La unidad, un solo partido, una opción para salir adelante y avanzar hacia el Socialismo Bolivariano

En el complejo escenario geopolítico que transita la región al inicio de este 2026, la Revolución Bolivariana se encuentra ante un dilema histórico que no admite dilaciones: la unificación definitiva de todas sus fuerzas en una sola organización política. Las condiciones objetivas y subjetivas están dadas para que el Gran Polo Patriótico (GPP) trascienda la alianza electoral y se fusione en una estructura unitaria capaz de blindar el proceso hacia el Socialismo Bolivariano.

La historia reciente ha sido implacable en sus lecciones. El Comandante Hugo Chávez, en su última proclama del 8 de diciembre de 2012, fue enfático: "¡Unidad, Unidad y más Unidad! Esa debe ser nuestra divisa". Hoy, revisar el pasado reciente nos obliga a reconocer que la fragmentación en "parcelas" políticas ha sido la grieta por donde la derecha ha logrado filtrar sus avances más peligrosos, como ocurrió con la pérdida de la Asamblea Nacional en el pasado. La división no es solo un error táctico; es una concesión directa al enemigo que pone en riesgo la soberanía nacional.

Una de las realidades más urgentes es la democratización del mando político. Si no logramos consolidar una sola organización, los cuadros políticos más valiosos del GPP —aquellos formados en la lucha de base— difícilmente podrán integrarse plenamente en la toma de decisiones y en la estructura administrativa del Estado. La unidad garantiza que el talento revolucionario no se pierda en siglas aisladas, sino que se convierta en una sola fuerza de mando político-administrativo capaz de dirigir el destino de la nación con eficiencia.

Esta propuesta no parte del vacío. Se sustenta en la praxis de Alfredo Maneiro, quien abogaba por una "eficacia política" que solo se logra mediante la articulación real de las fuerzas que aspiran al cambio. La historia demuestra que la existencia de múltiples partidos no garantiza por sí misma la independencia; por el contrario, a menudo genera burocratismo y dispersión de esfuerzos.

El ejemplo más contundente de progreso bajo un solo propósito es el Partido Comunista de China (PCCh). La gran potencia asiática no solo ha alcanzado niveles inéditos de desarrollo tecnológico y satisfacción de necesidades sociales mediante la innovación, sino que lo ha hecho bajo la aglutinación de propósitos claros y una disciplina férrea. El éxito chino enseña que la tecnología, cuando se pone al servicio del pueblo y no del capital, puede erradicar la pobreza y garantizar la paz.

Un nuevo orden regional: "Barbas en remojo"

El contexto regional de este 2026 nos obliga a estar alerta. Lo que antes se subestimaba como un discurso "alocado" de la política exterior norteamericana, hoy se manifiesta como una amenaza real y directa contra los países progresistas. La preparación tecnológica y militar es la única garantía de paz en una región que ya no será la misma de ahora en adelante.

Ante este panorama, la unidad no es solo una opción electoral; es el único escudo posible. Es hora de poner las "barbas en remojo" y entender que solo un partido único, sólido y tecnológicamente preparado podrá garantizar que el Socialismo Bolivariano sea el camino irreversible hacia la verdadera independencia.



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Renny Loyo

Doctor en Educación. Dramaturgo

 drloyophd@gmail.com

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