La traición y otros recuerdos

Me acuerdo de mis años mozos cuando en las peleas juveniles, si tumbabas al contrincante, esperabas que se parara del suelo para seguirle dando carajazos, era prohibido darle coñazos en el piso y una patada era algo así como un anatema; lógicamente privaba el motivo de la riña, pero casi nunca las peleas eran a muerte.

Esa norma fue aceptada en los otros aspectos de la vida, era un código no escrito pero podías invocarlo en todo momento; entre estos códigos estaba “la palabra de hombre” con que se sellaban los tratos, no enamorarle la novia al amigo y lo más importante, no traicionar a nadie.

El presidente Chávez, hombre apreciado y apoyado por mí desde casi el inicio de su movimiento, y digo casi, por aquello de mi contumaz costumbre de hacerle el saque a todo lo que oliera a militar, clase social de antaño que no era de mi agrado; y que ahora, afortunadamente, tiene otro olor, ha omitido este sagrado precepto de su generación, ha traicionado a la izquierda mundial, esa izquierda y estos izquierdosos que lo hemos apoyado aún en momentos en que sus decisiones no nos han parecido coherentes; pero que ahora consideramos que aparte de incoherente, la decisión de extraditar a Joaquín Pérez Becerra, director de la Agencia de Noticias Nueva Colombia (Anncol), es una TRAICIÓN con mayúsculas, así el comandante no lo vea así.

Desde la reunión dónde creí “que le habían tendido una trampa a Chávez”, cuando Santos le hizo reunir con Lobo y Venezuela le dio un espaldarazo a este espurio presidente para que Honduras reingresara en la OEA, me ha venido oliendo feo la política exterior reciente, donde creo que se han hecho concesiones que vamos a pagar muy caro en el futuro cercano.

No se puede estar con Dios y con el diablo al mismo tiempo, y si, con todas las traiciones que estamos viendo a cada momento, dónde un país, por el simple (o complejo) hecho de tener el más grande poderío militar jamás existente, se salta todas las normas y convenciones que regían los conflictos entre naciones, donde se pasa por el forro a las inútiles ONU, OEA, Convención de Ginebra y los Derechos Humanos, donde corrompe a cada país que tiene la desventura de tener embajada americana en su territorio, por su único afán de seguir con la preponderancia mundial, so pena de los recursos naturales de los otros países que conforman este sufrido globo terráqueo, no se puede, digo, seguir jugando con las mismas reglas de la derecha, pues estamos propensos a que nos metan el dedo y luego sólo queda menearse, vulgarmente hablando.

Lo hecho, hecho está, ya no valen golpes de pecho o decir que no se sabía la consecuencia de tan nefasto acto, Pérez Becerra está en las fauces de Santos y su destino pesará siempre en nuestras conciencias.

Por esto es necesario, de una vez, un vuelco de 180º a la política interna y externa del PSUV, partido al cual no pertenezco pero respeto, con todas las dudas que me genera, un viraje que de una vez por todas convenza a los no convencidos de que el Socialismo es el mejor sistema para la sociedad venezolana, de que convenza y reafirme a los convencidos de que vamos por buen camino y desde ahora y para siempre, generar una campaña, seria y comprometida, revolucionaria e ideológica, para posicionar a la Revolución Bolivariana como una antorcha que ilumine a la América toda.

Sino, las futuras generaciones pagarán las consecuencias.


berhermu@gmail.com


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Bernardo Hernández M.


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