falta cultura del debate en el chavismo

El recordado Rigoberto Lanz, cuando se desató la discusión teórica en el MIR de mediados de los 70, publicó un conjunto de ensayos con títulos por este estilo: ¿qué se discute? ¿Cómo se discute? Da la impresión que al chavismo le hace falta algo de esa pedagogía del debate. La falta viene de hace tiempo, sólo que ahora adquiere nueva evidencia con el breve altercado entre el presidente Maduro y Toby Valderrama. Ya hubo una oportunidad en que el ahora presidente, entonces canciller, demostró un estilo muy viejo, inadecuado y conocido para resolver una discusión. ¿Se acuerdan? Ante una reunión de intelectuales partidarios del proceso, quienes hicieron un conjunto de valiosas reflexiones políticas, la reacción fue tacharlos a todos de “habladores de paja”. La descalificación, la burla y el menosprecio como recurso dialéctico. ¡Qué maravilloso maestro!

El presidente Chávez en aquella ocasión fue mucho más didáctico. Le cabía. Aunque se le notaba disgustado, el Comandante explicó que, no era que ejerciera un “hiperliderazgo” sino que él se guiaba por su teoría específica del liderazgo, según la cual a menor capacidad o compromiso del equipo, el líder debía asumir mayor presencia en la decisión y supervisión de las tareas. En otras palabras, su “hiperliderazgo” se debía a su propia desconfianza hacia la competencia o hacia el compromiso de sus ministros. Era una respuesta que se prestaba a múltiples interpretaciones; pero al menos intentó ser pedagógico, educar políticamente; dar razones en fin.

Ya en otros textos he expresado que no estoy de acuerdo en general con las posiciones de Toby Valderrama. Me parece que reproduce lo peor de la tradición de la izquierda del siglo XX: culto a la personalidad, rayana en el misticismo religioso; dogmatismo teórico, afirmaciones ligeras (la revolución es fácil; todos sabemos cómo hacer el socialismo: ¡por favor!), actitudes paranoicas, teorías conspirativas. Pero, bueno, qué se le va a hacer: hay que debatir. Hay que argumentar que toda la experiencia de más de dos siglos, desde antes de Marx hasta ahora, demuestra que no es nada fácil salir del capitalismo, que la teoría disponible (toda la tradición marxista) está muy golpeada a la luz de la experiencia histórica, que debe ser contrastada con los hechos y ser rediscutida; que Chavez era un ser humano, un extraordinario líder político, pero no un dios o un profeta inspirado por un mensaje de las alturas, ni mucho menos la reencarnación de un Bolívar quien, de paso, también fue un ser humano, un jefe político, que actuaba según las circunstancias suyas, que no son las nuestras.

Todo eso se ha discutido hasta la saciedad en los marcos de la izquierda. Pero de vez en cuando surgen de nuevo las mismas desviaciones: dogmatismo, empirismo, personalismo, sectarismo. Incluso cierto anti-intelectualismo que pretende ser la bandera de algunos que se niegan a leer libros y desconfían de los que lo hayan hecho, porque lucen “pequeño-burgueses”. Todo un elogio a la ignorancia, completamente reñida con el ejemplo de Chávez, quien siempre estaba recomendando un libro para leer, reflexionar, criticar y sistematizar. Valga decir que ese elogio a la ignorancia y a la brutalidad de los “échalebolas” es un obstáculo real para avanzar en este difícil proceso.

En resumen, que pelaron, tanto Valderrama como Maduro, con su estilo de debatir. Ni uno ni otro son traidores. Lo que son es torpes y brutales maestros. Todo esto debiera desembocar en una discusión más concienzuda del “Plan de la Patria”, documento que, dicho sea de paso, tenía incoherencias y fallas de estilo, que, a ratos, lo hacen impracticable. Documento que no es “sagrado”, no son los diez mandamientos bajados directamente de Dios-Chávez, sino un documento político que debe ser enriquecido por los aportes de las ciencias sociales, históricas y políticas.

Las supuestas “traiciones” denunciadas por Valderrama son ejemplo de esas incongruencias. ¿Cómo es posible que en un párrafo que se inicie diciendo “desarrollar un mecanismo de circulación de capital…” termine afirmando que eso va contra “la lógica del capital”? ¿Cómo estar en contra, como si de una herejía se tratara, de formar empresas mixtas, si hasta el mismo Chávez elogió y puso como máximo ejemplo el acuerdo con un empresario a quien le había expropiado unas tierras? ¿Cómo creer que toda palabra, toda frase, todo discurso de Chávez, es sagrado, válido en todo momento y lugar, sin tomar en cuenta el contexto concreto en que fueron dichas, si hubo un momento en que pidió perdón, con crucifijo en la mano y todo, a quienes conspiraron el golpe de abril?

Hace falta cultura de debate.



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Jesús Puerta


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