Chávez y el Destino

Recordábame mentalmente, los inmensos espacios de la llanura, volviendo mis ojos humedecidos por las lágrimas, a los horizontes de Barinas, donde las aguas y los cielos se confunden amorosos en una fiesta de colores, iluminados por el sol deslumbrante que se duplica en las aguas de los ríos, donde las palmas, agitadas por el viento, componen melancólica melodía. Cuan diversos estos paisajes tantas veces descritos por los poetas y nuestros cantores, y nunca comprendido sino por la experiencia de nuestra propia vista. A nuestra luz, una línea se inflama y parece un cuadro; a esta luz, un caserío se desvanece y parece una sombra; son estampas trazadas por algún genio en el aire. Estos son los paisajes en que el cuerpo se pierde como un ángel en cielos infinitos e ideales. Esta es la llanura tan amada por el Comandante Chávez.

¿Por qué no pensar en él, cuando acabamos de recordar su hogar? ¿Por qué no recordar su vida, cuando volvemos de visitarlo en el Cuartel de la Montaña, o 4F? ¡Debemos todos los hijos de este mundo incierto y enfermo tantas emociones al Comandante Chávez! Ya una súbita revelación de nuestras dudas, ya un quejido desgarrador para expresar nuestros dolores; como si fuera su boca una fuente por donde fluyen los caudales de nuestras ideas, las corrientes de nuestra vida. El genio de Chávez que se nos aparece aquel 4 de febrero de 1992, con su: ¡Por Ahora! Es como un genio, pero esculpido sobre nuestra conciencia. Consideremos su interesante vida, y luego examinamos su Legado y apreciaremos su genio; sublime conjunción de las formas escultóricas antiguas, con la idealidad Bolivariana encarnada en el socialismo. Sobre ese aporte genotípico centrado por una afectividad tumultuosa y vital, donde las pasiones más opuestas estallan rutilantes contra una voluntad, una inteligencia y un poder creador excepcional, actuó el Destino.

Hay un ser que dulcificó todos estos dolores, que destruyó todas esas tristes asperezas, (como él mismo nos explicaba) la Mama Rosa. Cristo se la ha dado para poner una gota de miel con sus puros besos en el acíbar de la vida. Cristo la ha enviado junto a la cuna, para que al abrir los ojos, oculten las alas de su amor toda la oscuridad del horizonte en que va a batallar para conquistar la libertad y la igualdad para los venezolanos. Cristo ha querido que sus manos plieguen sus manos, para las primeras oraciones, y que su sonrisa sea la aurora de lo infinito para la esperanza. Ella es la virtud, la caridad, la parte tierna del corazón, la nota melancólica del alma, el fondo inmortal de inocencia, que siempre queda hasta bajo los pliegues y repliegues del más cruel oposicionista. Cuando sintáis un buen impulso en el corazón, el deseo de enjugar una lágrima, de socorrer una desgracia, de partir vuestro pan con el hambriento, de lanzaros a la muerte por salvar la vida de un camarada, volveos, y encontraréis a vuestro lado, como el ángel de la guardia que os inspira el pensamiento del bien, la figura querida del Comandante Chávez. La razón, los libros, las escuelas, el padre, nos dan las ideas: los sentimientos siempre los dan los buenos ejemplos; el carácter, siempre las ideas lo forman.

Pocos hombres han poseído en tanto grado estas facultades eminentes como nuestro Comandante Eterno. Él se eleva de un vuelo a las regiones más sublimes del espíritu, donde todas las ideas se le aparecen revestidas en sus formas. El desciende con una observación prolija a contar las menores minuciosidades. La combinación de cualidades diversas explica en Chávez los bruscos cambios de su estilo, y las formidables antítesis de su pensamiento. Pero al mismo tiempo explican su culminante facultad, la más alta y la más imperiosa: la Sensibilidad. Las tinieblas de las noches eternas de tal manera caen sobre su alma, que a veces todo lo ve malo, todo lo cree perdido, y lo que más malo ve, lo que imagina más perdido, es su propio ser.

“Todo gran creador es una unidad que guarda en su propio seno, en medidas que le son propias, sus fronteras y sus quilates. Hay un peso específico de cada obra, que no puede ponderarse en la balanza absoluta de la justicia. Una voluntad de Coloso como ésta, que así sabía infundir a sus sueños, a su pueblo, sangre y vida, que los exaltaba hasta que sus emociones tocasen por lo intensas a los fenómenos de la realidad; una voluntad de fuerza evocadora tan inaudita, era natural que creyese cifrado en su propia magia el secreto de la vida y se erigiese a sí misma en ley universal”.

¡Gringos Go Home! ¡Libertad para los cuatro antiterroristas cubanos héroes de la Humanidad!

¡Juntos para Siempre—con—Chávez!
¡Independencia y Patria Socialista!
¡Viviremos y Venceremos!


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Manuel Taibo


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