Humberto Fernández Morán (1924-1999)

Venezuela se reencuentra en el dialogo que han comenzado a celebrar la ciencia y las artes, la política y las letras, el profesional y el hombre y la mujer de la calle. Las ideas analizadas son temas de discusión que tienen un solo corolario: el bien común y el beneficio de la colectividad.

El acercamiento de las distintas corrientes que forman la opinión de un país, sirve para aclarar dudas, percibir mejor los propósitos que se alientan y de entender la razón que puede evitar el desconcierto del pueblo.

El dialogo se vale de una palabra que encuentra el sentido integral de la Patria. Los caminos son numerosos y al transitarles, surgen las diferencias profundas que se manifiestan en una sociedad.

En la pasión política está el sectarismo que es una frontera que delimita y encierra las ideas en el círculo del individuo, para extinguirlo por falta de una humana comprensión.

Debemos hablar a los escritores venezolanos, de sus aspiraciones en el campo de la cultura, y, con esa palabra sencilla del hombre despojado del atributo del poder y circunscrito en el terreno de la intimidad personal, ha dejado vislumbrar un aspecto relacionado con la ciencia en Venezuela y su contraste con la política y sus intereses, en que el debate interroga la razón y el decoro ciudadano.

Señalamos a Humberto Fernández Morán, (fundador del Instituto venezolano de Investigaciones Científicas y Cerebrales) a quien seguimos sus pasos como científico de renombre universal. En su discurrir por pueblos y caminos del exilio, en Washington, un notable profesor manifestó que Fernández Morán había sido el mejor de los discípulos de un grupo de superdotados que representaban las inteligencias más prodigiosas del mundo; en Chile una eminencia hizo saber de su orgullo al calificarse alumno de Fernández Morán, y en 1946, oímos asombrados la teoría que exponía en que, con una concepción revolucionaria, interpretaba la exactitud de las matemáticas con la prosa transformada en verso de José Antonio Ramos Sucre.

Después de larga permanencia en Alemania, en la época del nazismo, Fernández Morán regresó a Venezuela para comenzar las investigaciones en el campo de la energía nuclear.

El pueblo venezolano conoció así el campo experimental más avanzado y audaz que se establecía en Venezuela en ese complejo terreno de las investigaciones en que residía el futuro de la humanidad. Hombres de Filipinas y el Japón, de Alemania, Polonia, Austria, de todos los rincones del mundo donde existía u investigador disponible, vinieron a Venezuela para formar los batallones de Fernández Morán, en Pipe, en donde se terminó por considerarlo, por el extraordinario despliegue de fuerza y de misterio, como el brujo de la región.

La dictadura entonces jugó su carta destructora. Al verse amenazada, con cobardía singular, se quiso aprovechar del prestigio mundial de Fernández Morán y lo hizo, en enero de 1958, su Ministro de Educación.

La falta de reacción por lo que estaba en contra de su nombre como eminente científico, es lo que no se ha podido excusar a Humberto Fernández Morán. Quedó la herencia de esa profunda investigación que representa el Instituto creado al respecto. Del instrumental, de los aparatos costosísimos, (los robaron los adecos) otros científicos han podido continuar los estudios, pero queda como un enigma, el llamado Reactor de Pipe, que constituye el centro de esas investigaciones.

Y allí está el diálogo que indaga con palabra preocupada para comprender bien a Venezuela, pues sabemos que es necesario borrar las intransigencias por el bien del país. Y al recorrer los problemas venezolanos y la complejidad que envuelven para su futuro, pensamos en la necesidad de dejar caminos trillados. Y expresar la conveniencia de recuperar a los científicos venezolanos que sirviendo a otras naciones le está haciendo falta a Venezuela. Las culpas, las inconsecuencias, las ha experimentado el pueblo injustamente; la politización le ha empañado la visión, y la reintegración al país de esos elementos está en discusión ahora cuando se trata de asegurar el porvenir del cual depende el disfrute de su libertad.

La historia revela con matemática precisión que muchos son los venezolanos que se han perdido para el esfuerzo de la nacionalidad. Grandes han sido después las lamentaciones por lo que se pudo subsanar.

Andrés Bello inició esa experiencia en la huella del destierro voluntario; le han seguido con las distancias y separaciones morales, políticos, escritores y científicos. Y está en toda su vigencia el alcance de la interrogación:

—No tendríamos también que lamentarse, una vez más, el caso de Fernández Morán?

Un "escritor" chácharo de tres al cuarto, (muy adeco él) llamó a este insigne científico, ¡el brujo de Pipe! Por vergüenza ajena guardamos su nombre.

—Cito a Mario Briceño Iragorry: "A nosotros nos corresponde remover piedras y estorbos, y contra los vocablos megalíticos hemos de lanzar agudas y cortantes voces que los horaden y destruyan".

¡Gringos Go Home! ¡Pa’fuera tús sucias pezuñas asesinas de la América de Bolívar, de Martí, de Fidel y de Chávez!

¡Independencia y Patria Socialista!

¡Viviremos y Venceremos!



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Manuel Taibo


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