Roberto Hernández Montoya, Maduro, la Doma y Díaz Rangel

Este sábado tuve la feliz oportunidad de leer un excelente trabajo publicado por Roberto Hernández Montoya en Aporrea y en la edición de ese día en Últimas Noticias. Es de esos trabajos, que uno desea colocarle la firma para suscribirlo casi totalmente.

Este Domingo, disfrute otro extraordinario artículo de Díaz Rangel que califica de histórico el encuentro entre Maduro y Alcaldes de la oposición. Tengo mis dudas y deseo estar equivocado respecto a lo que he dicho.

Dos cuartos bates y ambos novios de la  madrina. Así que ese un tremendo riesgo meterse en los asuntos y temas que tratan estas dos figuras que son dos instituciones. Para huir adelanto, ofrezco disculpa por alguna ligereza mía.

Excelente el artículo de Díaz Rangel, pero   me llamó mucho la atención, que al ladito de ese tremendo artículo, apareció una pequeña nota en la cual, Díaz Rangel decía: Me entristeció ver cómo un grupo de alcaldes aplaudió las palabras contra la solidaridad de Venezuela con los países latinoamericano. Si fuera colombiano, me preguntaría: ¿Cómo así? Soy de la idea que un acontecimiento es histórico (entre otras cosas) por la envergadura de los participantes. Un político que se ría de ese esfuerzo de solidaridad y lo aplauda, es más o menos un choro de la política. Me disculpan.

Intento ahora meterme con Hernández Montoya y voy asustado.

No hay ninguna duda por lo menos para mí, que escribí un artículo casi con una visión o idea contrapuesta a la que desarrolló Roberto Hernández Montoya, que Maduro ha venido empinándose. Es un empinarse en los términos que lo sugirió Prieto Figueroa en una obra, que la juventud de mi época leímos y encontramos en ella razones para motivarnos y luchar con principios.

No hay duda entonces, sobre el temple de Maduro y la Fortaleza espiritual, física e intelectual que tiene para domar al animal (caballo). Maduro se encaramó sobre el mostrenco y el que (digámoslo así), era presidente de una ONG (Paiba) que recibía financiamiento de Doña Bárbara (símbolo de la barbarie) se queda (o quedó) con los crespos hechos. Roberto Montoya, que es un conocedor a fondo de la obra de Gallegos, ve este pasaje a su manera y yo trato de verlo a la mía y esto no contradice, lo dicho: Interesante y excelente trabajo.

Hernández Montoya coloca el acento en la capacidad de Luzardo para domar al mostrenco, pero resulta que en esa historia y otra también; la doma no implica nada más encaramarse sobre el caballo. Es un oficio que exige de otras fuerzas y habilidades.  

Hay situaciones mucho más profunda (desde mi punto de vista) que nos comunica de la fortaleza de Luzardo. Como se sabe, Balbino Paiba es el mayordomo de la hacienda Altamira. Se presenta tarde para atender sus responsabilidades y Luzardo le reclama esa tardanza. En otras palabras; Luzardo le forma su peo, muy enérgicamente. Balbino Paiba se excusa e inmediatamente le pide a Luzardo que haga lo mismo y Luzardo ante esa situación, le dice: no es usted muy exigente. Más que la doma del mostrenco, este impase, es un asunto simbólicamente clave de este capítulo a mi entender.

Hay sin embargo más elementos en ese capítulo que veo más interesante y profundo que el hecho de la doma[i] o el encaramarse sobre el mostrenco. Se lee ahí, un poco más abajo del asunto de la doma, que Pajarote dice: tenemos  jefes. Desde hace mucho tiempo e incluyendo el período de Chávez que los pajarotes de la MUD no han querido reconocer que hubo con Chávez un nuevo jefe y ahora con Maduro hay otro nuevo jefe. ¿Se lo hemos oído? ¿El Chávez vete ya y el plebiscito qué eran?

Balbino Paiba se siente despedido y así se lo comunica a Luzardo y éste le responde, que todavía no es tiempo.  Falta la rendición de cuentas y dice Gallegos, que a regañadientes; Balbino expreso: cuando usted lo disponga. Hubo ahí un pleno y claro reconocimiento de una jefatura y de una fuerza.

Además, los peones que se encontraban en el momento de la doma y se incluye ahí a Pajarote, poco tienen que ver con la malicia, la mala fe y el desprecio que tienen por Venezuela parte de los que estuvieron en Miraflores. Mi disculpa si exagero, pero un Cocchiola y un Ledezma en la Comisión de enlace no me inspira ninguna confianza. Yo oí al Camarada Maduro referirse a este Cocchiola y sobre el vampiro.  Los que estaban en la faena de la doma eran peones de una hacienda en el llano. María Nieves y Venancio no tienen absolutamente ningún parecido con algunos de los alcaldes que han estado asistiendo a la doma. ¿Hemos tenido una doma realmente?

Otro detalle, que lo pienso mucho al colocarle en esta nota, se refiere al aspecto más simbólico en Doña Bárbara. La Doña es la barbarie y  Luzardo la civilización. Pienso que no es todo el asunto de este momento. El dilema hoy es barbarie-civilización y revolución. Tal vez, barbarie y civilización era el dilema cuando Rómulo Gallegos escribió Doña Bárbara. Hoy Civilización y barbarie se fusionaron como conceptos. El dilema hoy en Venezuela y el mundo es barbarie/civilización y revolución.

 Si vemos más abajo en el capítulo; la doma no culmina una vez que Luzardo montó al mostrenco. La doma culmina efectiva y realmente, cuando María Nieves y Venancio se precipitaron a echarle las marotas y con esto y la asfixia del lazo, el mostrenco se planeó contra la tierra y se quedó dominado y jadeante () El mostrenco se debatía encabritándose y cuando comprendió que inútil defenderse se quedo quieto (..) Todo esto lo había presenciado Luzardo junto al tranquero (el subrayado es mío)

La doma no se limitó simplemente a encaramarse sobre el mostrenco. Exigió luego que Venancio realizara toda esa operación que comenzó colocándole el bozal y el tapaojos. En ese grupo que ha estado asistiendo a la doma por parte de Maduro, ninguno de la oposición lo observo como dispuesto a representar a Venancio. Puedo asumir que Venancio puede ser mejor representado por el poder Popular que no aparece en la comisión de enlace  y sin ese elemento; la doma no queda realizada totalmente, porque al mostrenco hay que dominarlo o el peor de los casos, dejarse sentir como Balbino Paiba.

Marcano.evaristo@gmail.com


[i] Entiendo, que si Rómulo Gallego colocó a esa capítulo el título de la doma, le dio un su sentido, pero el desarrollo de ese hecho, también tiene su importancia simbólica



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Evaristo Marcano Marín


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