Miseria capitalista

La noticia, proveniente de Washington, señala que “Las fuerzas militares estadounidenses anunciaron ayer (sábado, 30 de enero del 2010) que suspendieron las evacuaciones médicas a Estados Unidos de los heridos graves haitianos víctimas del terremoto hasta que se determine quién pagará por su cuidado… los vuelos militares finalizaron el miércoles luego de que el gobernador de Florida Charlie Crist solicitó apoyo al Gobierno Federal para pagar los tratamientos…”.

Se requiere que por el cuerpo circule horchata, en vez de sangre, para no mostrarse indignado ante semejante actitud de quienes presumen de haber sido los primeros en acudir “en auxilio de los haitianos” a raíz del terremoto ocurrido el pasado 12 de enero; pretendiendo desconocer que Cuba y Venezuela ya asistían a las víctimas, cuando ellos desembarcaban “marines” para posicionarse tácticamente, antes que los equipos de asistencia hospitalaria, controlando la entrada de aviones, al extremo de que Francia se quejó de que los Estados Unidos le había impedido aterrizar a seis vuelos de aviones-hospital.

Como la opinión pública internacional se quejó de la incongruencia entre el escaso número de médicos y paramédicos, y el elevado número de tropas, del cual se ha dicho que asciende a 20 mil; la Casa Blanca pretende justificarlo como necesario para controlar los saqueos. La noticia incluye una fotografía en la cual aparecen unas personas de raza negra, las cuales, supuestamente, son haitianos saqueando un comercio de electrodomésticos.

¿Es una fotografía que se corresponde con la realidad? ¿Dónde estaban los “marines” que no cumplieron la misión de la cual presumen? ¿A dónde podrían llevarse los electrodomésticos los haitianos, si el sismo destruyó la mayoría de sus hogares? ¿Qué uso podrían darle, si su condición mayoritaria de extrema pobreza no les permite disfrutar de los servicios básicos? ¿Qué podrían guardar en los refrigeradores aquellos cuya hambruna se hizo mayor después del terremoto? ¿Querrían los televisores para ver los canales gringos en los cuales cada día se destaca “la extraordinaria ayuda” de que son objeto por parte de ese país?

Esta misma noticia continúa señalando de que “Hasta ahora los hospitales en Florida han tratado a más de 500 víctimas del terremoto… Los vuelos a otros estados también fueron suspendidos”. ¿Cuántas víctimas han atendido en conjunto las misiones de ayuda de todos los países que brindan su ayuda humanitaria, sin presumir de ello? ¿Cuántas víctimas hubiesen atendido los aviones-hospital de Francia, sin sacarlos de Haití? ¿Los Estados Unidos le presentaran la factura al gobierno de Haití y éste, al no poderles cancelar “su ayuda humanitaria”, les “permitirá” quedarse para siempre en la isla?

Yo contribuiré, con mi “mísera opinión”, a resolver esta manifestación de “miseria capitalista” que muestran algunos gobernantes de ese país, y que no se corresponde con el gran corazón que poseen la mayoría de sus gobernados; sugiero: primero, convencer a propietarios y personal de los hospitales involucrados de que no se trata de un negocio más, sino, de “ayuda humanitaria real”; segundo, una vez logrado lo anterior, solicitar la colaboración específica para cancelar la diferencia acordada; tercero, si aún se carece de los fondos necesarios, retirar la mitad de las tropas de la “invasión humanitaria”, cuyo costo de permanencia podría cubrir estos gastos de los enfermos trasladados, y de la reconstrucción de Haití; cuarto, de no resultar ninguna de las sugerencias anteriores, se tomaría una porción de la ayuda de Kuwait.

La desgracia de nuestros hermanos haitianos ha servido para que el mundo conozca el papel real que juegan ciertos entes supranacionales, y mostrar su impotencia frente a la “miseria imperial”; al tiempo que surge la inquietud al descubrir que, más allá de nuestra solidaridad, no estamos preparados para enfrentar una catástrofe de gran magnitud; más aún, si involucrara a varios países.

Roguemos a Dios que en ningún otro pueblo latinoamericano ocurra una desgracia semejante, para evitar recibir ese tipo de “ayuda humanitaria”, equivalente a dejar al enfermo secuestrado para cubrir los gastos de hospitalización; sin que con ello se garantice su supervivencia.


luiserangel@hotmail.com


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Luis E Rangel


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