Un paso atrás sin razón

Los lacayos del imperialismo han mordido el polvo por una temprana derrota. En varios espacios y sectores de la vida pública (el abastecimiento alimenticio, la seguridad, la economía, comunicacional, etc.) se respiran aires de mejoría, de resultados reales y concretos que han desequilibrado el plan de sabotaje criminal y terrorista con el que nuestra lumpen-burguesía que pretendía doblegar por hambre a nuestro noble pueblo. Las 3R (revisión, rectificación y reimpulso) se imponen con cierto éxito (–aunque nada es perfecto-). La profundización de la revolución; las nacionalizaciones de algunas industrias lácteas, del cemento, de SIDOR, etc.; la derrota de la Exxon; el nacimiento del PSUV; el empoderamiento del pueblo; el temple de las ideas del socialismo; el verbo encendido y concientizador del Comandante Chávez; y la lucha de clases, han resucitado el espíritu de la revolución. ¡Nadie dijo que la batalla está ganada! Reconozcamos. Hemos también cometido un grave error.

Estos siervos del capital (la burguesía venezolana) no han aprendido las lecciones de las derrotas recibidas de manos del pueblo los días 12 y 13 de Abril del 2002 y por el desenlace del Sabotaje Terrorista Petrolero (finales de 2002 y principio de 2003) cuando nuestro pueblo, en demostración de su altruismo y por amor retribuido al Comandante, resistió y venció a la envestida desatada por su enemigo de clase: la burguesía. Valentonados con la pírrica victoria del 2D, vendrán nuevamente con la misma y única receta desestabilizadora. Incluso, es posible pensar que la tesis del magnicidio recobra mayor preeminencia sobre las demás, más aun, cuando se acerca el fin del mandato de Bush. Es por ello que nuestra posición debe de ser de ofensiva revolucionaria, de profundización de la revolución; construyendo el socialismo.

¡El imperialismo también pisa adelante!

El gran desafío para el presente año es reducir nuestra dependencia de aquel sector vilipendioso y vacilante por naturaleza: el sector privado. Es allí, en su mercado dominante, y en sus medios difusivos, donde se expresa su poder que influencia y enajena a nuestra sociedad. Para mitigar este duelo, la revolución deberá destinar, cada vez mas y mayores inversiones hacia sectores productivos bajo formas de propiedad social (empresas socialistas) -tal como se ha venido adelantando-, y especialmente, hacia aquellas áreas productivas de mayor necesidad y demanda (alimentos)-. A menos que reduzcamos nuestra dependencia al sector privado nos veremos forzado siempre a la improvisación y al desgaste político. De esto nuestra máxima dirigencia está consciente.

Es previsible que la derecha por medio de la violencia y la desinversión continúen sembrando la desestabilización en el país, a pesar del crecimiento económico continuo del cual también se han beneficiados. Pero el temor y la influencia y sumisión de estas del gran capital transnacional va más allá de la razón. La solidaridad automática entre las burguesías regionales, y del imperialismo hacia estas y viceversa; el interés unísono de estas por llevar acabo, emprender o continuar medidas terroristas para socavar a la revolución es una veracidad indiscutible. Pensar que si cedemos más ante los intereses de la “burguesía nacional” estas se tranquilizarían, es más que una candidez o idiotez; es una traición.

La incapacidad de la burguesía y su desinterés provechoso por ejecutar mayores y nuevas inversiones con la finalidad de incrementar la producción de rubros de primera necesidad (ya que la inflación y la especulación les procuran mayores beneficios al capitalistas, por la misma cantidad de productos producidos); y su control sobre los sectores alimenticios y crediticios estratégicos, suponen que permaneceremos bajo una amenaza constante.

La liberación de los precios de algunos productos de primera necesidad, tal como el pollo y los huevos, creyendo que la mano oscura (peluda) del mercado (de la libre oferta y demanda) arreglaría o acabaría con la especulación es una gran equivocación que nos procurará consecuencias negativas. Es un paso atrás que no tiene sentido ni razón.

El Ché, en una ocasión refiriéndose al mismo peligro que en la Unión Soviética recobraba vigencia luego de muchos años de revolución, decía que era un paso atrás muy peligroso, que: “era un error construir la revolución con las armas melladas del capitalismo”. Ley del Valor (del mercado) es una aberración del sistema capitalista que atenta contra la nueva sociedad socialista que intentamos construir.

De seguir, o mejor dicho, de profundizarse los planes y las amenazas de la lumpen-burguesía lacaya, con la finalidad de provocar en las elecciones regionales la misma reacción popular adversa que indujeron la derrota del 2D-2007, la revolución estará obligada a profundizarse también, a socializar todos aquellos espacios medulares. Más creemos, deberíamos de tomar la delantera.

A decir de Marx, sin duda “La profundización de la revolución es la única garantía de la revolución”.

basemtch@yahoo.com


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Basem Tajeldine

Marxista. Investigador de temas geopolíticos internacionales en el Centro de Saberes Africanos. Moderador del programa VOCES CONTRA EL IMPERIO, RadiodelSur y RNV.

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