A propósito de la expulsión del embajador judío

Chávez, gracias por reivindicar nuestra dignidad de seres humanos

Desde que se intensificó la cruenta guerra contra Palestina, a finales del año 2008, he intentado escribir algo a ver si esta desazón de ser humano se me calmaba, si escribiendo podía conjurar todo el asco que siento con esta barbarie apoyada por el mundo oficial, el de los gobiernos, el de los medios, el de las corporaciones, es decir el lobby de los grandes judíos, no del pueblo que allá también ha protestado…

Pero no me salía nada, todo quedaba mitad de camino. Sólo pensaba en la posibilidad de que Venezuela (bendita Venezuela) y su Presidente (bendito Presidente) rompiera relaciones con Israel. No lo veía fácil, pero tampoco imposible, conociendo como creo conocer (a veces) a mi presidente. Salvo esta idea, no conseguía nada que calmara este desasosiego, esta indignidad de ser humano que no terminamos de ser.

Comenzaba mí frustrado artículo así: He intentado no sentir. He intentado que no me afecte, como si no fuera conmigo. He padecido tantas guerras, desde aquella primigenia, la de Vietnam, con la que inauguré mi rechazo y mi asco por todo lo que sea bélico, que trato –sin lograrlo todas las veces- no saber mucho, no saber detalles que lo único que consiguen es que mi condición humana se tambalee.

Pero esto de ahora contra Palestina por parte de Israel es como mucho con demasiado. Es indigerible. No es potable. No hay manera de acercarse a esa tragedia sin sentir que uno se envilece como ser humano. No hay manera.

Y no conseguía terminar. Entonces viene mi presidente Hugo Chávez y declara que rompe relaciones con Israel y yo me reencuentro de nuevo conmigo, con mis congéneres, con mi gente, con mi condición humana y sé- una vez más- lo importante que son los actos simbólicos.

Con este acto, no le vamos a devolver a las madres sus hijos masacrados, ni a las esposas su hombres acribillados, pero le estamos diciendo a los hombres y mujeres de Palestina, desde este pedacito de tierra llamada Venezuela, que aquí su tragedia nos duele, que no somos indiferentes, que estamos con ellos y ellas, que no le tememos al lobby judío y que intentamos con este acto de dignidad, reclamarle al mundo su indiferencia y su silencio.

Esta es la hora de las grandes decisiones, de las grandes iniciativas a favor de Palestina. Por ello, digo que moriré agradecida al Presidente Chávez por haberme hecho sentir de nuevo digna de mi condición humana que tambaleaba ante tantas muertes, que son la continuación de otras muertes y así hasta el infinito… en la venganza del holocausto, como suelo llamar a la política guerreristas de Israel.

Sé que hace falta más acciones, más decisiones, pero ojalá esta de expulsar al embajador israelí produzca un efecto domino en los gobernantes sensibles y dignos del mundo, que sé que los hay, aunque algunos temerosos por la fragilidad de sus economías. Confío de nuevo en el ser humano y ahora sé que Palestina, a pesar de todo, sobrevivirá. Lo sé.


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Morelis Gonzalo


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