Maldito capitalismo

El capitalismo necesita de una gran cantidad de gente esclavizada para subsistir, pero no tantos como los que fabrica. Hablamos de cifras tan descomunales que solo desde las frías apreciaciones estadísticas, se pueden mencionar sin anudarse la garganta. En realidad son millones de seres humanos que hoy “coincidencialmente” están ya sufriendo, o bajo la amenaza, de la más terrible hambruna que la humanidad haya padecido. Desafortunadamente, muchos de quienes se erigen o toman las banderas para hablar en nombre de los hambrientos del mundo, jamás han sufrido los rigores del hambre; ello introduce el lamentable elemento de la filantropía institucional, en cuyo fondo se esconden otros intereses. Por supuesto, el capitalismo como sistema tiene su mecanismo de auto regulación. El exceso de pobres que atenta contra el buen funcionamiento de las sociedades consumistas, debe ser exterminado periódicamente.

Hoy es la hambreada lo que impone el capitalismo, por culpa de ella, desaparecerán o quedaran a merced de cualquier decisión de los centros de poder, millones de pobres en el mundo. Pero en el ínterin, el capitalismo, no dejará nada para el desperdicio, sacará el máximo de provecho a su línea de desechos, y para ello afinará a su industria militar para que atice su mercadeo. Le venderá armas a cuantos puedan comprarlas para hacerse de los alimentos que hoy escasean o están muy caros gracias al “dios mercado”, y hará lo propio con aquellos que estén en el bando contrario protegiendo a los comerciantes y al derecho que les asiste el ejercicio de la libre empresa, el cual incluye, destinar alimentos para la fabricación de combustibles, sin mencionar los bacanales y las hemorragias de gulas que a diario exhiben los escaparates de su línea gourmet por doquier. Resultado de todo esto: los pobres volverán a confrontarse en una gran degollina universal en defensa de los intereses de los amos del mundo.

Del despojo humano sacará provecho: jabones, pelucas, grasa, prótesis, metales, ADN, fibras, órganos y pare usted de contar. Todo ello pasará a engrosar las exquisitas novedades de las transnacionales y su capacidad para abrir nuevos mercados con materia prima global.

La mayoría de los restaurantes locales, sobre todo las taguaras, reciclan la comida, es decir, todo aquel alimento del día anterior entra al menú del día subsiguiente, por supuesto sino está en mal estado. Y todo alimento dejado por los comensales, es aprovechado por indigentes y animales domésticos que conforman otro tipo de clientes. Las transnacionales de la comida rápida ejercitan su propio reciclaje (que no analizaremos aquí), pero todo alimento, así esté en buen estado, hecho el corte del día, es execrado y custodiado hasta que entra en las contenedores del aseo urbano. Por lo general es una buena cantidad la que desechan diariamente, pero esta no puede caer en manos de nadie que pueda ingerirla, porque habría quienes dejarían de pagar por tales delicatessen: “preceptos del mercado”.

“La casa pierde y se ríe”, dice el capitalismo, pero realmente no pierde. Tanto el hambre como la guerra, que acaban con el exceso de pobres, son los negocios que vitalizan su economía, después de asomarse a los precipicios a los que su modelo se enfrenta cada cierto tiempo, pero que, en su acumulado, arribará, no solo al fin del capitalismo, avizorado en el real mensaje de Fukuyama, el cual no podrá practicarse mas, por inviable, sino que acabará con la humanidad entera porque agotará de manera definitiva, los recursos necesarios para la vida en el planeta. Todos sabemos esto, sin embargo desfilamos como en una macabra procesión, hacia lel infierno de la guerra.

¿Cuánto odio hay para que se prefiera botar la comida ante ojos desorbitados de los hambrientos y luego vender este acto de soberbia como producto mediático?

Ahora, esa estupidez que nos mantiene engordando al verdugo, no pudiera tener éxito sin nuestra tenaz colaboración, tan esmerada que se llega a los mataderos, no solo agradeciendo la ejecución, sino admirando de tal manera al victimario, tanto que se daría la vida (de hecho se da), por ser él. Pero ¿A que se debe esta maquiavélica dinámica? ¿Que sutil mecanismo sostiene tan pesado andamiaje? Ha de ser muy delicado por que aquellos que se liberan de su laboriosa telaraña, la han visto estallar como una superflua burbuja. De lo que no hemos escapado es de su maléfica influencia. Dicho en otras palabras: los pobres en este sistema, trabajamos hasta morir para que los ricos vivan y disfruten sus siete y más, pecados capitales. Para que lo hagan frente a nosotros como en una vitrina, y terminamos pagándoles por habernos permito participar en su farsa. En esta promiscua relación, las victimas son tan inmorales como el victimario. Porque no solo se inmolan, y sacrifican a los suyos, sino que en la guerra necesaria para el capital, aniquilan a sus hermanos con el odio del amo. Y pareciera ser que todas las salidas de este laberinto conducen a la guerra, en donde los ricos jamás arriesgan su pellejo.

Si la guerra se diera, entre pobres contra ricos, por lo menos tendría un final dirimible y trascendente, pero ¿Veremos alguna vez, oleadas de multimillonarios, millonarios, o ricos, en las primeras líneas de combate, en los campos de batalla, defendiendo sus capitales? Ellos pagaran a los ejércitos de desposeídos para que peleen por sus intereses. Les darán las armas a uno y otro bando, y luego arrancaran de las montañas de cadáveres, las monedas pagadas para devolverlas a sus arcas, siempre manchadas de sangre una y otra vez, convertidas en el botín de guerra que iniciará la nueva sangría.

La guerra no es el camino de los pobres, es el negocio de los ricos. Pero lo pobres necesitamos defendernos de este prolongado y cíclico crimen de lesa humanidad.

Todo cuanto sustenta al capitalismo es inmoral. Solo una poderosa ética, con su portentosa facultad para crear, podrá abrirnos las alamedas de la paz, sin la cual no habrá sosiego para nadie, y menos para los ricos y los poderosos del mundo. Los pueblos latinoamericanos integrados, con sus raíces, sus comandantes (Fidel, Chávez), con sus acumuladas fortalezas morales, podrán adelantar las batallas para imponer la justicia.

¡Patria, socialismo o muerte! ¡Venceremos!

miltongomezburgos@yahoo.es


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Milton Gómez Burgos

Artista Plástico, Promotor Cultural.

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