Bush profundiza la crisis estructural de los Estados Unidos obligando a una restructuración del sistema capitalista

Al Presidente Ronald Reagan se le podría considerar como el “Padre de los Neo-Cons” y sus nuevas políticas “globalizadas”. El desarrollo programático de esas propuestas llevó al desarrollo de las contradicciones dentro del sistema capitalista, en general, y en el propio seno del Estado de los Estados Unidos de América, en lo concreto. La apertura de la República Popular China, gracias a las políticas de “puertas abiertas” de Deng Xiaoping, después del deceso de Mao Zedong, llevó a la economía estadounidense a considerar las ventajas que dicha apertura ofrecía a su economía nacional. Se producía en China y distribuía los Estados Unidos de América. Dentro de ese marco, la ciudad de Miami se convirtió en la “Mall” de América Latina. En el plano político, los “neo-cons” planeaban a largo plazo. La introducción del “consumo” en la sociedad china traería consigo el reclamo de mejoras sociales incluyendo los llamados “derechos civiles liberales”. A título de ejemplo, tenemos varias situaciones de “riesgo” para el status quo chino: la Sucesos de la Plaza Tian Anmen y las recientes protestas en el Tibet, dentro de las tesis de las “Revoluciones de Colores”. Claro Wen Jiabao, actual Primer Ministro, no es, en la actualidad, el político que visitó la Plaza de Tian Anmen en el marco de aquellos sucesos políticos.

Aquella política de inversiones de capitales y transferencias de tecnologías estadounidenses hacia China creó y desarrolló un mercado de 1.300 millones de seres humanos cuyo trabajo, en el marco de la “División Internacional del Trabajo”, siempre tendrá costos muy por debajo de la media mundial. Crea un mercado de consumo, efectivamente, de mayor impacto en la economía global lo que, muy probablemente, debería haber sido calculado por los analistas y expertos en economía global pero, definitivamente, inevitable tomando en cuenta las políticas socialistas aprobadas e implementadas por y a través de las decisiones del Partido Comunista Chino en sus diferentes Congresos.

Frente a estas realidades, los “think tank” estadounidenses alertaron sobre el impacto que dicho mercado, aún siendo beneficiario de las políticas de Estado de los Estados Unidos de América, tendría sobre las “materias primas” así como sobre el mercado que estaba presente y dispuesto a consumir cualquier producto que se le ofreciera. Era necesaria la “guerra de las materias primas”; en este contexto, el Poder (Müller Rojas, dixit) establecido decidió que era imperativo salirle al paso a ese “futuro problema” por demás grave. Se buscó un “enemigo externo”: Saddam Hussein y vino la famosa “Guerra del Desierto” como primer paso a la necesaria creación de una base militar de resguardo, control y defensa de las inversiones estadounidenses en el Mar Caspio, reservorio de crudo/petróleo del Asia Central que adicionado a las reservas del Golfo Pérsico e Iraq garantizaba un control sobre el crudo, los precios y la distribución del mismo hacia los mercados del G-8: Estados Unidos de América, Comunidad Europea y Japón.

Por razones objetivas, poco explicadas, el Poder (Idem) decidió que el “enemigo externo” serviría, una vez mas, para justificar una nueva acción militar para, definitivamente y como consecuencia de aquel septiembre que produjo la decisión de invadir Afganistán a las 24 horas de los sucesos de Nueva York y cuya ubicación geográfica es fundamental, consolidar el control sobre Asia Central. ¿El costo de tal acción militar, muy diferente a los análisis de los expertos militares a futuro, podría producir el “Síndrome de Vietnam”? Ello no tenía que incidir en la decisión “objetiva” de la necesidad de controlar los “campos petrolíferos” de tan importante e inmensa zona asiática. El costo y el riesgo eran necesarios.

Pero el desarrollo objetivo de aquella decisión de George W. Bush se iba a mostrar muy diferente a las aspiraciones waltdinescas de la Casa Blanca, la Vicepresidencia y el Departamento de Defensa de los Estados Unidos de América. Los deseos del pueblo iraquí de buscar expresarse democrática, libremente y poder desarrollar sus potencialidades individuales y colectivas en el marco de la economía de Iraq, se vieron truncadas cuando la “bestial” realidad de los objetivos reales del Gobierno de los Estados Unidos de América los confrontó. La reacción está presente en el día a día de esa “guerra absurda” con costos que alcanzan la cercana cifra del MILLÓN de muertes de ciudadanos iraquíes de todas las edades y género y de 4.010 soldados estadounidenses muertos para el mes de marzo según las cifras proporcionadas por http://www.npr.org/news/specials/tollofwar/tollofwarmain.html

En la acera de enfrente y frente a estos desarrollos políticos y militares, Rusia y China comenzaron a tomar decisiones de Estado que los llevó a acercarse a los países que no pertenecen al G-8 para alcanzar acuerdos de complementariedad que buscara globalizar una plataforma de defensa activa frente a la agresividad de los “Desarrollados”. En primer lugar, Rusia comenzó a “poner su casa en orden” bajo las directrices de Putin. China salió al mercado internacional no tan cercano a sus costas para asegurarse el abastecimiento de sus necesidades energéticas para mantener y continuar su desarrollo económico y social de pesada y objetiva carga como es tener que sostener una economía de 1.300 millones de “bocas que alimentar”.

Rusia con reservas petroleras sustanciosas, se podría permitir negociar el abastecimiento de petróleo y gas para el mercado de la Comunidad Europea buscando alcanzar acuerdos con un socio confiable: Alemania. Las conversaciones sobre la distribución de gas hacia Europa ha sufrido una serie de “altibajos” y presiones desde Washington que ha obligado a la Comunidad Europea a tomar decisiones al margen de la “amistad trasatlántica”. La realidad real de la necesidad del “gas ruso” para una economía comunal en desarrollo sostenido en cifras de un solo dígito pero objetivamente necesario para el mantenimiento de una unidad de intereses después de años continuos de guerras interminables, obliga a las “cabezas testadas democráticamente” europeas a “Mirar al Este”.

Estas y otras realidades han llevado a los Estados Unidos de América a “poner los pies en la tierra” y buscar solucionar sus problemas energéticos. En este contexto, dos (2) temas se han puesto sobre la “mesa de negociaciones”: los “combustibles del hambre”; y los “combustibles no renovables”. En ese marco, el Presidente George W. Bush se vio en la imperiosa necesidad de realizar un viaje al “patio trasero”, específicamente, a Brasil como modelo para el desarrollo de una alianza estratégica “energía del hambre”. Pero le resultaba incómodo tener que tratar con “su enemigo político”: Hugo Rafael Chávez Frías para conversar y buscar alcanzar acuerdos de beneficios “green-go” en el tema de “combustibles no renovables”. Debemos aclarar porque consideramos que Chávez es el enemigo político para Bush. El Presidente Chávez y sus políticas son la contradicción de las políticas propuestas, implementadas “de jure” por la Casa Blanca a los países que deben ser dirigidos, asesorados y obligados a hacer la tarea del liberalismo trasnochado del siglo XIX en el siglo XXI.

El Golpe de Abril había fracasado por dos razones: la reacción de un pueblo y la inoperancia, la soberbia y las ambiciones de una oposición que ni siquiera se la pueda considerar de “nacionalista”. Le siguió el “Paro Petrolero” que obliga a la pregunta ¿quién, realmente, se beneficiaba con el éxito del paro? Las manifestaciones posteriores al fracaso del mismo, nos demuestra quienes eran los interesados.

Era necesario un plan a largo plazo donde se fuera desarrollando una matriz de opinión que llevara a la “Husseinización” de una “realidad ficticia” alrededor de la figura de Chávez y sus políticas. ¿Qué modelo a seguir? El establecido: terrorismo + narcotráfico. El declarar a Venezuela un “país rogue” había fracasado porque fracasada había sido tal tesis. ¿Cómo acusar a Chávez de narco-terrorista? Imposible, todas las evidencias demostraban que no se sustentaba tal acusación; por tanto, había que desarrollar dicha matriz de opinión. Es de todos conocidas las acusaciones que reiteradamente se le hacen a Chávez en este sentido pero “El Barinés” tiene “la costra dura”. Era necesario provocar una situación que permitiera una acción justificada. De ahí vino la “violación de la soberanía” de Ecuador pero la reacción de Estado del Gobierno venezolano fue una simple advertencia que “pasar la raya” tendría consecuencias impredecibles para todo el continente americano.

La Comunidad Internacional conoce el desarrollo de esos “hechos históricos”. Primero la OEA llamando a una reunión de Cancilleres; la Reunión en la República Dominicana del Grupo de Río y, por último, la reunión de Cancilleres de la OEA en Washington. Estas reuniones han tenido un impacto poco estudiando por los expertos en relaciones internacionales de oficio. El Grupo de Río, sin la presencia de un representante de Washington, “dejó la amenaza en el umbral de la puerta” con una declaración que sirvió de base fundamental para la reunión de Cancilleres con la presencia de un representante de los Estados Unidos de América cuya declaración final y definitiva fue objetada por el Gobierno de la Casa Blanca en su artículo 4to.

Tres lecciones se sacan del desarrollo de los sucesos inmediatamente descritos: la no presencia de la Dra. Condoleezza Rice en la reunión de Cancilleres manifestó su “desprecio” hacia la majestad de la OEA. (se comenta en los EEUU de América que la Dra. Rice podría ser la candidata republicana a la Vicepresidencia con opciones a competir en el futuro a la Presidencia de ese país). En segundo lugar, la “soberanía manifiesta” del Grupo de Río de manejar sus problemas regionales a “espaldas” del Imperio y de su política Imperialista con dos decisiones fundamentales aparte del documento aprobado por unanimidad: la propuesta para la reunión para discutir los problemas de la alimentación y la energía de la Región; y, la propuesta de Daniel Ortega de crear una Organización de Países Latinoamericanos, Centroamericanos y de El Caribe ratificada por Rafael Correa durante su visita oficial a Méjico junto a Calderón. El tercer elemento, es la decisión de imponer en el seno de la Reunión de Cancilleres de la OEA, el documento del Grupo de Río con sus acuerdos alcanzados.

De estas realidades se sacan varias reacciones: el “set back” de la influencia de los Estados Unidos de América en el seno de la OEA; la “mayoría de edad” alcanzada por los países miembros de la OEA con propuestas propias y ajenas a los intereses de los EEUU de América; la “humillación” de la diplomacia estadounidense a nivel continental. Aquí se debe reconocer el papel efectivo que jugaron dos actores: Hugo Rafael Chávez Frías y Brasil con su “nueva política” continental.

Pero George W. Bush, evidentemente, no se iba a quedar con los “brazos cruzados”. Propuso al Congreso de los Estados Unidos de América la aprobación de dos tratados imperiales e imperialistas al modelo el siglo XIX: el TLC con Colombia y el adendum al Plan Colombia que es la Iniciativa Mérida para ser implementado en Méjico. Ambas solicitudes tienen dos factores que obligan a los demócratas en el Legislativo estadounidense a sostener una posición política de rechazo a la aprobación de dichos tratados: el asesinato de líderes políticos opuestos al Gobierno de don Álvaro Uribe Vélez tanto sindicalistas como líderes de base y colectivos; y la situación de violencia permanente que se desarrolla diariamente en Méjico tanto político, como de género y motivado al narcotráfico. Pero ¿qué hay detrás de ambas propuestas apoyadas por McClain y Clinton? La llamada “seguridad” de los Estados Unidos de América. Según el Gobierno de Bush tanto el terrorismo como el narcotráfico son dos elementos que “amenazan la seguridad” de la sociedad estadounidense.

En este orden, el señor Bush está equivocado. En Colombia se está desarrollando una “guerra civil” que ha pasado por diferentes etapas de 60 años de antigüedad de carácter social y política. Es decir, el tema Colombia es, fundamentalmente, un problema político con elementos ajenos a la política como es el narcotráfico, el secuestro, el asesinato colectivo, por mención. El tema de la producción de narcóticos de base orgánica y química (en Méjico), es un grave problema social con importantes intereses económicos que deberían ser tratado por el Gobierno de los Estados Unidos de América, independientemente de quien es el inquilino en la Casa Blanca, junto a los Gobiernos de todo el Continente Americano con la seriedad que implican las decisiones de Estado de las Repúblicas independientes del continente. Pero ¿está dispuesto el Poder (Ibidem) a aceptar su propia realidad socio-económica y política o seguirá “corriendo la arruga”? Es verdad que el Gobierno francés, la victoria de Berlus “Coño” (Rebelión dixit), y la reuniones del asesor de la Moncloa con los asesores en política exterior de los tres candidatos estadounidenses le darán un respiro político al Poder, a Bush y a los candidatos pero los intereses de la Comunidad Europea es buscar su propia salida al impacto negativo en sus economías producto de la crisis económica en vía de recesión de la economía de los Estados Unidos de América.

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Miguel Angel del Pozo


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