Los medios fácticos en Venezuela

La tendencia a conformarse con medidas anodinas constituye el síntoma de la decadencia interna de la burguesía política venezolana, a la cual seguirá tarde o temprano a su desastre. Creemos que nuestro pueblo, dominará más fácilmente este peligro. Él ha soportado ciertas experiencias a propósito como para encallecer los nervios de cualquier individuo que no hubiese pasado totalmente por alto el significado de los mismos. Es indudable que un día el pueblo gritará con alegría desde su interior; esto ocurrirá cuando sentemos la mano para acabar con el empleo desdichado de los medios de comunicación fácticos de la burguesía. Y una vez que este instrumento se encuentre en manos del pueblo y haya dejado de pertenecer al extranjero y a los enemigos de la Patria, nos figuramos que los jóvenes, lo sentirán pesar sobre sus hombros mucho menos que sus padres.

Toda la educación debería estar concebida de manera que las horas libres de un muchacho puedan consagrarse a un saludable ejercicio de su cuerpo. Un joven no tiene derecho, durante los años que lo es, a vagar ocioso por las calles, provocando disturbios en ellas, quemando instituciones públicas y embadurnando las paredes de las viviendas; concluida su diaria faena, deberá dedicarse a curtir su joven cuerpo de suerte que la vida no le sorprenda débil y desprevenido cuando necesite luchar por su vida y por la Patria. La función de educar a la juventud consiste en promover la existencia de este estado de cosas y llevar el medio a la práctica, no debiendo circunscribirse a inyectar a aquéllos los llamados conocimientos de perversión. Este género de educación necesita desembarazarse de la idea de que el manejo del cuerpo de cada cual es un negocio reservado exclusivamente al individuo. Nadie debe tener derecho a manipular al joven a expensas de intereses bastardos, es decir, de la burguesía mediática.

La lucha contra el envenenamiento del alma debe emprenderse conjuntamente con la lucha por la educación de la mente. Hoy por hoy, toda nuestra vida pública es una a modo de almáciga donde se crían las ideas y atracciones sexuales. Obsérvese el “menú” que brindan a la juventud las telenovelas, los cinemas, teatros, medios pornográficos por internet, y salones de variedades; y dígasenos CONATEL si eso es una alimentación moral adecuada, especialmente para la juventud y para el pueblo. La publicidad y los quioscos anunciadores contribuyen también a este relajamiento atrayendo la atención de los jóvenes de la forma más vulgar. Todo aquel que no haya perdido la capacidad para penetrar en el alma de los jóvenes comprenderá que tales medios no pueden producir a éstos sino gravísimo daño.

La vida de los jóvenes debe ser liberada del asfixiante perfume de nuestro moderno erotismo, lo mismo que de la afeminada y gazmoña tendencia a no afrontar la realidad. En todos estos medios, los fines y los métodos deben estar gobernados por el pensamiento que procura preservar nuestra salud nacional, así del cuerpo como de la mente. Los derechos inherentes a la libertad individual deben subordinarse al deber de defender la juventud.

El mismo relajamiento ha podido observarse en casi todos los dominios del arte y de la cultura. Un triste síntoma de nuestra decadencia interna nos la proporciona el hecho de que sea imposible permitir que nuestros jóvenes visiten la mayoría de los llamados “hogares del arte”, si se tiene en cuenta el género del espectáculo expuesto desvergonzadamente a los ojos del público con la advertencia —universal en la Panóptica— de “para adultos solamente”.

Tal era la escuela burguesa en que se educaba al pueblo en Venezuela en tiempos de la IV-R; no fue sin razón, por consiguiente, que se concentrara en ella el odio inveterado de aquellos cuya envidia y codicia exigían que el Estado se hallase indefenso y el pueblo hambreado y esclavizado.

¡Y pensar que semejantes medidas de precaución son necesarias en los mismos lugares que hubieran debido contribuir en primer término a formar a la juventud, en vez de servir de distracción a sus hastiados padres! ¿Qué habrían dicho de tales advertencias y de las razones que las hacían necesarias los grandes dramaturgos de todos los tiempos?

¡Gringos Go Home! ¡Libertad para los antiterroristas cubanos héroes de la Humanidad!

¡Chávez Vive, la Lucha sigue!

¡Patria socialista o Muerte!

¡Venceremos!

 

 



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Manuel Taibo


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