El cambalache como método democrático

Cuando uno creyó que el dedo agonizaba

Uno ha soñado mucho y más todavía, ha vivido de utopías. Así como alguien cuenta el dinero efectivo que posee, el representado en sus bienes y acciones, piensa en sus hijos viviendo de manera feliz de aquella acumulación y sonríe; uno siente lo mismo contando como quien deja correr las cuentas del rosario entre las manos, las tantas utopías que nos han alegrado la vida. Y ese hermoso sentimiento aumenta cuando los hijos, reunidos alrededor de uno, hacen las mismas críticas nuestras de antaño y hablan de luchar por aquellas cosas nobles. Es entonces cuando uno, sonriendo se dice para sus adentros, “no hemos arado en el mar”.

Cuando Chávez llegó al poder, hizo lo que aquí en parte se relata, uno felizmente creyó que el dedo agonizaba. Hasta que se acabarían las camarillas y las insanas prácticas de poner en cada sitio a la conveniencia del grupo mayoritario, más influyente, sin importar los valores y aportes de cada quién. Pero no, de lado y lado, no se hizo nada en favor de aquella sana intención. ¡Qué tire la primera piedra, el grupo, fracción, partido, tendencia que se sienta a salvo o al margen de aquella vieja práctica! Lo que es lo mismo, no se puede establecer diferencias entre izquierda y derecha a partir de la práctica para escoger candidatos.

Si no exagero o mis percepciones me juegan una mala pasada, ahora como si la cosa es más ortodoxa. Preguntémosle al CNE, que es un organismo respetable, ¿cuántos candidatos y quiénes fueron electos, según el artículo 67 de la Constitución, para ser postulados como alcaldes y concejales?

Ese sueño no ha sido cumplido; más parece una hermosa utopía. Y es como sueño y utopía, de las más alcanzables; tan cerca que no es necesario estirar mucho la mano y deseado de un lado y otro; por todos, casi todos, menos por quienes quizás, más perspicaces que uno, encuentran que para ello hay demasiado riesgos y dificultades. Como son más visionarios que uno, terminan alcanzando sus deseos. Lo que sigue, lo advierto, para evitar malos entendidos lo escribí en el año 2000.

"En este paìs acabaremos con la metodología del dedo y las decisiones en capilla". Eso dijo el Comandante y, la mayoría determinante de los venezolanos, no sòlo le aplaudimos sino que en gran medida, por eso le hicimos presidente. Y en la Constituciòn vigente está una buena cantidad de principios que deben hacer màs democrática la sociedad nuestra. Está aquel que obliga a los partidos a escoger sus "candidatos a los cargos de elección popular" mediante "elecciones internas con la participación de sus integrantes". De esa manera, sin duda alguna, lo sanciona el artículo 67 de la bolivariana.

Pero el muerto tiene sus dolientes. Por eso, uno se niega a creer que es bueno enterrar el hacha, aunque digan que los muertos, muertos están. Porque los tipos dejaron sus raíces.

La escogencia a dedos, que en gran medida es culpable de los grandes males que acogotan al paìs, envilece el proceso democrático. Y no sòlo porque enajena el derecho de la gente a escoger libremente a sus dirigentes, sino que entorpece la tendencia a profundizar la democracia en el paìs y favorece que, en cada uno de nosotros, se oxigenen las ideas y conductas del pasado. Esas mismas que hemos querido enterrar.

Una de las consignas màs hermosas que ha agitado el Comandante Chàvez es la que gente debe participar activamente en el proceso. "Que hasta las piedras hablen", dijo en tono convencido y convincente en una oportunidad. Ha sido el líder del cambio y muchas de las ideas democratizadoras de la sociedad venezolana han prevalecido por su esfuerzo, lucha incansable y prédica constante.

Se trata que cada quien se gane el derecho democrático de representar a las comunidades. Este esfuerzo democratizador que se ha plasmado en la vigente Constituciòn Bolivariana, debe acabar con aquellas odiosas figuras mal llamadas "paracaidistas" y los políticos que los fines de semana, por estos lares provincianos se daban una vuelta como a "cuidar el ganado". Y así, uno veía con sorpresa, que en las listas de diputados, senadores y hasta concejales electos, aparecían individuos que en la zona no vivían; eso sí, tenían certificados o documentos que decían lo contrario. Y por supuesto, una vez electos uno no volvía a saber de ellos hasta los próximos resultados electorales, porque ni campaña hacían. Pero tampoco de nada sirve que aquí viva, si no se siente representante de nadie ni de nada. Menos cuando no tiene idea alguna de lo que en esa representación debe hacer.

Por estas cosas hay que rematar a ese dedo elector que hoy agoniza y algunos cuidan con esmero. Pues si se vigoriza, no es que vamos a ver en lo

inmediato, en los puestos de mando, a conocidas figuras de AD y COPEI, pero

sí al mismo cachimbo, sòlo que en boca de diferentes personajes.


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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