La fuerza de arrastre

El juego político, la oposición, la dialéctica entre un partido progresista, socialista, y un partido moderado son tan esenciales para el crecimiento económico como la democracia. Ni el progreso social ni la democracia serán jamás subproductos de la invención técnica, aun cuando ésta les abra, como en la actualidad, inmensas perspectivas. La política, es decir, el matrimonio vivo de derecha-izquierda, es hoy más que nunca, fuente irremplazable de fecundidad.

El PSUV, está en el centro del problema socio-político. Si no representa su papel, todo queda como atrofiado y casi esterilizado. ¿Cómo se ha pervertido el PSUV tras la partida del Comandante Chávez? ¿Puede recobrar su virtud y su vocación? Estas vocaciones atañen a los chavistas más allá de la dirigencia actual del partido, y más allá de las fronteras de la izquierda.

La izquierda lleva dentro de sí una contradicción que constituye su valor y es, al propio tiempo, causa de sus dolencias. Mientras la derecha sigue los relieves de la Historia y sus líneas de pendiente, la izquierda se encuentra, por naturaleza, dividida entre los boliburgueses, la oposición y la responsabilidad. Tiene obligación de rechazar la sociedad tal cual es, pero no puede negarla. Debe levantar utopías, sacar de éstas el valor necesario para remontar obstáculos al parecer invencibles por complicaciones internas, fijar hitos lejanos que la orienten en su actuación diaria, tomar distancias con respecto a un presente que no la satisface. Sin embargo, es preciso que tenga en cuenta este presente.

Antaño, la perspectiva de una revolución lo simplificaba todo. Lenin podía desinteresarse del proceso de industrialización y de liberación del Imperio de los zares porque contaba con abolirlo y reemplazarlo por un orden completamente distinto. Los bolcheviques sólo estaban “en este mundo” para denunciarlo, disolverlo y destruirlo.

El socialismo venezolano necesita encontrarse, a un mismo tiempo, en circular entre la realidad y la utopía. Mientras mantenga el equilibrio entre las exigencias de su ideal y las presiones del presente, la oposición de estos dos términos le serviría de motor. Es lo que están haciendo los socialistas chinos, que logran perfeccionar anualmente una sociedad que vienen dirigiéndola desde hace más de cincuenta años.

Cuando cesa esta dialéctica, la izquierda pierde su carácter y se torna conservadora, sea por impotencia o por conformismo. Tanto si deja de ver su punto de partida como si pierde de vista sus objetivos, el resultado es el mismo: deja de ser un factor de cambio.

La izquierda se ha dejado desequilibrar por la oposición. Su justificada crítica del capitalismo ha degenerado en culto a la burocracia. Su justificada acusación contra el autoritarismo se ha desviado en apología del poder débil. Su mesianismo la ha alejado del mundo presente y de nuestros problemas.

El proceso al capitalismo está más que justificado por su injusticia y por sus malos resultados. Era normal que la izquierda, ayudada en esto por la lección de las crisis económicas, propugnase un reforzamiento del Estado, el establecimiento de un verdadero poder de dirección económico por los únicos procedimientos conocidos y, en especial, por las nacionalizaciones. Sólo el Comandante Chávez se dio cuenta de que habían nacido nuevos métodos, todavía poco elaborados, pero susceptibles de perfeccionamiento, que permitirían remediar un día los abusos y las lagunas de la economía de mercado, sin perder sus estímulos ni sus indicaciones, En los programas tradicionales, la nacionalización quedó como una especie de abrelatas universal. Y se produjo una doble confusión: confusión entre propiedad y poder; confusión entre planificación y burocracia.

El poder se transfiere, en realidad, a lo que debemos llamar un nuevo factor de producción. Este factor es la asociación de hombres y equipos, de competencias técnicas variadas, exigidas por el fenómeno moderno de la innovación tecnológica. De la eficacia de este nuevo tipo de organización, depende, según reconocen todas las doctrinas económicas modernas, el éxito de la Revolución socialista. Si la desmantelásemos, o si se debilitase, no es seguro que pudiéramos reconstruirla. Reforzarla y ampliarla es la ardua, delicada y constante tarea de que depende el progreso de nuestro pueblo.

¡Gringos Go Home! ¡Libertad para los antiterroristas cubanos Héroes de la Humanidad!
¡Chávez Vive, la Lucha sigue!
¡Independencia y Patria Socialista!
¡Viviremos y Venceremos!


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Manuel Taibo


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