La muerte de las fuerzas morales

Tuvimos un comienzo Heroico al arrebatar a la España la Independencia de un mundo nuevo. Eso se inició en Venezuela. Después llegamos con muchos tropiezos a 1900, y de la montaña descendieron los que perseguían una acción reivindicadora ante la promesa y el señuelo de una vida mejor. Quedaron muchos de cara al cielo y otros en el regreso, sintieron la amargura de haber dado muerte injusta al hermano desamparado de otras regiones, para que se entronizara la arbitrariedad de las armas. De las tierras planas también partió la acción guerrera que puso arenga en los corazones para emular hazañas prodigiosas, y del centro se encendió el orgullo con el despliegue de los cañones y las voces de los clarines; y todo ello a golpe de la barbarie, se confabuló para definir una abominable expresión que marcaría el mayor infortunio de Venezuela: el divorcio radical, profundo, de la interpretación de las ideas, al sepultarse la justicia del primero por el predominio del segundo, y darse rienda suelta al mandonismo. La sustitución de la razón por el personalismo y la muerte de las fuerzas morales.

Las asonadas militares, los cuartelazos, los golpes de Estado, el golpismo, convulsionan y destruye la tradición venezolana, como autora y madre de la libertad de nuestra América. La opinión cuando calla el peligro que se cierne en torno a la democracia, se traga sus palabras y daño le hace al porvenir de su pueblo. Así se alienta la anarquía y la discordia del país.

Como en toda incidencia existen puntos de vista que difieren, en el campo de las ideas, o en la forma o en el fondo, de un modo radical. En política, las tendencias ideológicas juegan en la afirmación u oposición para separar sus intereses y combatirse leal o arteramente. Para estos desmemoriados defensores del "orden social", para estos representantes de la buena "sociedad" y de los viejos principios, no debiera abrirse ninguna manera de manto piadoso.

Sobre el panorama de Venezuela esos puntos de vista muestran que existen en la actualidad círculos políticos inadaptables, en los partidos oposicionistas, que amenazan dramáticamente el porvenir con el estallido de una crisis de incalculables repercusiones. Turbulencias, odios, amenazas, persecuciones, desaciertos al juzgar que la política es un movimiento de negociaciones bursátiles en que las alzas y las bajas y las especulaciones que arruinan al pueblo, tienen una sola justificación: el usufructo del poder, la humillación, la miseria y el asesinato de los vencidos, la imposición de un solo criterio, la reacción de un grupo contra el otro, el desprecio público, la ruina financiera, la quiebra institucional.

Hay que ver cómo una gran mayoría de quienes atacan las fórmulas de Marx son esencialmente marxistas resentidos. Ignoran el espíritu como fuerza de creación social y profesan, en cambio, el odio como elemento constructivo. Profesan el odio, así como lo escribimos, porque no otra fuerza puede moverlos a servir al orden permanente de la injusticia. Y la injusticia es violencia contra el pueblo. Su odio se distingue del odio que anima las revoluciones en que es mudo, reflexivo, de meditado cálculo, frio como el carcelero que remacha los grilletes, mientras el otro es odio de reacción contra el dolor, odio que grita contra la injusticia, odio de la calle. El uno tiene prudencia y, sobre todo, respetar al prójimo, el otro tiene sudor, dolor y angustia. Pero ambos son odio.

A veces los hombres y mujeres de una misma generación se separan y sirven opuestos intereses, corriendo peligro el ideal de progreso. Tal ocurre cuando el régimen de vida no se compagina con la situación pública. Se recurre entonces, para anular la oposición, al fraude, al engaño, a la demagogia, como sistema político. ¿Con armas tales podrían asegurarse una victoria?

Toda generación trae en el porsiacaso de sus ideales, sedimentadas con la meditación, el deseo de ser un factor decisivo en la vida colectiva, inclinando el pueblo hacia su verdad, procurando conducirlo hacia un mundo de justicia donde la energía latente se convierta en acción responsable y la acción corone el ideal soñado.

—En ese sentido, la libre expresión del pensamiento, el sufragio universal, y el derecho de propiedad en sus aspectos fundamentales, han sido prácticamente enterrados por la oligarquía en un paralelismo ideológico identificado con la violencia y el atropello de los principios constitucionales.

¡Gringos Go Home! ¡Pa’fuera tús sucias pezuñas asesinas de la América de Bolívar, de Martí, de Fidel y de Chávez!

¡Chávez Vive, la Lucha sigue!

¡Independencia y Patria Socialista!

¡Viviremos y Venceremos!



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Manuel Taibo


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