Democracia capitalista o socialista


Héctor Navarro, uno de los voceros teóricos más calificados del chavismo quien tiene mucha responsabilidad en la formación ideológica de la tolda roja expresó, en su más reciente entrevista por TV : “sin socialismo no hay democracia y sin democracia no hay socialismo” A propósito en uno de sus últimos artículos Eleazar Díaz Rangel expresaba su preocupación por buscar una explicación a la alta votación antichavista de los pobres en todas las elecciones venezolanas. Por cierto ésta era más o menos la misma interrogante de Fidel pronunciada hace bastante tiempo. Refiriéndose al 4 de febrero de 1992 Rafael Caldera en su discurso ante el Congreso Nacional dijo, en cierta forma justificando la rebelión militar encabezada por Chávez, que la democracia debía tener en esencia carácter social y no olvidarse de los pobres. Históricamente estas fueron originalmente las mismas banderas de la socialdemocracia cuando Juan Bimba era el símbolo del adeco y AD “el partido del pueblo.”

Alrededor del tema de la democracia capitalista o socialista hay una gran confusión por la falta de definición ideológica. Sinceramente no creo que el PSUV pueda ni quiera profundizar en este particular, desde un punto de vista clasista, por las mismas razones que tuvo Chávez para no hacerlo. El término democracia es un comodín usado a discreción por macabeos y no macabeos que no define absolutamente nada pues para unos es la libertad del capital y para otros del ser humano. Las adjetivaciones de participativa y protagónica mejoran la anacrónica de representativa pero sólo perfeccionan la trampa de la democracia burguesa.

Lo cierto es que en las elecciones venezolanas es una constante la alta votación de los pobres contra el socialismo. Han pasado 15 años dentro de la Quinta República con todos los beneficios sociales que antes eran impensables para los pobres y pese a eso la votación de una cifra significativa de éstos continúa dándole fuerza a la oposición en los comicios electorales pues todos sabemos que si la derecha contara sólo con los votos de las clases altas no pasaría de ser una alternativa muy poco factible o sin opción de triunfo.

Lo inequívoco del método de análisis marxista es que no deja lugar a dudas cuando se trata de identificar la prospectiva del capitalismo por más que pretenda esconderse en las ágiles manos de un prestidigitador o en la audacia de un transformista. Sólo un análisis marxista puede descubrir cualquier manifestación oculta del capitalismo en la idea de una democracia burguesa mejorada o perfeccionada hasta la apoteosis de poseer el mejor sistema electoral del mundo capitalista.

A mi juicio aquí radica el centro del problema pues la repetición permanente de alta votación por una parte importante de los pobres a favor de una opción factible de la derecha es el músculo que mueve a la democracia burguesa y legitima al sistema capitalista. En la democracia burguesa el triunfo de la derecha siempre es factible. Si vivimos dentro del capitalismo y la democracia burguesa no podemos esperar otra cosa que el riesgo constante de la reconquista pacífica del poder político por las clases dominantes con las consecuencias obvias. Por lo tanto hablar de irreversibilidad de la revolución o de “no volverán” para referirse a los partidos de la derecha, en plena vigencia de la democracia burguesa, son sólo espejismos de la izquierda institucional.

El asunto de la votación derechista de los pobres es un problema ideológico pero también político, cultural e institucional. La burguesía y la pequeña burguesía les llenan la cabeza de patrañas a los pobres y éstos les rinden pleitesía como los fieles a sus amos en un ambiente de liberalismo burgués y de fanatismo religioso. La mayoría de los pobres votaron durante 40 años por la socialdemocracia y el socialcristianismo igual que lo hacen hoy por el chavismo y mañana por quien les despierte más sus ilusiones. Así son nuestras elecciones burguesas que siempre terminan en el pragmatismo de los aparatos, sin duda, los verdaderos ganadores en las elecciones municipales del 8D.

*Profesor de filosofía jubilado de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador.


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Sergio Briceño García

Profesor Universitario de Filosofía de la Educación Jubilado de la UPEL. Autor del Poemario "Porque me da la gana" y de la obra educativa "Utopía Pedagógica del Tercer Milenio". Ex Director Ejecutivo de la Casa de Nuestra América José Martí.

 sergiobricenog@yahoo.com

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