y la injusticia es violencia contra la caridad. Su odio se distingue del odio que anima las revoluciones en que es mudo, reflexivo, de meditado cálculo, frio como el carcelero que remacha los grilletes, mientras el otro es odio de reacción contra el dolor, odio que grita contra la injusticia, odio de la calle. El uno tiene prudencia y riqueza, el otro tiene sudor y angustia. Pero ambos son odio.

Cito a Mario Briceño Iragorry: Nuestra Patria ha venido viviendo de la gloria de sus muertos. Hemos sido un país de necrófagos. Nuestros héroes han servido de adormidera cívica para el pueblo engañado. Se les evocó de para embriagar las mentes retardadas. Se ha invertido el propio sentido de la Patria y lejos de ver en ella un panorama de presente y de futuro se ha vuelto la vista hacia atrás para buscarla en el pasado estático.

¡Gringos Go Home! ¡Pa’fuera tus sucias pezuñas asesinas de la América de Bolívar, De Martí, de Fidel y de Chávez!

¡Hasta la Victoria Siempre, Comandante Chávez!

¡Independencia y Patria Socialista!

¡Viviremos y Venceremos!



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Manuel Taibo


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