Remembranzas a mi hijo emigrante

Cuando se tiene un hijo,

se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera (...)

Y cuando se tiene dos hijos,

Se tienen todos los hijos de la tierra (...)

Poema: Los hijos infinitos de Andrés Eloy Blanco.

 

Emigrar en épocas pasadas representaba particularmente era una acción extraordinaria, una palabra que no tocaba mi sentir más profundo como actualmente lo he vivido y estoy viviendo. Quiero narrar una historia personal que se hace común en mi país y es válido que otros lectores en otras latitudes de este mundo plural y diverso puedan reflexionar y ser parte de los testimonios de vida con personas reales de alma, cuerpo y emociones muy nobles por lo más preciado para un padre y una madre como son sus hijos.

Desde que inicié mis funciones como docente y en la espera de que se me otorgara el beneficio de jubilación por el ministerio respectivo, pasado año y medio sin tener razón positiva a mi trámite; sin embargo ese día que pude chequear mi número de identidad en el listado publicado en diciembre del año 2022 y confirmar mi retiro deduje de forma equívoca que sería una única noticia importante en mi existencia actual estaba alegre, porque durante ese período vi muchas notificaciones y mi nombre no aparecía, al verlo sentí regocijo e incredulidad; inmediatamente compartí por mi teléfono celular en una de esa aplicaciones de mensajería instantánea la información con mis tres hijos y le agregué un mensaje de reflexión por los años de trabajo en pro de la educación de los niños, niñas y adolescentes del estado donde vivo y trabajo; siempre acostumbrado de ir a visitar a mi hijo Rafael a su hogar me dispuse a pasar unos momentos de calidad a su lado sin saber que él me iba a dar otra novedad de impacto ese mismo día, ya que a su recién cumplida mayoría de edad había estado pensando muchísimo y buscando las palabras que a él la parecían apropiadas para poderme decir que se iba esa misma semana a la madre patria; ya que conjuntamente con su mamá reunieron los recursos necesarios para que él emprendiera el viaje; como todo padre hice presencia en el hogar que comparte con ella e iniciamos una conversación, claro siempre a mi favor, yo hablaba de mí, que por fin había salido jubilado y otros detalles que manejaba en mi explicación un poco egoísta producto de la emoción.

Ellos compartieron con educación mi conversación y escuchaban con bastante atención mis palabras, pero mi hijo sin pensarlo mucho y de forma directa cuando tuvo la oportunidad me dijo: me voy a España esta semana, me sentí un poco confuso no sabía si alegrarme y felicitarlo, era una bomba de emociones encontradas en mi ser, necesité de uno segundos para tratar de tener seguridad y dar una respuesta inteligente (asertiva) que lo motivara y lo hiciera sentir bien con la travesía que iba a emprender; una experiencia favorable a sus deseos y no sintiera que interfería de alguna forma en sus decisiones en la búsqueda de cumplir sus anhelados, por el contrario me correspondía apoyarlo en cada aspecto de su plan y que tuviera la libertad de elegir al construir su futuro. La mayoría de los habitantes en este país sabemos que la situación económica está muy complicada, que el bolívar se desprecia a diario con respecto al dólar devaluando constantemente nuestra moneda nacional; por ese motivo cada año y de referencia en esta década actual del siglo XXI, diversos jóvenes, no tan jóvenes, grupos familiares de todas las regiones y de diferentes estratos sociales se disponen a migrar a varios países traspasando las fronteras en este planeta; el venezolano se ha diversificado haciendo aportes importantes en lo cultural y en otras áreas del conocimiento de otras tierras en la búsqueda de un porvenir mejor en su visión y proyecto, sabia por aseveraciones de varios personas muy allegadas, familiares, amigos y conocidos que se despidieron aquí en Venezuela de sus seres queridos los cuales tienen mil y una historia que contar de sus vivencias en el camino hacia el exterior, mas no la había vivido en carne propia, vivirlo tu mismo desde el anuncio que va a partir y sin saber que puede ocurrir es diferente, uno se vuelve empático de verdad con los que están viviendo y sintiendo esas separaciones de los hijos, empiezas a compartir sus similares miedos y desavenencias de la decisión de emigrar así como que fuera tan sencillo de procesarlo emocionalmente, no es fácil ver como la familia se separa por factores que el pasado no eran adaptados a las nuevas realidades; el transitar a una nueva expresión de vida es duro; muchas necesidades y trabajo duro; van a conocer otras comunidades, tradiciones, hábitos diferentes a las costumbre y mencionando saberes ancestrales distintos, en occidente en esta otra parte de la Tierra, en Sur América específicamente no estamos acostumbrados a separarnos de los hijos e hijas, a diferencias de otros civilizaciones antiguas como en Asia, África, países de América del Norte, entre otras latitudes; que a los infantes y preadolescentes desde muy corta edad y de forma consensuada u obligada van camino a su independencia económica y social, una vez lo leí en el libro: La ciudad de la alegría (1985) del escritor francés Dominique Lapierre, donde los dos personajes el sacerdote y el tirador del rickshaw sostienen una conversación acerca del futuro de la hija mayor ya que tenía edad para el matrimonio en Calcuta, India; el trabajador le dice al religioso palabras más o menos: esa hija no es mía, es de la vida, fue entregada a mí por un tiempo para cuidarla y ahora tiene que vivir su vida, es una frase aleccionadora y esas que no se me olvidan en la narrativa de los libros que he leído y viene ha describir de forma perfecta mi situación de alejamiento con mi prole, aunque en situación distinta; creo que así son los descendientes pensé inmediato para darle una respuesta a Rafa quien me veía sin desviar la mirada con sus ojos verde sardina parecidos a los míos y muy rojos sé que contenía el llanto y describía una sonrisa tímida en su boca. Porque en realidad no quería irse tenía la obligación todo estaba preparado para salir a España; es decir, él tenía que salir de viaje a crear su historia personal, empero su sentimientos estaban aquí en su hogar, familia, amigos y bastante apego a lo que nos une y nos definió por un período de existencia y que es difícil de dejar tan rápido. Lo importante de irse es descubrir modos de superarse y redimirse en lo humano a través del aprendizaje general; debía dejarlo libre que no sintiera ataduras hacia su padre, mi hijo también estaba lleno de incertidumbre lo intuí casi de inmediato; le dije: que le deseaba éxitos y no sabía cuándo lo volvería a ver, porque aún en la distancia nuestras almas están unidas como lianas grandiosas fortalecidas por el amor inquebrantable, que se sintiera parte del mundo que iba a conocer, no como una pieza que descuadra, sino como la parte que falta de esos sucesos comunitarios e históricos que va a vivir y en silencio lo encomendé a Dios todo poderoso y saque de mi billetera para regalársela una estampita que una monja me regalo con la imagen y oración de la madre María Rosa Molas fundadora de las Hermanas de la Consolación para que lo protegiera, lo colmara de bendiciones. Tiempo después de una conversación amena me despedí con el acuerdo de regresar para tener un compartir y despedirnos, íntimamente tratando de asimilar la partida con deseo de que se prolongara. Ocurrió unos días siguientes, regresé de nuevo a su casa con mis otros hijos Ernesto y María comimos pizza, tomamos refresco y nos sacamos unas fotografías para inmortalizar el momento, todavía no lo puedo creer, como papá le toca separarse de la familia sin saber el próximo encuentro, me cuestiono mi rol como padre más allá de los nuevos tiempos y diferentes realidades.

Nos dimos unos abrazos con sus hermanos, su mamá y salí con mis otros hijos con el corazón hinchado de emoción vivo, un poco dolido, sin embargo desde el día de la noticia ya había empezado a trabajar en lo que ahora la Psicología llama resiliencia para superar esta circunstancia, inmediatamente al llegar a mi casa, tuve esa sensación de dedicarle algo y siempre he tenido facilidad para expresar a través del lenguaje escrito y le dediqué un texto poetizado e inspirado en esa frase de la incertidumbre que gotea en mis pensamientos a cada instante como un grifo que no tiene reparación y cae gota a gota en mis pensamientos y recordándome que existe la esperanza de volver a encontrarnos y lo titulé Verte de nuevo.

No sé cuándo te vuelva a ver, pero estaré anhelando ese momento, como almas que se reconocen, en la distancia que se hacen falta, con tu partida me desconsuelo, tu luz intacta hacia mí; pero debes ir a ese encuentro. A buscar tus sueños, vivir tu vida. Te deseo lo bonito y lo mejor, como tu padre es lo que quiero, que aprendas a existir, a convivir, vas a triunfar, lo tuyo nadie te lo va quitar; adelante siempre con tu mente y corazón, briosos como caballo salvaje que nadie te detenga... Y a la vuelta de los años nos volveremos a ver. Estoy seguro yo más viejo, tú más sabio.

No lo quise despedir en el aeropuerto, porque no quería tener un recuerdo de su viaje en un terminal aéreo, levantando la mano, dándonos otros abrazos y hasta llorando, al contrario aspiro guardar los recuerdos de mis visitas y dejar en pendiente una asistencia a su hogar y él me estará esperando para compartir esos instantes inolvidables, por eso no quería tener su última imagen de despedida en la entrada de la zona de embarque, su madre me dijo que preparo las maletas con todas sus aficiones y sus sueños, su valija estaba llena de lo que él quiere ser; un atleta reconocido, piloto de avión como profesión y tener oportunidades donde pueda lograr sus éxitos ya que en su país natal actualmente existen limitaciones para cumplir sus objetivos y va en busca de un mañana de manera más conveniente para él y sus familiares, le ha tocado irse lejos ha corta edad, ahora sus sueños son grandes, sus anhelos son geniales, su talento y disponibilidad están completos, aunque por los momentos insatisfechos y por eso le tocó decidir entre la comodidad y el sacrificio que implica ser emigrante a veces viajando mucho comiendo poco, con la mente siempre adelante, inconforme antes de triunfar y con al mirada al frente hacia su horizonte.

Ya han pasado algunos días desde que se fue, de ser honesto no me acostumbro a saber que está muy lejos a 7258 kilómetros, se dice fácil De la boca pa' fuera. Como decimos a lo latinoamericano y es decir las cosas sin sentirlas y no ser sincero con uno mismo o con las demás personas, sin embargo, al sentimiento no le puedes mentir, la tecnología nos acerca, no es igual te puedo ver en vivo, chatear contigo de forma sincrónica o asincrónica, nada de eso supera tu presencia, no sé cuándo te vuelva a ver, pero quisiera verte siempre.

Tu padre que te extraña a cada instante.



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Erno Velasquez


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