Se han visto casos



Yo no sé cuántas estatuas he visto caer vía satélite. Personajes disímiles han provocado la mismas ganas de ver rodar moles de metal por el suelo. Algunos tal vez no merecen ni siquiera una fotico en un altar familiar. Hay para todos los gustos. Yo recuerdo tres especialmente: la de Lenín, la de Hussein... Y, adivinen, la de Colón de este 12 de octubre de 2004.

La primera confieso que me impactó mucho. En el suelo estaba nada más y nada menos que uno de los símbolos de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. La llave de Carlos Marx en los libritos adoctrinadores de mi juventud. Con Lenín “caía” el muro de Berlín, “caía” el “comunismo”, “caía” la revolución de octubre, el mundo bipolar, la Plaza Roja (¿todavía se llamará así?) “caía” la Guerra Fría y empezaba el reinado absoluto de Estados Unidos de América en el mundo globalizado. Era como para impactarse. Good bye Lenin.

La segunda me impactó también pero por razones diferentes. Quienes dirigían el espectáculo eran unas “fuerzas de ocupación” que llegaban a Irak a “salvar al mundo” de unas tales armas que nunca lograron destruir nada. No es lo mismo ver a rusos aplaudiendo tras la defenestración del bigotudo, que ver al ahora reo de Estados Unidos, con el cielo de perspectiva, tapado con la bandera con el bojote de estrellitas. ¿O sí es lo mismo?

Los dueños de la película podrían estar en Hollywood. Y las luces ahora alumbran decapitaciones reales que ya pareciera que no impresionan a nadie. Así como el mundo se acostumbra a ver niños cadavéricos y los estadounidenses a ver llegar féretros arropados con su bandera, así se acostumbra a ver rodar cabezas en “vivo” y directo. La “humanidad” debe estar haciendo mal las cosas.

La tercera me puso a reflexionar. Porque no me produjo ganas de aplaudir. Ni nada. Fue como un esfuerzo inútil. No redime, no escarmienta, no hace justicia. Pero si esta acción no mueve el halo de mi “espíritu justiciero”, la respuesta de los medios de comunicación supera la inutilidad de la “acción revolucionaria”.

El hecho, sin duda, “agarraba” primera página. Pero no se entiende muy bien que “abriera” periódicos y noticiarios de televisión. Los hacedores de las primeras páginas y editoriales televisivos argüirán que era 12 de octubre y que no hay nada más importante que el derribo de la efigie en tan magna fecha. Y que detrás del hecho está nada más y nada menos que la mano del Presidente Chávez. Eso, política y editorialmente, lo ¿justifica? Tal vez sí, es a lo que nos tienen acostumbrados. El periodismo venezolano hace tiempo que se mueve con los desvencijados resortes del oportunismo político.

Y es que por eso últimamente las estatuas han cobrado un interés inusitado en Venezuela. María Lionza terminó partida en dos en un disputa digna de dos hermanos malcriados. Final absurdo el de la Diosa. Es bueno no perderle la pista al caso, para ver si las sinuosas formas de la Reina de El Sorte vuelven a refrescar la gran culebra de asfalto. Eso sería lo periodísticamente correcto.

Y sobre el Caso Colón, más que el destino de la estatua, que ya se sabe que será reparada por Fundapatrimonio, me preocupa el destino de los compatriotas “vengadores”. No vayan los medios de comunicación a convertirlos en otros “pistoleros”. Se han visto casos.

*Periodista y profesora universitaria

mechacin@cantv.net


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Mercedes Chacín*


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