Chávez alma y vida

En el alma del Comandante Chávez había, con esa nostalgia natural en todos los genios extraordinarios, sed intensísima de la gloria. Y la más grande, la más embriagadora de las glorias humanas indudablemente es la gloria del Orador, que sin verter una gota de sangre, sin manchar sus laureles con los funestos trofeos del guerrero, conquista desde la tribuna las almas de sus oyentes y las confunde todas en su alma. No hay espectáculo semejante al del Orador, el cual debe ser a un tiempo filósofo, poeta, artista, músico, táctico; sacar del fondo de su alma los tesoros del pensamiento, encerrarlos en formas perfectas, con esa fuerza creadora que, como la naturaleza, hace brotar mundos; y por un milagro de su inteligencia y de su voluntad, tender entre tempestades infinitas de aplausos cadenas invisibles, a las cuales se prenden los corazones de todo el pueblo, cuyo poder sobrenatural es uno de los misterios más profundos del espíritu.
El Orador eleva su vida a las alturas de su conciencia y se consagra a una causa, a una revolución social. Para esto necesita concertar sus fuerzas, disciplinar su carácter, reunir sus ideas en torno de un pensamiento capital, y tener la lógica, la consecuencia inflexible, no sólo en los discursos, sino en la vida. El Orador es más artista que el filósofo, pero su arte está subordinado al pensamiento, y debe seguir el raciocinio. Orar no es cantar, es raciocinar, es convencer, es persuadir. La armonía, la belleza, deben ser auxiliares del raciocinio, destinadas a conseguir más pronto su triunfo. Así es que en un orador podemos casi hacer el examen de conciencia de una época: podemos ver sus incertidumbres, sus dolores, sus aspiraciones, sus crisis de reacción, sus ímpetus de progreso, sus batallas internas, sus ideas.
El alma inquieta, activa, del Comandante Chávez, se imaginaba ya en las visiones de su fantasía triunfando sobre todos sus enemigos por la magia de la palabra y sirviendo al pueblo por la santidad de las ideas. Todo su ser, toda su persona debía rebelar que el Supremo Hacedor no cinceló tan perfecto vaso para que estuviera vacío, sino para llenarlo de inmortales esencias.
Sí: aquel hombre a quien presentaban sus enemigos como indiferente a todos los dolores humanos, como dudando de todas las ideas, despreciador de sus semejantes y enemigo de Dios; dado sólo al culto de su vanidad y al desenfreno de sus vicios, según sus enemigos;tenía allá en el fondo de su grande alma un altar reservado para su amado pueblo explotado y oprimido, y la fe siempre viva en el progreso, que es al cabo el cumplimiento de las leyes divinas de la justicia sobre la faz de la tierra. No había sólo un pensamiento de egoísta amor propio en la justa impaciencia de Chávez por alcanzar los derechos que como ley le tocaban a su amado pueblo: había el nobilísimo amor de la Humanidad, como lo demostró más tarde empleando su poderosa palabray esparciendo así las semillas de las instituciones que debían brotar; profeta, como todas las grandes inteligencias, de un nuevo mundo social.
Pero a todos estos nobilísimos deseos respondió la burguesía con criminal indiferencia. Mal hemos dicho, respondió con vivísimo deseo de contrariar las nobles ambiciones de Chávez, quizá del fondo de la degradación en que habían caído. Y a pesar del desencanto que las críticas brutales habían engendrado en su alma, preveía con la conciencia de su propio mérito, y con la previsión natural del genio, la corona de laureles oculta bajo su corona de espinas, y la transfiguración reservada por el porvenir a su genio. Indudablemente, una atmosfera misteriosa debía rodear a Chávez, y una aureola centelleante resplandecer sobre sus sienes. Era ya entonces uno de esos hombres símbolos elegidos entre muchos para personificar y representarun siglo. Como nuestro tiempo, su alma a manera de una constelación luminosa, por lo infinito; y tener sólo un goce completo en la contemplación de las ideas; reírse de las creencias, y morir por el amor de su amado pueblo; aparentar brutal epicureísmo, y merecer ser contado entre los héroes por su vida y entre los mártires por su muerte.
¡Gringos Go Home! ¡Libertad para los antiterroristas cubanos Héroes de la Humanidad!
¡Chávez Vive, la Lucha sigue!
¡Patria Socialista o Muerte!
¡Venceremos!


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Manuel Taibo


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