Nuestra posición ante la barbarie

Condenamos enérgicamente la brutal y cobarde agresión en contra de nuestro país, que causó más de 100 muertos, incluyendo civiles inocentes, amén de la destrucción de viviendas familiares y hasta la devastación de un centro de estudios superiores: la universidad de las ciencias.

Asimismo, nos oponemos al aberrante e irrealizable proyecto desglobalizador, totalmente contraproducente ante la amenaza del Cambio Climático, el cual pretende retrotraer a la humanidad a los pretéritos tiempos del reparto colonial del mundo establecido en la conferencia de Berlín de finales del siglo XIX y que trajo como consecuencia las espantosas conflagraciones, conocidas como guerras mundiales. Idea que intenta imponer una nueva doctrina Monroe, llamada Doctrina Donroe.

Es irrealizable, en primer lugar, por una simple cuestión numérica. Estados Unidos apenas concentra unos 340 millones de habitantes (un 4% de la población mundial) siendo totalmente fantasioso creer que pueda dominar militarmente a un planeta de más de 8.200 millones. Y ni siquiera a la América Latina con sus más de 650 millones pobladores en más de 20 millones de kilómetros cuadrados.

Es mucha harina para tan poca saliva. Bástese mencionar por ejemplo que, si México, Brasil, Colombia y Venezuela, con sus más de 450 millones de habitantes, hubiesen firmado un pacto de asistencia mutua en caso de agresión, la situación sería muy distinta y el mar Caribe sería hoy una zona de paz. Pero no podemos culpar, hasta ahora, a nuestra dirigencia política de no hacerlo, porque nuestros países no tienen una cultura de la guerra.

En segundo lugar, porque la economía mundial vive cada vez más un proceso de globalización e interdependencia, lo que está cambiando radicalmente su estructura y funcionamiento. Ejemplo de ello son los mismos Estados Unidos en donde, y según la revista Fortune de 1960, las empresas más grandes de aquella época fueron: General Motors, Jersey Standard, U.S. Steel, General Electric, Esmark, Anderson-Prichard Oil Corporation, Armour, Gulf Oil, Chrysler, Mobil, and DuPont., en las que dominaban ampliamente las firmas que trabajaban con combustibles fósiles y sus derivados, en tanto que en el pasado año de 2024 y según la misma revista, las más grandes fueron Walmart, Amazon, UnitedHealth Group, Apple, CVS Health, Berkshire Hathaway, Alphabet, Exxon Mobil, McKesson y Cencora, con prevalencia de las redes sociales y el comercio electrónico. Una realidad totalmente diferente.

Parcelar el mundo traería como consecuencia que cada bloque de naciones termine por desarrollar sus propias redes, lo que impactaría negativamente en billones de dólares el negocio, prácticamente monopólico, de dichas empresas en el exterior y cuyo impacto en la economía norteamericana resultaría devastador.

Y en tercer lugar, el factor edad, el cual juega en contra de ese proyecto. Trump va a cumplir 80 años, y si no le aplican el impeachment en el próximo período legislativo, lo cual parece muy probable, será un anciano de 83 años para cuando termine su mandato. Con el agravante que su legado no tiene sucesor de prestigio, pero sí una mayoría aplastante de detractores.

Ciertamente, ese descabellado proyecto no tiene futuro, pero, si no se detiene y mientras se abandone, no solo traerá sufrimiento para la mayor parte de la humanidad, sino que la colocará en la cuerda floja de un enfrentamiento nuclear.

Para nuestra región esta situación puede ser desastrosa, o puede ser una magnífica oportunidad para que, por fin, se tome conciencia de la necesidad de que emprendamos un camino común de desarrollo que nos proporcione la fortaleza necesaria, en lo económico, científico y social, para enfrentar exitosamente los desafíos que se avecinan.

Es necesario ir construyendo desde ya el mundo post-Trump, teniendo muy presente lo expresado por el Presidente de Turquía Recep Tayyip Erdogan sobre cómo es la triste relación actual entre las naciones: "Si no estás sentado en la mesa, formas parte del menú"

El dirigente político que no entienda esta realidad que, por favor y en aras de nuestros pueblos, se retire.



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