La provincia de Nueva Andalucía

La provincia de la Nueva Andalucía fue, sin duda alguna, la gobernación más importante en el oriente del país. En torno a ella giraron las demás gobernaciones, en una u otra forma: Guayana, Trinidad, Margarita. Puede afirmarse que la gobernación neoandaluza comprendió los territorios actuales de los estados Anzoátegui, Monagas y Sucre. Guayana y Trinidad fueron provincias de la gobernación en diversas ocasiones, pero históricamente conservan una individualidad que les da fisonomía especial, lo que no podrá ocurrir con Barcelona, actual capital del estado Anzoátegui, y en cuyo territorio se forjó una provincia efímera en un momento dado.

Desde las expediciones de los conquistadores se dieron varios nombres a diversas tierras orientales, con denominaciones que habrán de incluirse en la gobernación de Nueva Andalucía. Además de Trinidad, de Guayana y de Paria, que son las más perdurables, aparece Maracapana, una provincia que abarca toda la costa de los cumanagotos y Píritu. Cumaná será, no obstante, la palabra clave, porque se da a la costa donde desemboca el río, al río mismo y, al correr del tiempo, a todas las provincias que formarán la gobernación.

La designación de Nueva Andalucía queda clara a partir de la capitulación firmada con Diego Fernández de Serpa: trescientas leguas de costa entre el Orinoco y el Amazonas, (el Marañón o Amazonas) fue la línea divisoria entre Venezuela y Brasil, (esta provincia fue toda la inmensa región comprendida entre el Orinoco y el Amazonas, puesta la vista en la línea de Tordesillas, que da a Portugal sólo la panza de Brasil, al este de aquel meridiano. Sobre la fijación del Amazonas como límite de esa provincia, no hay dudas en el ánimo real. Cada nombramiento alude a ello). Este territorio fue cedido a Brasil por el conuquero Santos Michelena, (según él, teníamos demasiada tierra) más el “girón de tierra” que va del Orinoco hasta el Morro de Unare. En la práctica, ese girón de tierra será la gobernación, con centro en la ciudad de Cumaná, es decir, que el límite Sur estará formado por el Orinoco, y su continuidad por el Caño Mánamo, el desaguadero mayor en el norte deltaico. Guayana dará muchos dolores de cabeza y permanecerá impenetrable durante largos años. El oriente es Cumaná fundamentalmente.

El nombre de Nueva Andalucía comienza a tomar fuerza con las capitulaciones de Juan de Espés, firmada en Madrid el 11 de marzo de 1536; pero sólo a partir de Fernández de Serpa —1568— adquiere una clara dimensión y una aplicación práctica, aunque a veces la primera documentación incluya también a Guayana, como, en efecto, estaba incluida. Sólo que Guayana se convertirá en una gobernación particular, con su fisonomía propia, a partir de las expediciones de Berrío a fines del siglo XVI.

El nombre de Nueva Andalucía, como muchos otros nombres que recordaban la patria antigua, rejuvenecida en el cariño de los conquistadores y pobladores, se usó en diversas oportunidades y variados sitios. En 1510 se llamó así a la gobernación cedida a Ojeda, una franja situada entre el cabo de la Vela (península de la Goajira) y el golfo de Urabá, (tierra que en 1941 un presidente apátrida le entregó a Colombia); luego, en 1536, la gobernación de Espés “doscientas leguas de costa en la tierra firme, que comience desde el río que llaman Salado, que está cerca del golfo de Paria…”; después, la gobernación entregada a Francisco de Orellana, capitulación firmada en Madrid el 13 de febrero de 1544, sobre territorio al sur del Amazonas; y, finalmente, la gobernación de Fernández de Serpa, en 1568, que adquiere una dimensión histórica, a tal punto, que en 1779 se publicará la Historia corográfica, natural y evangélica de la Nueva Andalucía, escrita por fray Antonio Caulín, uno de los más hermosos libros de la literatura venezolana provincial.

Antes de noviembre de 1514, ya se encontraban en las costas de Cumaná los misioneros franciscanos y dominicos, quienes laboran mancomunadamente para evangelizar a los indígenas de la zona. Los franciscanos establecieron sus casas en las cercanías de lo que es hoy Cumaná, y los dominicos, diez leguas al Oeste, en Chichiriviche. Los dos ensayos evangelizadores terminan —en 1520 el de los dominicos, y en 1522 el de los franciscanos— por levantamiento, saqueo y muertes ocasionadas por los indígenas. Dos intentos más, de igual carácter misional, se hacen en 1531 y en 1541. A partir de esta fecha queda sola la zona. No se formó ningún poblado español.

En 1521, el capitán Gonzalo de Ocampo construye una mala fortaleza en las bocas del río de Cumaná, (Manzanares) que el padre Las Casas llamó Toledo. En 1523, Jácome Castellón edificó una fortaleza en regla sobre las ruinas de la anterior. Queda destruida en 1530, y abandonada del todo en 1551. No se formó pueblo en torno; sólo una débil guarnición, que no siempre estuvo en ella, pues solía pasarse a Cubagua.

La primera ciudad fundada, que permanece hasta nuestros días, se llamó Nueva Córdoba hasta 1591, cuando se transforma en Cumaná. El fundador fue el dominico Fray Francisco de Montesinos; la fecha exacta, el 1 de febrero de 1562. Desde ese día existe la ciudad, sin solución de continuidad. El documento fundacional se conserva bajo el título de Elección y nombramiento de la justicia y regimiento y los demás oficiales del nuevo pueblo de Córdoba en las riveras e puertos del río de Cumaná en la costa de la tierra firme. Es una ciudad sola, sin gobernación, caso único también, pues se trataba de poblar antes de fundar la misión. La ciudad servirá de base y de capital a la gobernación que se creará en 1568. Comienza el documento de este modo: “En primero de febrero de mil y quinientos e sesenta y dos años, estando juntos a campana tañida los vecinos y moradores que al presente se hallaron en este nuevo pueblo de Córdoba que vinieron con el muy reverendo padre fray Francisco Montesinos, de la Orden de Santo Domingo, provincial que al presente es de la provincia de Santa Cruz […]” Y de inmediato esos primeros vecinos autorizaron de viva voz y por escrito, libremente, democráticamente, al fundador, para que formase república, es decir, para que eligiese las autoridades que debían gobernar al nuevo pueblo. Eran veinte vecinos españoles, algunos con “su mujer e hijos e casa”, y nueve indios cristianos con su gente. De acuerdo con la ley y muchas veces, de acuerdo también con la práctica, como en esta oportunidad, los indios eran vasallos en igualdad de condiciones a los peninsulares, a los españoles de cualquier parte.

Después de fundada Nueva Córdoba debía proceder Montesinos a penetrar la tierra que denominan de los aruacas en la documentación. En efecto, el oriente estaba poblado por los arawacos, de diversa cultura. La Audiencia de Santo Domingo proveyó un auto de notificación para el fundador, fechado el 21 de mayo de 1562; pero para entonces la Orden había eliminado de la escena al fraile. La ciudad se mantuvo en pie hasta la llegada de Fernández de Serpa.

El 24 de noviembre de 1569 llegó el primer gobernador de la provincia de Nueva Andalucía, creada por real cédula de 27 de mayo de 1568. Le cambia de nombre a la ciudad, que denomina expresamente Cumaná, aunque el hábito fue más poderoso, de manera que el de Nueva Córdoba se mantuvo largos años en la práctica. Nombra justicia y regimiento. Agrega pobladores y puede contar desde el primer día cuarenta vecinos, cabezas de familia, alojados en 150 casas de paja. La ciudad es hoy una de las más prosperas del país capital del Estado Sucre y centro de la región oriental. Desde el 3 de julio de 1591 recibe expresamente título de ciudad, con privilegio de escudo de armas. Desde entonces obtiene su patente histórica para no perder más el nombre, y ahí está, con su hermosa carga a cuestas.

Antes de 1562, ningún poblado logra su arraigo definitivo, apenas Cumaná subsiste plenamente. Desde el río Unare hasta el Caño Mánamo y desde la costa al Orinoco, será principalmente obra de los misioneros franciscanos y capuchinos a partir de 1650, cuando se establecen ya definitivamente las misiones. En 1585, el capitán Sebastián Díaz de Alfaro funda a San Sebastián de los Reyes, entrada de los llanos orientales; en 1586 aparece San Baltasar de los Arias, refundada en 1637 en el sitio que hoy tiene con el nombre de Cumanacoa; su fundador fue el capitán Juan Rengel de Serpa; el 18 de febrero de 1643 la organiza Juan de Urpín; en 1586, Cristóbal Cobo funda a Nueva Écija de San Cristóbal, que recibirá nuevo nombre en 1588, San Felipe de Cumanagotos; el 7 de abril de 1594, el gobernador Francisco de Vides establece a Nuestra señora de Clarines; se junta esta ciudad con San Felipe de Cumanagotos en 1596 y aparece Nueva Frechilla de San Cristóbal de Clarines, que dura setenta y cuatro años. El pueblo de Clarines actual es fundación capuchina, posterior. San Felipe de Austria surgió en 1604; cambia de sitio varias veces hasta consolidarse como Cariaco a partir de 1615.

La segunda ciudad en importancia de la Nueva Andalucía, hoy capital del estado Anzoátegui, se llamó Nueva Barcelona, ahora simplemente Barcelona. Fue fundada el 12 de febrero de 1638 por Juan de Urpín. Carúpano existe desde 1645. La ciudad de Maturín, capital del estado Monagas, fue fundada el 7 de diciembre de 1760 por fray Lucas de Zaragoza, en calidad de misión.

En 1741, la gobernación y capitanía general de Nueva Andalucía comprende tres provincias territoriales: Cumaná, Nueva Barcelona y Guayana. Esta última se apartará de su jurisdicción, como hemos visto. El conjunto de ciudades que integran la gobernación en ese año de 1741 es éste: Cumaná, con 4.263 habitantes; San Baltasar de los Arias o Cumanacoa, con 760; San Felipe de Austria o Cariaco, con 1.322; Santo Tomé de Guayana, con 400; la Real fuerza de Araya, con 679; San Miguel de Río Caribes, con 518; Santa Rosa de Carúpano, con 636; Nueva Barcelona, con 3.209; Villa de Nuestra Señora de Belén o Aragua de Barcelona, con 376. Además 14 pueblos de doctrina y 7 de misión.

En 1631 aparece una provincia en los territorios situados entre los ríos Neverí y Unare. Recibirá el nombre de gobernación de Nueva Barcelona, concedida a Juan de Urpín, un catalán “graduado de bachiller en el Derecho canónico, doctor en el civil y abogado de la Real Audiencia de Santo Domingo”. Es el fundador de la Ciudad de Barcelona y otras poblaciones. Murió Urpín en 1645; se mantiene la provincia hasta ser incorporada a Nueva Andalucía en 1654. La comunicación entre Caracas y Cumaná quedó expedita con las fundaciones urpinianas, al mismo tiempo que se consolidaba la economía ganadera del siglo XVIII en toda la región oriental, unificada la gobernación y capitanía general cumanesa y extendido su límite occidental hasta el río Unare, orilla de la provincia de Venezuela.

Gobernadores:

La armada del gobernador Diego Fernández de Serpa fue la más importante llegada a las provincias de Tierra Firme durante el siglo XVI, y desde luego, en lo que se refiere a la Nueva Andalucía, desde entonces hubo gobierno propiamente tal, con una organización y un destino políticos. En este sentido, Fernández de Serpa es el creador de la provincia y organizador de la ciudad que se mantuvo siempre como cabecera de la gobernación. Don Diego había recibido título de por vida. Muere pronto en una batalla con los indígenas. Lo sustituyen los alcaldes, de acuerdo con la ley y la tradición, mientras se elige nuevo titular. El 15 de junio de 1571, la Audiencia dominicana envía como gobernador interino al capitán Antonio Luís Cabrera, natural de Margarita. Lo sustituirá Adriano Padilla en 1572, hasta el 15 de septiembre de 1573, cuando asume el gobierno en propiedad Garci Fernández de Serpa, hijo de Don Diego. Tuvo dificultades para ser reconocido, ya que tanto el Cabildo como la Audiencia rechazaban las gobernaciones vitalicias. Desaparece hacia 1584, gobiernan los alcaldes y luego un interino, Pedro de Almazán. Otro más le sustituye en 1585, Felipe Torrellas de Linares, quien se mantiene hasta 1587, cuando se nombró titular al portugués Rodrigo Manuel Núñez Lobo. El 23 de mayo de 1592 se firmó capitulación con Francisco de Vides, a quien se nombra gobernador con derecho a sucesión. Destituido en 1597, le sustituye como interino su teniente Marco Antonio Becerra. El 12 de agosto de 1598 se nombra gobernador titular a Diego Suárez de Amaya, a partir de cuyo gobierno se regulariza la sucesión normal: Pedro Suárez Coronel, 1605; Juan de Haro, 1613; Diego de Arroyo y Daza, 1619, quien edificó el castillo de Araya y derrotó a los holandeses invasores en 1622 y 1623; Cristóbal de Eguino y Mallea, 1626; Enrique Enrriquez de Sotomayor, 1631; Benito Arias Montano, 1633; Fernando de la Riva Agüero, 1643; Gregorio de Castelar, 1645; Pedro Brizuela, 1652. Y así, dentro del Estado de derecho, hasta los últimos, donde figuran nombres como el de Antonio de Sucre, interino en 1792; Vicente Emparán, quien tomó posesión el 22 de diciembre de ese año y gobernó con probidad y acierto hasta el 6 de junio de 1804. Estará en Caracas el 19 de abril de 1810, con rango de presidente de la Audiencia, gobernador y capitán general. Juan Manuel Cagigal sustituye a Emparán hasta 1809. Su sucesor, Lorenzo Fernández de la Hoz, duró sólo meses. El titular siguiente, Eusebio Escudero, fue nombrado por la Junta Suprema a nombre de Fernando VII. Gobernó hasta el 27 de abril de 1810, cuando se establece una junta que gobierna hasta 1811, sustituida por un supremo poder legislativo. Un poder ejecutivo formado por Vicente Sucre, presbítero Diego Botino y José Leonardo Alcalá, ejerce en aquél año, hasta haber sido nombrados José Miguel Alcalá, Vicente Sucre y José Ramírez, en las elecciones celebradas el 14 de mayo de 1812. La provincia intentaba un camino propio, paralelamente a Caracas. El ejecutivo plural gobernó hasta agosto, cuando Cumaná y las otras provincias venezolanas regresaron a manos realistas.

Se suceden en el gobierno cumanés, partir de 1812, Emeterio Ureña hasta el 183, nombrado por Domingo Monteverde; Francisco Javier Cervériz; Eusebio Antoñanzas; Francisco Azcue; Gaspar Miguel Salaverría; Juan Cini y Tomás Cires. Este último fue designado el 4 de febrero de 1815 y ejerció el cargo hasta enero de 1820. Cires es nombrado “por cuanto hallándose vacante el gobierno e intendencia de Cumaná en la provincia de Venezuela por salida del coronel don Francisco Escudero[…]”, como si las cosas no hubieran dado ya un vuelco definitivo, con la guerra que mantiene vivos esos nombres en la memoria del pueblo, contraluces frente a los héroes patrios de la región, Santiago Mariño, el primero, hombro a hombro con Simón Bolívar en aquellos bravos días.

El 27 de enero de 1820 fue nombrado Antonio Tobar, quien gobierna hasta el 14 de abril de 1821. Desde ese día hasta el 16 de octubre del mismo año gobernó el coronel José Caturla, quien capituló ante el general José Francisco Bermúdez, que sitiaba la ciudad desde agosto. Es ya el tiempo del cambio, que comienza con Diego Vallenilla y José Grau. Nueva Andalucía desaparece para dar paso a Cumaná como parte del departamento del Orinoco en la República de Colombia, Bolívar a la cabeza.

Consultas: Archivo General de Indias.

Cédulas de la monarquía española relativas a la parte oriental de Venezuela.

Real Audiencia de Santo Domingo.

Padre Caulin.

Acosta Saignes, Guillermo Morón.

Y…, seguimos en esta Venezuela burguesa, consumista y rojo-rojitos corruptos, la economía, la salud y la educación siguen en poder de las mismas mafias de siempre. Pero, seguimos hablando de socialismo.

manueltaibo1936@gmail.com




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Manuel Taibo


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