Vida Cristiana

Desmalezar las espigas de fe

La alta jerarquía eclesiástica piensa que el hombre vive todavía en tiempos remotos para ser engañado. El género ha evolucionado para especificar un mundo imaginario enmarcado bajo una realidad y experimentar los conjuros espirituales de sus adversarios naturales. Estamos actualmente frente a un desafío de las fuerzas políticas y espirituales, donde la continuidad de la vida nos expresa que el fuego, el aire, la tierra y el agua se confabulan para hacernos ver un universo primigenio e impulsar muchas aspiraciones que en nuestro despertar cotidiano determinan una nueva concepción del hombre.

Nunca los sacerdotes han sido representantes de Cristo en la tierra, solo se le respeta por ser una cofradía espiritual y solo las palabras, pintura y los jeroglíficos nos dan manifestaciones benefactoras o demoníacas del universo espiritual que nos acompañan. El catolicismo, constituye un gran movimiento carismático iniciado por Constantino en el Siglo IV de nuestra era y fomentado por los fariseos y escribas que traicionaron a Jesús al entregarlo al Imperio Romano. Con sus vientres abultados y dedicados a la política, la alta curia se ha dignado en desarrollar programas que contradicen sus verdades de fe. El mundo religioso esta confundido en muchas epifanías antiguas que solo reflejan una representación gráfica de un momento histórico.

Debemos evitar las palabras que tienen su origen en el oscurantismo y las mascaras que lo cubren. Debemos elevar nuestra voz para levantar nuestros sueños y ver el milagro de un nuevo mundo preconizado por el pueblo y Jesús. La Palabra de Dios sana las heridas y busca una nueva conciencia en el género, alejada de los mediatismos y conjuros que calcinan el cuerpo y dañan el alma. El ritualismo mágico del Catolicismo siente una gran simpatía por las ánimas y las profundidades del agua de la muerte. Los mensajes dados desde sus templos, huelen a políticas dañinas a la integridad del modus vivendis del pueblo e incentivan la maldad, que, proviene de una mala conciencia.

Hay que rehacer el silencio del mundo religioso, difundiendo La Palabra de Dios, su fuente original es La Biblia, más no los manuscritos ecuménicos. Es darle cuerpo a nuestro pensamiento con la difusión de sus versos.

No podemos seguir viviendo de recuerdos y lo inefable de la vida. Hay que avanzar en la toma de conciencia y renovar nuestra mirada a la verdadera imagen de Jesús. Un Ser espiritual que nos dio ejemplo claro de una existencia laboral aguda y un servicio espiritual fraguado con la oración, más no en la acumulación de la riqueza. Estamos en la búsqueda del mundo del bien, no queremos articularlo en la acción espiritual de aquellos que se dedican a florecer al género de su ignorancia y darnos una luz más brillante sobre el parecer de lo que sucede en el mundo, es un mundo simplemente mediática, manipulado e imaginario.

La fe es un modo de conciencia urbana, somos el cuerpo de Cristo como Iglesia. Ella no esta asignada a particularidades, el hombre debe regresar a lo pequeño para hacerse grande y legitimar su comunión con La Palabra y su fuerza al bienestar de todos en común.

El Catolicismo, siempre ha sido una organización política muy bien articulada y sus foros cuestionan a los sistemas que no le dan dinero y sueldos a sus representantes. Por eso, hay que revisar los convenios con el Estado Político del Vaticano y explorar un nuevo pensamiento espiritual basado en las teorías sociales y el fundamentalismo bíblico.

emvesua@gmail.com


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Emiro Vera Suárez


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