Chávez manda y lo demás es cuento

Si algo sabe hacer bien Chávez es mandar. Eso es esencial en la carrera militar, igual que formar en la profesión docente, curar en la médica, evangelizar en la religiosa o hacer puentes y caminos en ingeniería. Pero esa no es la única cualidad de Chávez, sólo que en el caso concreto de designar el candidato a gobernador por Carabobo, Chávez  ejerció  apabullantemente  su autoridad de jefe del PSUV y de líder de la revolución bolivariana tal cual lo ha hecho en otras oportunidades con o sin acierto.

 El arte de mandar está asociado a la autoridad. Autoridad o democracia, autoridad democrática o democracia autoritaria. Vaya usted a saber cuál es el caso. Si uno se remonta al padre de las normas de organización revolucionarias, Lenin, hay que recordar el llamado Centralismo Democrático de los partidos comunistas que siempre fue más centralista que democrático tanto en condiciones de clandestinidad como de legalidad. En el caso de los partidos de la derecha hay la llamada democracia burguesa en la cual no creen ni ellos mismos.

 En nuestra  historia,  Simón Bolívar siempre  se desempeñó exitosamente en el arte de mandar, pero cuando democráticamente fue tolerante con sus enemigos, después de la Independencia, terminó acorralado por algunos traidores excompañeros de armas,  y al intentar  recomponer la patria, volviendo de nuevo a la guerra, ya era muy tarde para su vida.

 El que no manda lo mandan y una revolución de cualquier signo conocida requiere, necesita y depende de una dirección, de un comando  y de un jefe supremo que ejecute la táctica y estrategia del cambio histórico. Chávez es el líder, sin discusión, del proceso revolucionario venezolano. Nada de extraño tiene entonces que proceda como lo hizo en Carabobo.

 Hay formas de organización superiores de las masas para ejercer el poder pero las mismas pertenecen al campo de la investigación teórica, de la utopía posible o de coyunturas revolucionarias particulares que no existen en Venezuela. Aquí lo que hay es Chávez para rato y el chavismo comprende, acata y sigue sin complicaciones el mandato revolucionario, político militar  de Chávez.

 No es el momento de filosofar sino de obedecer porque la burguesía acecha, sin embargo nunca está demás reflexionar  como suelen hacer  los librepensadores y nada mejor que traer a colación el sentimiento de un genio: “el recelo a cualquier tipo de autoridad” que tenía  Albert Einstein y al cual hizo referencia en sus notas autobiográficas cuando cuestionaba, en otro contexto,  las imposiciones religiosas del Estado.

El autor es: Profesor universitario

sergiobricenog@yahoo.com


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Sergio Briceño García

Profesor Universitario de Filosofía de la Educación Jubilado de la UPEL. Autor del Poemario "Porque me da la gana" y de la obra educativa "Utopía Pedagógica del Tercer Milenio". Ex Director Ejecutivo de la Casa de Nuestra América José Martí.

 sergiobricenog@yahoo.com

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