Sindéresis

El contendor de Chávez

El muchachón ya entra en los cuarenta años. Proviene de una rica familia adinerada y ligada al sector empresarial más conservador, que en los confines caraqueños se haya asentado jamás. Si pudo militar en algún partido de la cuarta república, debió haber sido en copei dada la concepción ideológica que pudieron haber mantenido los sectores más obcecadamente conservadores del tinglado verde y donde perfectamente encuadraría el susodicho.

La frenética burguesía criolla residente en el sureste de Caracas encontró en Capriles, el muchacho que les haría el mandado para al menos deslastrarse del olor a pueblo irradiado por los líderes metropolitanos de la revolución. Y el Municipio Baruta seria el enclave perfecto para disponer una artillería que al menos neutralizara los odiosos efectos de la revolución y sus propósitos de redención popular.

Una descomunal actividad financiero empresarial, concretó la posibilidad de llevar al acomodado mozuelo, a los predios gubernamentales del exquisito municipio citadino. Por fin los ricachones asentados en las colinas mas verdes de Caracas tendrían un alcalde a su medida, solían decir en sus fulgurantes festines, cartas y bacará. El único motivo que podía entonces, interrumpir el delicado empuje de la bola en los campos de golf, era precisamente la afanada inquietud de llevar al mozalbete a las altas esferas del poder.

Para ello, no habría escatimo alguno y mucho menos déficit por altos que sean, en los presupuestos de la atrevida acción. Le vieron empuje, duplicaron el gasto y lo llevaron a la gobernación de Los Teques.

Ahora viene el arponazo final, gritarían al unísono, los financistas de un proyecto que ellos mismos empiezan a desmoronar. La coartada empieza entonces a develarse. Una inconmensurable contradicción se acelera sin parar, en el enjuto proyecto repleto de dinero y deficiente de ideas. Porque cuando la idea no esta clara o se pretende suministrar con engaños, no hay posibilidad ninguna de que cuaje en cerebro humano alguno. Y esa es la empresa que la oligarquía muy pronto, cobrará en frustración.

Por eso, el jefe de campaña de Capriles, en un intento arrebatado de decir alguna vez la verdad, declaró en Colombia que adoptaría las medidas que el FMI recomendare. No se sabe cuantas llamadas en sonoros regaños recibiría este señor durante los treinta minutos siguientes a su declaración. Esa verdad no gusta a la opulenta oligarquía caraqueña. Están apostando a la mentira de corto alcance. No llega a octubre ese embeleco.

El muchacho irá cantando su mentira por todas partes y por todas partes de esta país, un rosario de conciencia revolucionaria irá también desmoronando con la verdad, el proyecto mas falaz que ideología política alguna se haya propuesto.

n_lacruz@yahoo.com


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Neri La Cruz


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