Una Bolsa –como sustantivo- es un recipiente hecho de material flexible que sirve para meter cosas. También se le llama así a un paquete económico de ayuda para un estudiante y al organismo de transacciones de compra y venta especulativa llamado bolsa de valores.
La primera vez que escuché la palabra bolsa como adjetivo fue como a los siete años, cuando mi abuela le dijo a alguien, no recuerdo en qué contexto algo así como “el bolsa al cielo no va, porque lo friegan aquí y lo friegan allá”. Como el adjetivo bolsa no está en el diccionario, uno tiene que inventarse el significado el cual sería algo así como “persona ingenua cuya mente flexible es capaz de aceptar cualquier idea”.
Ese adjetivo apócrifo de la real academia de la lengua española y propia de los modismos venezolanos, fue la palabra que se me ocurrió al darme una vuelta por la urbanización “Las quintas” en Naguanagua y al intentar entrar a la Urbanización “Prebo” de Valencia y ver unos muchachos de entre 15 y 21 años cumpliendo el mandato de sus líderes; que les metieron en la cabeza (con la facilidad que se meten cosas en una bolsa) que quemando basura para obstruir el libre tránsito y destruyendo los servicios públicos de su vecindario, iban a derrocar un gobierno legalmente constituido.
Considero su acción una bolsería, porque cada vez son menos los que participan y cada vez es mayor el rechazo que causan entre sus vecinos, que llegan a las seis de la tarde después de un día de trabajo a perder tiempo en las colas y a maltratar sus vehículos al meterlos por caminos no adecuados para llegar a sus hogares.
Hoy no quiero contextualizar las guarimbas con el tema del golpe suave o el complot de los medios informativos internacionales, sino poner en relieve el hecho de que los jóvenes expuestos al desprecio de sus vecinos, están siendo utilizados por líderes irresponsables a los quienes les importa muy poco la suerte de los “bolsas” que están en es una lucha supuestamente justa. Basta preguntarse: ¿Cuántas veces ha trancado María Corina Machado su calle? ¿Cuántas barricadas ha construido Diego Arria? ¿Cuántos minutos de cacerolazos ha dado Salas Römer en su urbanización? Ellos hacen su guerra desde twiter y ponen a los jóvenes como barricadas que protejan sus intereses oscuros.
Es un hecho público y notorio, por ejemplo, que el profesor Pablo Aure -Vicerrector de la Universidad de Carabobo- ha sido visto en las marchas que furibundamente convoca, llegando al inicio de las mismas para tomarse seis o siete fotos y luego desaparecer. Cuando no hace eso, encabeza la movilización y sale de la escena justo antes de que comience la violencia ¿extraño no? Junto al profesor Aure, las autoridades de mi querida alma mater y los dueños de las universidades privadas, han sido auspiciadores de los conflictos al decirles a los estudiantes “tendremos clases, pero no se harán evaluaciones”. Cualquiera que haya pasado por la universidad aunque sea de visita, sabe que a dos semanas de los carnavales y en medio de intentos de revueltas, decir que habrá clases pero que no se harán evaluaciones sobre éstas, es enviar tácitamente a los muchachos para la calle…
Tal vez, sólo tal vez, si los estudiantes heridos o fallecidos hubieran estado en sus aulas de clase como lo exigía el cronograma académico, hoy estarían vivos y sanos. Llega la muerte en enfrentamientos estériles y nuevamente los convocantes de las marchas -a las que no asistieron- dicen con un escueto twiter que lamentan la muerte o las heridas graves de un estudiante que estaba en la calle, porque sus autoridades rectorales y algunos elementos profesorales, les flexibilizaron o suspendieron sus actividades académicas, los convocaron a la calle y luego los dejaron solos… como unos bolsas.
@marcosmelendezm
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