A consideración por la muerte de William Lara

El golpe de Estado en Chile (II parte)

“A su Excelencia el Presidente de la República

5 de septiembre 1973.

Compañero Salvador Allende:

Ha llegado el momento en que la clase obrera organizada en la Coordinadora Provincial de Cordones Industriales, el Comando Provincial de Abastecimiento Directo y el Frente Único de Trabajadores en conflicto ha considerado de urgencia dirigirse a usted, alarmados por el desencadenamiento de una serie de acontecimientos que creemos nos llevará no sólo a la liquidación del proceso revolucionario chileno, sino, a corto plazo, a un régimen fascista del corte más implacable y criminal.

Antes, teníamos el temor de que el proceso hacia el Socialismo se estaba transando para llegar a un Gobierno de centro, reformista, democrático-burgués que tendía a desmovilizar a las masas o a llevarlas a acciones insurrecciónales de tipo anárquico por instinto de preservación.

Pero ahora, analizando los últimos acontecimientos, nuestro temor ya no es ese, ahora tenemos la certeza de que vamos en una pendiente que nos llevará inevitablemente al fascismo.

Por eso procedemos a enumerarle las medidas que, como representantes de la clase trabajadora, consideramos imprescindibles tomar”:

(Encabezado de la Carta enviada por la Coordinadora de Cordones* a Salvador Allende)

11 de septiembre 1973

Cuando a las nueve de la mañana los Tanques cercaron el Palacio de la Moneda no quedaba ninguna duda, había llegado el memorable y esperado día escogido por la burguesía chilena, sus partidos tradicionales, el alto mando militar y el gobierno del presidente Nixón de los Estados Unidos para dar el golpe de Estado contra el gobierno de la Unidad Popular (UP) presidido por Salvador de Allende desde diciembre de 1970. El golpe financiado por el gobierno yanqui fue montado desde tiempo atrás y desde hacía un año se dio inicio  la operación final, estando la acción militar dirigida por Augusto Pinochet, ministro de Defensa del gabinete de Allende. El golpe no sorprendió a nadie. Desde junio todos los esperaban, tal vez, quien sólo creía que no lo darían sería el presidente Allende. El mismo Partido Comunista (PC) lo había denunciado dos días antes, pero su gran propuesta preventiva fue sacar un cartel que decía: “No a la violencia de izquierda ni de derecha”.

No se supo de resistencia organizada por el gobierno ni de los seis partidos que conformaron la UP. La poca resistencia fue espontánea, aislada y esporádica. Miles de militantes de los distintos partidos de izquierda en todas las ciudades estuvieron esperando sin respuestas orientaciones y armas. Desmoralizados en la inútil espera, muchos fueron detenidos, otros lograron enconcharse. Todos desde el gobierno, en todo momento, estuvieron haciendo referencia de la “profunda y sólida tradición democrática de Chile y del profesionalismo de sus Fuerzas Armadas”. El presidente y sus ministros se conformaban sólo con informar de la conspiración financiada por la CIA y la ITT , en denunciar el papel de los grandes medios de comunicación a favor de la desestabilización y el golpe y en alertar de la posición en contra del gobierno de la iglesia. Desde el gobierno y sus partidos nunca hablaron de organizarse y preparar la resistencia. Por el contrario, dos semanas antes del golpe decretaron el Estado de Sitio, requisando y desarmando a las organizaciones obreras, de campesinos, barriales y estudiantiles y hasta se llevaban detenidos a los que se resistían.

Desde el mismo 11S el salvajismo demostrado por los golpistas fue demencial. Miles de asesinatos, torturas, violaciones sexuales hicieron los militares contra los detenidos. Con la ayuda de la CIA y los informes de la cámara empresarial, contra los que más se ensañaron eran con los dirigentes de los trabajadores. Se asesinaba con sofisticados métodos de torturas o se descuartizaban para aterrorizar y hacer hablar a la población carcelaria. Para ver si lograban reconocer a sus “desaparecidos”, durante las mañanas los familiares se acercaban a orillas del Río Mapocho en la capital, en donde echaban y flotaban los cuerpos mutilados de los presos.  Al pasar los días, las cárceles y las instalaciones militares no alcanzaban para albergar tantos detenidos, teniendo que utilizar cualquiera instalación con capacidad suficiente para concentrar los miles de nuevos detenidos sin juicios que reclutaban todos los días. Es conocido los hechos escandalosos de violación de derechos humanos, ocurridos en las instalaciones del Estadio Nacional de Fútbol de Santiago, tan sólo comparables con los campos de concentración de Hitler. Es famoso el caso del asesinato del cantautor Víctor Jara, a quien le que cortaron las manos cuando se negó a dejar de cantar.

El grado de violencia y sadismo que impusieron los militares de todos los rangos (altos, medios y bajos), no lo podemos ver como dado para una maldad típica, natural o por la procedencia de clase de quienes componen los distintos cuerpos de las Fuerzas Armadas de Chile. Las tropas que es su mayoría son los hijos de los trabajadores y el pueblo y bajo órdenes o no, tuvieron luz verde, como la oficialidad media y alta para violar, torturar y asesinar.  El fascismo desatados por ellos, fue a causa de la necesidad que sintió la burguesía y los intereses del imperialismo en este país, cuando su sociedad y su estado capitalista estuvo amenazado por la acción revolucionaria de la clase obrera, los campesinos, sectores barriales y estudiantiles durante más de un año. Los sectores oprimidos lograron imponer una situación de doble poder, por encima de la voluntad de los empresarios nacionales y extranjeros y por sobre la política reformista o vacilante del mismo gobierno del presidente Allende.

Y, en la mejor o última oportunidad que les deparó la lucha de clase desde 1970, las tradicionales clases dominantes acompañadas del sector social más proclive a su ideología (la clase media civil y militar), por sobre sus tradicionales prédicas de las libertades democráticas, no les tembló el pulso para imponer con sangre una derrota total a los que acompañaron hasta el día de su muerte al presidente Allende y de  destruirle la memoria de su historia reciente a la clase obrera y a los revolucionarios chilenos. Con la masacre despiadada y sistemática impuesta desde el 11S eso fue lo que han logrado. Lo que hicieron los militares y la clase media meses antes, durante y después del golpe de Estado fue las consecuencias y la instrumentación de lo que deseó y buscó la rancia oligarquía y burguesía de Chile y sus socios extranjeros: Volver a tener el control directo de su estado burgués, que habían empezado a dejar de controlar, desde 1970, cuando por llevar dos candidatos a las elecciones de ese año (Alessandri, Partido Nacional 34,9% y Radomiro Tomic, Democracia Cristiana, 27,8%) perdieron estos las elecciones con el candidato de la UP , Salvador  Allende (36%), quien por sexta vez consecutiva participaba como candidato.   

“Le advertimos compañero, que con el respeto y la confianza que aún le tenemos, si no se cumple con el programa de la Unidad Popular , si no confía en las masas, perderá el único apoyo real que tiene como persona y gobernante y que será responsable de llevar al país, no a una guerra civil, que ya está en pleno desarrollo, si no que a la masacre fría, planificada de la clase obrera más consciente y organizada de Latino América. Y que será responsabilidad histórica de este gobierno, llevado al poder y mantenido con tanto sacrificio por los trabajadores, pobladores, campesinos, estudiantes, profesionales, a la destrucción y descabezamiento, quizás a qué plazo, y a qué costa sangriento, de no solo el proceso revolucionario chileno, si no también el de todos los pueblos latinoamericanos que está luchando por el Socialismo.

Le hacemos este llamado urgente, compañero Presidente, porque creemos que esta es la última posibilidad de excitar en conjunto, la pérdida de las vidas de miles y miles de lo mejor de la clase obrera chilena y latinoamericana”.

(Parte final de la Carta enviada por la Coordinadora de Cordones* a Salvador Allende)

*Los Cordones eran el nombre de lo que en otras partes han dado por llamar Consejos de Fábrica o Trabajadores, Comité de Control Obrero. Es decir, son la organización de base, de participación y gestión, de sindicalizados o no, que se constituía en las empresas, en las poblaciones de los barrios pobres, con los trabajadores agrícolas y organizaciones estudiantiles. La Coordinadora de Cordones fue la instancia en donde se reunían los distintos Cordones de base. Durante 1972-1973 en Chile se propagaron los Cordones por todas partes. La referencia más destacada fueron los Cordones de las fábricas de Cerillos.  Los partidos de la UP se afanaban por controlarlos al igual que el resto de los demás partidos de izquierda, pero estos se constituían controlados o independientes de los partidos y la CUT.

Nota II

Esta II parte como la I y las otras que pueda hacer para este artículo sobre “El golpe de Estado en Chile se lo sigo dedicando a la memoria de William Lara. Quien tal vez en vida, muchas de las cosas que ilustro o afirmo acá no las hubiese compartido. Sin embargo, como profesional de periodismo que fue y sabiendo su militancia de izquierda dado a las discusiones, he considerado necesario hacerle esta dedicatoria. Ya en la parte I de este artículo conté que raíz de su fatal accidente, supe que personas enemigas del proceso bolivariano, llenas de odio y rencor, hicieron el triste comentario con su muerte de “uno menos”.  

En cuanto a la parte final de este artículo será necesario una III y tal vez una IV o V parte. En esas otras entregas sería importante destacar sobre: las consecuencias que tuvieron dentro de la fila de los sectores que estaban por la revolución, las vacilaciones del presidente Allende, el PS, PC, MAPUC y hasta del MIR; el efecto de la Ley de Control de Armas; la situación de represión que se abrió contra los sectores de izquierda con el intento de golpe del día 29 de junio de 1973 liderado por el Coronel Roberto Souper, ligado a la derecha organizada en “Patria y Libertad”; las expectativas frustradas del doble poder; la participación de los trabajadores mineros en la huelga del 19 de abril en la mina El Teniente y la referencia de ellos en la historia del movimiento obrero chileno. Y, mención aparte debe jugar, como parte preparatoria para condiciones del golpe de Estado del 11S, la huelga de los camioneros iniciada el 27 octubre de 1972 bajo la dirección de León Vilarín, abogado vinculado también a “Patria y Libertad”.



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Stalin Pérez Borges / Marea Socialista


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