Las amenazas del imperio i el cuido de la libertad, la paz i la justicia

“Quien no aplique nuevos remedios.
debe esperar nuevos males; porque
el mayor innovador es el tiempo”.
R. Bacon

Estamos, a no dudarlo, viviendo los más infamantes i agresivos tiempos, del mayor imperio opresor, humillante i desvergonzado, de la historia del mundo. Todos los otros que conocimos a través de la Historia Universal, desde aquellos lejanos en oriente, como el Imperio Sumerio, el Persa, o el Egipcio, hasta los más conocidos por su proximidad espacial i en el tiempo, como el Imperio Romano, el Imperio Español o el Imperio Japonés, son pálidas caricaturas de lo que representa el Imperio Norteamericano, nacido de las ruinas i los monumentales negocios posteriores a la Segunda Guerra Mundial, la cual arrasó una parte del territorio europeo i el norte del África, mientras éste arrasa cualquier territorio donde desee (i lo hace con repetición, premeditación i alevosía) en cualquiera de los cinco continentes del planeta. Ha quedado como una tontería, aquel dicho de Carlos V respecto a que, “en mi Imperio no se pone el sol”. Desde entonces, se convencieron de ser la guerra el primer negocio sobre la tierra (ya se lo había enseñado su madre patria, la Pérfida Albión depredadora de países indefensos); ser ellos, igualmente, los llamados a poseer todas las riquezas de todos los pueblos o naciones i, finalmente, ser los único poderosos con derecho a tener todas las armas concebibles de destrucción masiva i corolario de esos axiomas i teoremas, o mejor conclusiones apodícticas que no merecen ni discusión: la amenaza, las invasiones i la guerra total, su fuerza “dialéctica” para ser amos i señores del mundo. De la Europa destrozada, no sólo tomaron todos los negocios i monopolios en sus manos, sino que robaron el talento: Einsten, Fermi, Von Braun, Gödel, Heisenberg, etc. Ellos son los insigne productores i comerciantes de todo; son seres humanos superiores como la raza aria de Hitler, privilegiados en todo, aunque con la excepción i exclusión de los negros inferiores (a los que pertenecía Condoleza i sus padres), cuando tenían que sentarse al fondo de los autobuses o esconderse en las manifestaciones raciales; i el resto de los habitantes del planeta, que no son propiamente seres humanos, sino simplemente consumidores, que deben ser ALCAlinizados, para mayor desgracia. Algo así piensa el emperador Bush, que por chiquito i engorroso, a punto de considerarlo Minibús, tiene el poder de un cohete espacial, igual que sus secretarios-lacayos, incluyendo esa negra (con el complejo del desertor de su raza de Michael Jackson) que por ser o sentirse excepcional, como fiera, mala lengua i perversa, merece un “chance” para predicar amenazas e inventar mentiras; i voceros de pacotilla, como Negroponte i un tal Richard Boucher, cuyo apellido no sabemos si tomarlo por su significado de tapiador o tapador de huecos, o por algo más sencillo de entender: carnicero, matarife o sanguinario. A estos dos “talentos”, se le ha entregado el vocerío absurdo i falso contra Venezuela. Por ello, como todo Imperio i todo Emperador debe estar iluminado o amado por los dioses, en USA, el Monte Olímpico es el Pentágono i los países que no sean sumisos, como el caso de Cuba, i ahora Venezuela, se hacen reos del castigo divino, i es necesario someterlos, tal como Zeus hizo con Prometeo, uno de los titanes desobedientes. Para dominarlo fue fijado a la roca i que un buitre (aquí un buitre hembra llamada Condy por cariño i equivalente al águila del escudo), que devore las entrañas del rebelde cada día (renovadas por la noche) i al otro día repetir el eterno martirio. Se dice que, según sabia interpretación de los expertos como Ledezma, Brewer Carías, Ramos Allup, Velásquez, Teodoro i Pompeyo, más las profecías de Patricia, Ibéyise, Marianela i Martha, más los hermosos i sesudos sacerdotes Carlos Ortega i Juan Fernández, eso representa lo que sueña i quiere el nuevo Nerón universal, con nuestro petróleo; Prometeo, encarna a Venezuela o a Chávez i, ahora, Alí Rodríguez a Sísifo que, tendrá que subir con la piedra de su discurso en la OEA hasta que se desmaye por repetir la sentencia divina. Los sumos sacerdotes, han encendido la hoguera; los venezolanos que no quieren ponerse el dedo índice como los anticastristas cubanos de Miami, han encendido las luces de sus residencias i enfrían champán. ¿La patria? ¿La soberanía? ¿El pueblo?...¿qué son esas cosas? ¿I los libertadores, Bolívar, Urdaneta, Sucre i muchísimos más, acaso no están todos muertos? ¿Por qué los mencionan?¿Qué fue “eso” que nombran Independencia? ¿Acaso eso es mejor que la entrega del Oscar, las elecciones de mises o los juegos de fútbol? Estos que piensan así son las generaciones de privilegiados que se formaron durante la IV República. Todavía les falta madurez a sus neuronas i que importa; el que no sabe es como el que no ve; para esos tenemos grandes escritores i filósofos como Manuel Caballero o Claudio Fermín que es como Sócrates: no escribe, pero está en espera de su respectivo Platón. La cultura, o mejor, la Paideia de los grandes, es así. Muchísmos de esas generaciones, piensan que eso que llaman Libertad, Paz i Justicia, es mercancía que se compra en Miami, perdón, en “Mayami” con despegue violento de labios i lengua al paladar, porque de lo contrario creen que es “chusma” de contrabando. Son descendientes directos de la tribu de los “Ta barato, dame dos”. Por eso estos venezolanos ejemplares, que saben canalizar hasta sus inquietudes sexuales fundando pequeños partidos i en sus doctrinas enseñan que, si matan al presidente Chávez, ese feo mulato verrugoso que no les deja ganar una, el “magnicidio” está más que justificado. Si tiene éxito, ya saldrá Brewer Carías a publicar cuatro o cinco libros hechos en hornos microondas, o Manuel Caballero con sus obras históricas, o Teodoro Petkoff con sus editoriales “tal cual”, a decir que era realmente una muerte anunciada, pues este presunto émulo del Libertador, no sólo ofendía a la historia, sino que quería repetir lo de Allende o Fidel. I a los que se levantan contra los imperios, les pasa lo que a Espartaco. Por eso es que los Estados Unidos, respetuosos del Derecho Internacional, los Derechos Humanos i, sobre todo, celosos guardianes de la libertad i la democracia, saldrían a acabar con el tirano i a devolver la felicidad a los pueblos, como en el bello i demostrativo caso de lo sucedido en Afganistán e Irak. Entonces reaparecerá aunque sea momificado para adorarlo, Carlos Andrés Pérez Rodríguez, especie de Jesucristo elevado a los cielos, i quizá hasta más de doce apóstoles: Miguelito Rodríguez, Vera Gómez, Carmelo Contreras, Ramón J. Velásquez, Andrés Aguilar, Gumersindo Rodríguez, Jaime Lusinchi, Domingo Alberto Rangel, Pompeyo Márquez, Américo Martín, Teodorito Petkoff, Manuel Caballero, Claudio Fermín, Ramos Allup, Rafael Marín, i multitud de hombres que ahora ni conocerían a Pedro Carmona Estanga porque ese advenedizo que pasaba por allí i lo pusieron de presidente con la bendición del Zamuro Velasco i del Soberbio Porras, no debe soñar que le darán otro chance. La Venezuela que estos honrados ciudadanos de la sociedad civil, está situada en el tiempo antes del 19 de abril de 1810 i el 5 de julio de 1811. Entonces si volveríamos a la felicidad, a los trescientos nuevos años de calma, bajo la sabia batuta de un emperador i un imperio, tan amado como el español i el dulce Fernando VII. Lo que pasa es que este mundo está loco i confunde a Bush con Calígula o Nerón, porque ni saben historia ni saben lo que es la paz i el amor. La vocación de lacayos, no está en el pensamiento, sino en los genes. Se hace necesario, rehacer la historia. El mayor innovador, es el tiempo.


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Roberto Jiménez Maggiolo


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