Los bufones de la Corte tropical

Esta semana descubrimos que no sólo en esos países europeos donde aún existen monarquías, tan adelantados ellos en algunas cosas pero tan supinamente atrasados en otras, existen personas que suspiran por las coronas, los tronos, los príncipes y las princesas, sino que tenemos también en este, que ya va por su quinta república, algunos nacionales que añoran un imperio que nos sacudimos hace 200 años.

La malcriadez del Rey de España de la que tanto se ha hablado en los últimos días, no sólo ha copado los espacios de la prensa nacional e internacional, sino que ha motivado centenares de artículos en Internet y provocado algunas patéticas reacciones como la que sucedió en el Forum de Valencia el domingo pasado, cuando un grupo de frenéticos opositores sacó unas pancartas que decían "Dios Salve al Rey" y "Que Viva el Rey". El episodio no hubiese pasado de ser uno más de los patéticos actos oposicionistas a los que ya nos hemos acostumbrado, si no fuera porque el asunto sucedió durante la presentación, nada más y nada menos, que de Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat, dos eminentísimos representantes de la irreverencia española, que han pagado con largos exilios, en los dos casos, sus posiciones ideológicas antifranquistas. Serrat les dio la espalda a esos ignorantes pero Sabina les vio la cara y les espetó: "nosotros somos republicanos". Mayor ridículo, imposible.

Imagino a los autores de esas originalísimas pancartas todos contritos y atribulados este martes porque la primogénita del Rey, doña Elena, y su esposo, don Jaime de Marichalar, anunciaron su separación, o lo que ellos muy eufemísticamente llamaron "el cese temporal de la convivencia", para no mencionar la palabra divorcio que tan mal cae en la gente de buena cuna. Siempre he percibido a las familias reales como especie de muñecos que se ponen en un escaparate sólo para que la gente los vea, los retrate y hable de ellos. No hacen nada ni dicen nada; sólo sirven para ser vistos y envidiados por su condición principesca.

Un divorcio seguro es todo un escándalo allá en la Corte, algo así como un enorme e inconveniente lunar.

Pero los monarquistas tropicales deben haber tenido también otro respirito porque Guillermo Torres y Manel Fontdevila, los autores de la caricatura que puso a arder Troya hace un tiempo allá en España y que provocó la suspensión de una revista que se atrevió a poner en portada un dibujo de los príncipes herederos haciendo el amor, fueron condenados a pagar una multa de tres mil euros. El fiscal que llevó el caso alegó que la caricatura "extralimitaba el derecho a la libertad de expresión con expresiones manifiestamente injuriosas e innecesarias" contra el príncipe heredero, quien, según la nota de prensa que informaba del asunto, "no deja de ser un ciudadano, un ser humano, con su pleno derecho al honor". Además, el fiscal calificó la publicación de "soez, grosera, de mal gusto y zafia".

La sentencia me dejó pensando: ¿y qué diría ese fiscal si lo trajésemos para acá y le diera un vistazo a las publicaciones nuestras, sobradas en soecidad, grosería, mal gusto y zafismo? No alcanzarían los reales de muchos para pagar tantas multas.

mlinar2004@yahoo.es


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Mariadela Linares


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