No es un azar, ni una simple ocurrencia que Chávez llame Batalla de Carabobo al 07 de octubre, como tampoco lo fue cuando llamó Batalla de Santa Inés a otro pasado reto. Carabobo viene a ser una inspiración para la dureza de la campaña y también un esfuerzo didáctico para que entendamos la presencia nuevamente de una coyuntura histórica que nos coloca en el dilema nación – imperio.
En Carabobo, el ejército del general Miguel De La Torre estaba posicionado como una verdadera fortaleza. Adelante colocó la artillería y sus dos batallones de élite: Valencey y Barbastro, mas atrás, en la reserva, al batallón Hostalrich. De ser atacado frontalmente era segura la destrucción del ejército patriota, sobretodo porque la realista era una fuerza profesional, con todas las ventajas de una máquina de guerra que sabia batirse en forma sincronizada. Dicen los historiadores militares que los batallones de La Torre estaban tan bien dispuestos que se encontraban a distancia de apoyarse uno a otro. Para asegurar su posición, el inteligentísimo general fijó en la retaguardia al Batallón Lanceros del Rey, hombres del llano, provenientes de las antiguas hordas de Boves, y al Batallón Húsares de Fernando VII, veteranos de la Guerra Napoleónica, de modo que si Bolívar se atrevía a rodear la montaña para caer por detrás del Ejército Realista, allí también estaría lo mejor de lo mejor para recibirlo y destruirlo. La misma ubicación del estado mayor de La Torre nos revela que en efecto él esperaba que los patriotas intentarían rodear la montaña del lado derecho y atacar por la retaguardia.
De La Torre consideró la montaña, es decir el lado norte, la parte derecha, un obstáculo tan grande para los patriotas que reforzó el sur, es decir el camino del Pao, con los batallones Príncipe e Infante, dejando en el norte, muy cerca de su estado mayor, solo al Batallón Burgos.
Así plantadas las tropas realistas en la Sabana de Carabobo, el tiempo actuaba a su favor, si Bolívar atacaba lo destruirían, si se quedaba donde estaba se desgastaría, debilitándose por la inseguridad de los hombres, la falta de insumos y en fin, todo el costo de una logística de guerra. Y si Bolívar retrocedía, todo lo que este había logrado hasta el momento se perdería porque significaba ceder terreno y aceptar la derrota.
En ese instante histórico, el 23 de junio de 1821, un día antes de la batalla, Bolívar estaba claro en que debería jugar de acuerdo con las reglas del enemigo, que si él había sido brillante en llevar a los contrarios para que lucharan donde él quería, esta vez le tocaba enfrentarlos conforme al esquema que ellos le planteaban, pero no podía pasar por donde lo esperaban.
Esa situación histórica tiene su símil hoy con lo que el Presidente ha llamado “organización de la batalla”, de aquí al 14 de abril. Nos ha tocado ver ante nosotros toda la fuerza de la oposición, compuesta por adecos, copeyanos y “socialistas” de la cuarta, con la misión de recuperar el poder en lo que es Venezuela para la oligarquía imperial: la reserva de petróleo más grande del mundo. Hoy como ayer nos están esperando por el frente con toda su artillería y lo mejor de su armamento mediático. Si les venimos con un propagandismo del tipo que ellos saben hacer, nos haremos parte de su carnaval, soltaran toda su maquinaria de mensajes para hablar de ineficiencia gubernamental, crear una ola de rumores, enardecer al público escuálido y atraer al los “ni – ni” aplicando el consejo que el bien caro asesor norteamericano Dick Morris les dio: usar la pirueta política de imitar a Chávez, al lenguaje chavista y a los mismos chavistas. Desde ya podemos ver motorizados de Capriles vestidos de rojo, al candidato opositor disfrazado con la bandera de ocho estrellas, al antiguo neonazi ofreciendo el discurso de que “yo soy bolivariano” y “Primero Justicia es socialista”, ahí esta solo parte de lo que pueden hacer.
Pero si atacamos por la retaguardia, en las palabras de ellos, “dándole una patada a la lámpara” y rompiendo el “juego democrático”, también nos están esperando con una de sus mejores cartas: la intervención de los aliados gringos y el tema que internacionalmente están trabajando: el supuesto antisemitismo contra Capriles por su procedencia judía, lo cual abriría el camino a misteriosos y peligrosísimos actores internacionales. Por lo tanto, deberíamos concluir, que ayer como hoy estamos ante un juego trancado cuya resolución demanda una genialidad construida desde la preparación.
Volvamos a Carabobo. Bolívar organiza la batalla, cuenta con tres divisiones, decide que la Primera División compuesta por los llaneros de Páez y el Batallón Británico, avanzará por la derecha del enemigo, a través de la montaña. Curioso, Los Bravos de Apure eran gente “malandra”, valiente, alborotada y aguerrida, pero no tenían la sincronía de un ejército profesional europeo, cosa que sí poseía, por supuesto, el Batallón Británico, y eso fue decisivo. En la organización de la batalla se comprueba que El Libertador, en esa combinación, encubría una genialidad, los realistas pensarían que iban hacia su retaguardia y ahí entraría el factor sorpresa: un baquiano de Tinaquillo le había revelado a Bolívar la existencia de un paso estrecho en medio de la montaña, la cual llamaban “La Pica de La Mona”, tan angosta que solo podía pasarse en ciertos puntos con un hombre en fondo, allí la Primera División debía dirigirse hacia la derecha del enemigo y sorprenderlo, ya que estaría atacando por el lado menos esperado, ni por el frente reforzado, ni por la retaguardia como creerían al principio de las acciones, ni por el sur. Aquel sendero caía a un riachuelo desde el cual, para llegar a la sabana se escalaba una elevación. Bolívar pensó que solo unos tipos como los llaneros podían hacer una cosa así, pero los mandó seguidos del riguroso Batallón Británico ¿complemento?, ¿balance? La Segunda División de Manuel Cedeño seguiría a la Primera División, y la Tercera División, al mando del Coronel Plaza, esperaría frente al ejército enemigo.
Como entonces, la organización de la batalla exigió una estrategia y simular todo lo que podría ocurrir. El énfasis que pone Chávez en las tres fases de esta nueva Batalla de Carabobo no debe ser tomada a la ligera ni como una metáfora. Es la expresión de que antes del 15 de abril de 2012 tenemos que organizarnos, estudiar como actuaremos, saber que estamos en el juego electoral que ellos saben manipular y con el que mantuvieron el poder 40 años.
No podemos ir por donde nos están esperando, esta será una situación cerrada donde debemos acudir con entusiasmo pero también con preparación y el oportuno uso de la genialidad.
Luego dice el Presidente que vendrá una segunda fase, del 15 de abril al 01 de julio, que ha llamado “Avance Hacia la Batalla”, ello significa que debemos dar el debate en lo ideológico, lo ético y lo político, tal como lo afirmó en el Teresa Carreño. Posición palmariamente opuesta a la estrategia del opositor quien afirma abiertamente “no perderé energía en debates ideológicos”. La despolitización es el terreno al que nos quieren atraer, el campo minado de la discusión pragmática y la gerencia en lugar del liderazgo, por eso se impone la necesidad de ir de abajo hacia arriba politizando los espacios y conformando los Comandos Carabobo, para que posteriormente, a partir del 01 de julio hasta el 07 de octubre venga la tercera fase: “La Ofensiva Final”.
Volvamos a la batalla. Miguel de La Torre ve a la Primera División tomar el camino de la montaña, a su derecha. Ordena disparar los cañones, observa que a los Bravos de Apure le sigue la Segunda División de Cedeño y que la Tercera División queda sola frente a su ejército. Dice dentro de sí, “esta gente viene por la retaguardia”. Sin embargo, pasado un breve lapso observa con el monóculo que en un punto del camino la división llanera, en lugar de seguir hacia la retaguardia realista, gira hacia el flanco derecho del ejército por un camino desconocido. Sorprendido, pero con la mente fría del estratega, llama a los ayudantes de campo y ordena que el Batallón Burgos se apodere de la colina que domina la pica por donde viene Páez. El batallón Burgos toma la elevación y disciplinadamente abre fuego graneado sobre los llaneros. Por dos veces se repliega el Batallón Bravos de Apure, hay casi doscientos muertos, La Torre tiene ganada la batalla, la Tercera División patriota esta detenida frente al ejercito realista, la Segunda División está bloqueada por La Primera y ésta ultima se encuentra siendo masacrada en el sendero de La Mona. Entonces aparece el Batallón Británico, se enfrenta al Burgos con su mismo sistema de guerra europea, lo hace retroceder y abre una brecha, entonces De La Torre ordena a los batallones ligeros Infante y Hostalrich que apoyen al Burgos, así rodean a Los Británicos, quienes, según los historiadores, “pierden 17 oficiales y 119 soldados en 15 minutos”. Pero en el momento Los Bravos de Apure se recuperan, y junto con el Batallón Tiradores, de la Segunda División, lanzan una feroz carga de bayoneta que rompe el cerco y permite a la caballería de Páez entrar al campo. Ante este peligroso repliegue de sus tropas, De la Torre manda contra los llaneros a los batallones Príncipe y Barbastro que no logran sostener la línea dado el ímpetu de los hombres de Páez. Para los patriotas la desventaja se convierte en ventaja, ya en la sabana abierta lanzas y machetes valen más que formaciones. Finalmente el mariscal ordena a los Húsares de Fernando VII y a los Lanceros del Rey que ataquen la caballería del centauro, pero los Húsares solo disparan sus carabinas y huyen del campo, los Lanceros hacen lo mismo. El Batallón Valencey emprende la retirada con el Barbastro, avanza el coronel Plaza y toma la artillería realista, Páez esta en medio de los escuadrones realistas destrozándolo todo, De la Torre se refugia en el Valencey que se va de la sabana rápida y ordenadamente, el batallón Infante huye hacia la montaña, en el suelo hay tres mil muertos, la victoria es total.
Ph.D en Economía y Gerencia
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