En las orillas del Golfo Pérsico, hace milenios, emergió de las profundidades un ser híbrido e inesperado: Oannes, el hombre-pez. Según el sacerdote babilónico Beroso, este ser anfibio, enviado por el dios Enki, encontró a la humanidad viviendo "sin orden ni concierto, como las bestias de campo". Su misión era civilizar: enseñó escritura, agricultura, arquitectura, leyes y ciencias, transformando el caos en cultura antes de retirarse cada noche al mar. Este mito mesopotámico, lejano en tiempo y espacio, resuena hoy con una inquietante actualidad en la realidad venezolana. El país atraviesa su propio "momento Oannes": una transformación profunda e impuesta desde un poder externo que emerge abruptamente, prometiendo orden y progreso tras el caos. El secuestro de Nicolás Maduro el 3 de enero por fuerzas estadounidenses y la posterior instalación de un gobierno encabezado por Delcy Rodríguez representan una intervención civilizatoria moderna, tan cargada de promesas como de paradojas y riesgos.
Venezuela no está en transición democrática, sino en una reconfiguración tutelada del poder. Como Oannes surgió del mar para dictar las bases de la sociedad, la Administración Trump, a través de una "negociación bajo coerción externa creíble", ha redefinido las reglas del juego. La pregunta central que se cierne sobre el país no es simplemente si habrá cambio, sino qué naturaleza tendrá ese cambio: ¿será una imposición extranjera que perpetúe nuevas formas de dependencia, o germinará de ella, contra todo pronóstico, una soberanía auténticamente popular? El paralelismo con la antigua Mesopotamia nos invita a desentrañar esta complejidad. Allí, Bit Meseri (la "casa del confinamiento" o de la prisión) era el lugar donde se custodiaba el conocimiento sagrado y el poder. Hoy, Venezuela navega entre la promesa de liberación de su propio "Bit Meseri" económico y político, y el riesgo de que las nuevas reformas, como la petrolera, construyan una prisión más sofisticada, disfrazada de modernización.
El Diluvio Moderno: Ruptura y Coerción como Partera de la Historia
El 3 de enero de 2026 marca una línea divisoria en la historia venezolana tan clara como la que los mitos sumerios trazaban entre el tiempo antes y después del Gran Diluvio. La operación militar que secuestró al presidente Maduro no fue un mero cambio de gobierno; fue un evento fundacional de un nuevo orden, impuesto desde fuera. La teoría política clásica habla de transiciones por ruptura, reforma o negociación. Venezuela vive un modelo híbrido y atípico, una ruptura ejecutada externamente, seguida de una negociación donde una de las partes—la élite chavista remanente—opera bajo una amenaza creíble y permanente.
Esta coerción es el motor que impulsa cambios que eran impensables hace apenas un mes. La administración Rodríguez, presentándose como garante de la "Revolución Bolivariana", actúa en un estrecho margen: debe satisfacer las demandas de Washington para evitar una escalada, mientras intenta mantener la cohesión interna del chavismo y su control sobre el aparato estatal. No es un gobierno plenamente soberano, sino un administrador interino de un proceso dictado desde el exterior. Como Oannes enseñaba a los hombres a construir templos y leyes, Washington ha entregado una hoja de ruta con prioridades claras: estabilización, recuperación económica, y una ambigua "reconciliación y transición". El verdadero poder de gobernar, el me de la soberanía, parece aún en manos ajenas.
La Reforma Petrolera: ¿El Nuevo "Me" o la Venta del Alma Nacional?
Si hay un área donde el paralelismo con la misión civilizatoria de Oannes es más tangible, es en la transformación radical del sector energético. La reforma parcial de la Ley Orgánica de Hidrocarburos, y la Ley de Amnistía, aprobada y firmada con celeridad por Delcy Rodríguez, revierte dos décadas de dogma chavista. Promete atraer inversión, revitalizar la industria y generar riqueza. En apariencia, es la enseñanza técnica moderna, cómo explotar eficientemente las mayores reservas probadas de petróleo del mundo. La otra Ley para alcanzar la Paz, ¿Cuál Paz?
Sin embargo, una mirada más profunda revela las sombras de este nuevo conocimiento. La reforma no nace de un debate nacional soberano, sino como respuesta directa a una demanda clave de la Casa Blanca. Su diseño, según análisis críticos, parece "blindar los intereses de los cargos de poder" más que proteger el interés nacional. Institucionaliza modelos como los Contratos de Participación Productiva (CPP), creados bajo el opaco paraguas de la Ley Antibloqueo de Maduro, que otorgaban a empresas privadas—muchas de ellas de dudosa trayectoria y vinculaciones políticas—el control operativo y financiero de campos estratégicos, reduciendo la participación fiscal del Estado.
El Estado venezolano, en la práctica, comienza a ceder el ejercicio de una actividad que la Constitución declara reservada. Esto plantea una pregunta fundamental: ¿Esta reforma es el conocimiento útil que trae el Oannes contemporáneo para salvar a Venezuela de su colapso económico, o es la entrega del control estratégico del país a nuevos amos, esta vez bajo un disfraz legal y con el aval de Washington? La promesa de estabilidad jurídica y arbitraje internacional choca con el histórico mandato constitucional de resolver disputas en tribunales venezolanos. Es un conflicto entre dos visiones de soberanía: una globalizada y garantista para el capital, y otra nacional-estatista.
Delcy Rodríguez: La Suma Sacerdotisa del Nuevo Culto Híbrido
En este drama mitológico-político, Delcy Rodríguez desempeña un papel fascinante y ambiguo. No es el Oannes extranjero, sino algo así como la "Apkallu" terrenal, el sabio consejero humano que, según la tradición mesopotámica, sucedió a los seres anfibios y mediaba entre su legado y los reyes. Ella es la traductora y ejecutora local del mandato externo. Su discurso es de continuidad revolucionaria y lealtad a Maduro (a quien llama "secuestrado"), mientras sus actos ejecutan un viraje económico que desmonta pilares fundamentales del chavismo original.
Rodríguez navega un camino casi imposible. Por un lado, anuncia planes como el "Estado Mayor Agroalimentario" y el "Plan Reto Admirable 2026", en la retórica bolivariana tradicional. Por otro, firma la ley que abre el petróleo a la privatización. Ha realizado decenas de cambios en las Fuerzas Armadas para asegurar lealtades y habla de una "Ley de Amnistía" para la convivencia, mientras el aparato represivo, según observadores, no se ha desmantelado. Su poder se basa en una legitimidad de emergencia y en el cálculo de las élites de que es la mejor opción para preservar cuotas de poder bajo la nueva realidad. Es la guardiana de un "Bit Meseri" adaptado, donde se encierra al chavismo de Maduro para salvar al chavismo como estructura de poder.
El Pueblo en la Encrucijada: Entre la Esperanza Cautelosa y el Temor Persistente
¿Y la humanidad a la que debe civilizar este nuevo Oannes? El pueblo venezolano vive una esquizofrenia colectiva. Hay señales de alivio económico: caída de precios de algunos alimentos, regreso de aerolíneas, una leve reactivación. La liberación de algunos presos políticos genera esperanza. Para muchos, cualquier cambio del infierno hiperinflacionario y represivo de los últimos años es bienvenido.
Pero la incertidumbre y el temor son profundos. Ciudadanos reportan que "el miedo persiste", que cualquier persona puede ser detenida en la calle. Expertos como Benigno Alarcón señalan que una transición genuina requiere un cambio de gobierno efectivo, una transformación institucional y la descentralización del control de las fuerzas de seguridad, elementos aún ausentes. Hay un escepticismo comprensible: ¿Se está construyendo una democracia o una "hibridación prolongada", donde la estabilización económica posponga indefinidamente la apertura política? El gobierno interino parece tener poco entusiasmo por elecciones libres en el corto plazo, pues "sabe que no le beneficiarían". El pueblo, como los sumerios ante Oannes, recibe las enseñanzas, pero no decide el currículo.
Hacia un Porvenir Auténtico: Más Allá del Hombre-Pez y la Coerción
El mito de Oannes encierra una advertencia crucial. La civilización que imponen agentes externos, por más benévolos que parezcan, carece de las raíces profundas de la autodeterminación. Los Apkallu, tras cumplir su labor, retornaron al Apsu, "el reino de las aguas profundas", y nunca más fueron vistos. ¿Qué quedará en Venezuela cuando la coerción externa pierda intensidad, cuando la ventana de oportunidad política en Washington se cierre o cambie de prioridades?
El futuro mejor para Venezuela no puede depender eternamente de la tutela de un Oannes extranjero, sea este el gobierno de EE.UU. o los capitales internacionales. La verdadera transición—la que conduce a una soberanía plena y a una democracia vibrante—debe ser endógena. Debe surgir de un pacto nacional que incluya a todas las fuerzas políticas y sociales, que repare el tejido social y que recupere las instituciones para el pueblo. Las reformas, como la petrolera, deben ser transparentes, sujetas a control público y parlamentario genuino, y orientadas a generar bienestar para las mayorías, no solo ganancias para élites antiguas o nuevas.
Venezuela necesita, más que las enseñanzas técnicas del hombre-pez, un renacimiento de su conciencia cívica. Un proceso donde, como en el viaje de Jonás (cuyo nombre en griego es Ioannes, vinculado a Oannes), el país atraviese simbólicamente las profundidades de su crisis para emerger transformado por su propia voluntad y decisión. O como Pinocho, otro personaje vinculado a este arquetipo, debe dejar de ser una marioneta de poderes externos e internos para convertirse en un "niño de verdad", autónomo y responsable.
El camino es estrecho y el reloj corre. El riesgo de una "reversión autoritaria adaptada" es real: que la coerción externa se disipe antes de que se consoliden garantías democráticas, y que la élite gobernante, habiendo aprendido a simular cambios, perpetúe su control con un nuevo rostro y nuevos socios. Para evitarlo, la comunidad internacional debe equilibrar presión con apoyo a la sociedad civil venezolana. Y, sobre todo, los venezolanos deben encontrar la fuerza para escribir su propio relato posdiluviano. La esperanza no está en el próximo Oannes que surja del mar, sino en la capacidad colectiva de navegar, construir y, finalmente, gobernar sus propias aguas. La fiereza y el orgullo nacional solo tendrán sentido cuando se traduzcan en la construcción soberana de un porvenir donde el pueblo no sea espectador de su propia historia, sino su autor definitivo.
Lema: "Ni tutelas foráneas ni regresiones autócratas: la verdadera soberanía nace del pueblo consciente"
De una venezolano, hijo de la Patria del Libertador Simón Bolívar.