Nuevo sujeto histórico, social y global

Red Académica Internacional Historia a Debate

A menudo los analistas académicos, y no digamos los políticos, pasan por alto el papel de los movimientos sociales a la hora de comprender y explicar los hechos y procesos políticos, sujetos hoy en día a cambios veloces. Incluso los historiadores cometemos a menudo el fallo de estudiar los conflictos, movimientos y revueltas sociales, separados del resto de la historia, que debe y puede ser global e inmediata.

Para la comprensión de las entrelazadas globalizaciones del pasado y el presente, es crucial relacionar los movimientos políticos, económicos y militares con los movimientos sociales, y su influencia electoral, en los diferentes niveles, así mismo entrelazados: local, regional, nacional y mundial.

La globalización nacida en el tránsito del siglo XX al siglo XXI vino acompañada de un nuevo movimiento social global que perdura con fuerza inusitada hoy en día, como consecuencia de la continuidad de los problemas que los suscitaron, y del surgimiento de otros nuevos. Sus protagonistas son ante todo los jóvenes, especialmente universitarios, al igual que ha sucedido en otras épocas de cambio histórico, que ven estrecharse sus vías de futuro. La revolución de las comunicaciones ha multiplicado enormemente la capacidad de sus movilizaciones y el contagio de una ciudad a otra, de un país a otro, de un continente a otro. Están contra las dictaduras, la corrupción, la desigualdad, la represión, el racismo, el machismo, el genocidio, el militarismo… Demostrando que los valores universales de libertad, igualdad, paz y solidaridad están más vivos que nunca en la sociedad civil de nuestro tiempo global. Una realidad mayoritariamente antagónica entre los jóvenes con los hechos regresivos que ya hemos hecho notar: auge de la derecha ultra, guerras e imperios, anarquía y desgobernanza global.

El punto inicial de inflexión de la historia global de los movimientos sociales fue la revuelta zapatista de 1994, cinco años después de la caída del Muro de Berlín, levantamiento de carácter local, pero transcendencia global. Si bien el primer movimiento social propiamente mundial, denominado antiglobalización, data de 1999: la manifestación de 50.000 jóvenes anticapitalistas, obreros y ecologistas, en Seattle contra la cumbre de la Organización Mundial del Comercio.

Grandes manifestaciones internacionales que se repitieron los años siguientes, incluyendo en sus objetivos las reuniones del Fondo Monetario Internacional (Praga, 2000) y el Banco Mundial (Barcelona, 2001, 150.000 manifestantes). En 2001, se creó en la misma línea el Foro Social Mundial en Porto Alegre bajo el lema "Otro mundo es posible", rebautizando el movimiento antiglobalización como altermundista. Adversarios del neoliberalismo, las grandes multinacionales, el libre comercio y la mercantilización de la sociedad, los altermundistas buscaban elaborar y proponer alternativas de economía y sociedad (v.g. la tasa Tobin), para promover cambios reales y no reducirse al criticismo. No plantearon ni apoyaron sin embargo formas de sociedad alternativas. Y menos formas de globalidad deseada distintas del dominio en aquellos años de las grandes multinacionales. Demostraron, en cualquier caso, que era posible cuestionar y movilizarse contra un orden mundial deshumanizante generado, sin control alguno, por los mercados y los organismos financieros mundiales. Dando inicio a una social globalidad que se mantiene muy activa hoy en día como contrapunto objetivo del nacionalismo extremo e imperialista de la emergente de la extrema derecha occidental y las autocracias orientales.

Esta primera versión del movimiento social global, centrado en las contra reuniones del BMC, FMI, G8 (foro económico, hoy G7, Génova, 2001) y BM y las reuniones alternativas del FSM (antagónico del Foro Económico Mundial de Davos), se mantuvo ajeno a las políticas nacionales, limitando así la posibilidad de cambios reales, efectivos y progresistas contra la globalización neoliberal, que en cambio se consiguieron en paralelo, puntualmente, gracias a elecciones democráticas ganadas, en los países de la America bolivariana adscritos al extinguido "socialismo del siglo XXI".

La gran paradoja es que una o dos décadas después, con la crisis de 2008, el fin del neoliberalismo, las deficiencias y corrupciones de las democracias realmente existentes, junto con as perennes carencias de la gobernanza global asimismo existente, es la ultraderecha mundial gobernante, pilotada por Trump en los Estados Unidos de América, quien busca poner fin a la globalización neoliberal con aranceles, proteccionismo, autoritarismo y guerras imperiales. Cambio a peor que convierte a la vieja democracia y el libre comercio, en reivindicaciones (cuasi) progresistas.

Proceso degenerativo ultraconservador que encontró su respuesta en la siguiente fase del nuevo movimiento social global, iniciada en 2011 y continuada en el presente: los indignados y sus sucesores.

Igual que en los restantes movimientos sociales globales del siglo XXI, el uso de Internet, las redes sociales y los móviles son decisivos en 2011 para la difusión de las convocatorias junto con una comunicación social y mundial instantánea. Ahora las grandes movilizaciones saltan de un país a otro adaptándose a las particulares condiciones nacionales políticas, económicas y culturales, lo que amplia exponencialmente la masa de participantes.

En la movilización indignada la ocupación de plazas públicas fue un elemento común como forma de lucha, igual que el carácter pacífico de las protestas y la combinación de las reivindicaciones económicas y sociales con reivindicaciones políticas, adaptadas a cada país. Lo que permitió alcanzar algunos resultados, en España, Túnez y otros países, así como sembrar semillas de cómo resolver los problemas, a la generación siguiente.

El precedente más influyente del estallido de 2011 fue Islandia, donde una rebelión social se negó, en 2008, a pagar el coste de la crisis y rescatar a los bancos, que se nacionalizaron, crearon bancos públicos y dejaron de pagar la deuda pública. Cambiaron el gobierno por la vía electoral y convocaron dos referéndums en 2010 y 2011. Consiguiendo salir de la crisis en 2012, haciendo crecer un 2-3 % el PIB, mientras que el resto de Europa seguía cayendo arrastrada por los mercados.

La chispa fue la autoinmolación en Túnez el 4 de enero de 2011 del joven de 26 años, Mohamed Bouazizi, vendedor ambulante, en protesta por el acoso de la policía que le impedía ganarse la vida. El levantamiento juvenil empezó en Túnez y se extendió en dos direcciones: en el Este hacia otros países árabes con gobiernos autoritarios (la llamada "primavera árabe"), y en el Oeste hacia los países con gobiernos democráticos, partiendo de la manifestación en Madrid del 15 de mayo de 2011 (15M).

En 2011 el movimiento juvenil derrocó en el Norte de África y en Oriente Medio a los dictadores en Túnez (país donde más duró el efecto democratizador) y Egipto, desatando un proceso que, con guerras por medio, terminó también con los regímenes autocráticos de Libia, Yemen y Siria.

El paso de las manifestaciones pacíficas a las guerras, y las intervenciones externas, disolvieron el efecto propiamente indignado y demostraron al final la ausencia de condiciones para acceder a una democracia estable en la región. Con todo, el fundamentalismo islámico tuvo después significativamente menor influencia en los países donde arraigaran masivamente, en 2011, entre los jóvenes, los valores antiautoritarios y democráticos de paz, justicia y libertad.

El 15M hizo de España el centro difusor del movimiento indignado en Occidente, será también donde el efecto político ulterior resultará más evidente. Las manifestaciones indignadas se extienden desde Portugal (Geração á Rasca) a EE. UU. (Occupy Wall Street), pasando por Bélgica, Grecia e Israel. El 15 de octubre de 2011 tiene lugar una jornada mundial indignada, organizada por "Democracia real, ya" (15M) en la que participan 1051 ciudades de 90 países.

La chispa del 15M fue la política de austeridad impuesta el año de 2010 en España con el objeto de pagar la deuda pública, que fue introducida a continuación en la Constitución para hacerla obligatoria por el Gobierno del PSOE, con los votos del PP. Justo un mes después del segundo referéndum de 2011 en Islandia que decidió no pagar la deuda pública a costa de los ciudadanos. Los recortes y el paro (5 millones de desempleados, 22 %) agrandaron el sentimiento de agravio de una Juventud sin Futuro (nombre significativo de otro grupo del 15 M). En España el paso a las reivindicaciones políticas fue inmediato, gritaban en las manifestaciones y las asambleas de las acampadas: "No nos representan, no"; "Le llaman democracia y no lo es". El movimiento indignado no era, desde luego, contra la democracia, todo lo contrario, querían una democracia real y verdadera, directa y plural, social, sin corrupción.

Cantaban, asimismo: "Europa para los ciudadanos, no para los mercados". Reflejando de este modo el estancamiento que ya mencionamos de la Union europea, restringida en la primera década del nuevo siglo al mercado único, y que ya se reflejara en el voto negativo de los franceses, en 2004, a la propuesta de Constitución europea que tenía sus virtudes, pero la veían justamente alejada de la Europa social. Los indignados de 2011 querían claramente otra forma de globalidad, demandaban una UE más completa y efectiva, política y social, problema que 15 años después sigue estando al orden del día.

Lo excepcional de los indignados españoles es que sirven de base (sus críticas y demandas llegaron al 70% de aprobación en los sondeos) para la fundación de un partido político, Podemos, que se presentó a las elecciones europeas del 25 de mayo de 2014, obteniendo representación en el Parlamento europeo. En ningún otro país se llegó tan lejos en cuanto a efectos políticos del nuevo movimiento social de 2011. Podemos tuvo buenos resultados en España en las elecciones siguientes, acabando con el bipartidismo español y formando con el PSOE un gobierno de coalición de izquierdas en 2020, el primero desde la II República, que todavía está hoy en activo. El único ahora de esas características en Europa. Destacando por sus políticas sociales y en pro de los derechos de las personas, haciendo por consiguiente innecesarias las grandes movilizaciones indignadas de la década anterior.

La social globalidad siguió manifestándose en el mundo tras el estallido de 2011, saltando de un país a otro, ganando en intensidad conforme la ultraderecha iba ganando gobiernos y mostrando su verdadera cara. Haremos un recorrido por de las movilizaciones de mayor envergadura a iniciativa de una nueva generación. En la mayoría de los casos la iniciativa es de estudiantes y jóvenes que consiguen el apoyo popular; en algunos otros participan de manera significativa en el marco de un levantamiento de origen más amplio, popular (v. g. Irán, 2025-2026).

Elaboramos una lista de las grandes manifestaciones por años y países, primero las consideradas de mayor continuidad con las iniciales de 2011, que los medios solían relacionar ya con el 15M o la primavera árabe. Después, en la segunda década viene otra ola indignada, si acaso más potente, que comparte protagonismo juvenil-estudiantil, y reivindicaciones democráticas y anticorrupción, con los indignados de primera época, en países que estaban seguro entre aquellos 90 adónde llegó la jornada indignada mundial del 15 de octubre de 2011, organizada desde España. Jornada de acción global fundamental en su momento para la extensión del movimiento, su programa, método y estilo, en Occidente y Oriente, al Norte y al Sur. Encontramos a menudo un hecho agraviante que hace de chispa para estas nuevas movilizaciones en países con recuerdo activo de los indignados del 2011.

Ubicamos 42 países (ver Apéndice) donde hubo movilizaciones indignadas post-2011 en la segunda y tercera década del siglo en Asia (18), América (10) África (7) y Europa (5, la mayoría del Este). Diez y seis tuvieron lugar en la década milenial de 2010 (excluyendo la explosión de 2011) y veinte y seis en la década de 2020 con la Generación Z, sobre todo en Asia.

En general, la tercera década indignada sucedió en países con democracias inestables, pasados -o presentes- autocráticos, resultados electorales usualmente impugnadas y tendencia a una brutal represión, lo que concede más valor a los levantamientos, muestra que la solución del mundo pasa por más y mejor democracia, mal que le pese al peligroso aprendiz de dictador Donald Trump, al imperialista Putin y a la rampante y espeluznante moda de la ultraderecha occidental.

Las movilizaciones indignadas del Sur y Sureste asiático entrañan un relevo generacional respecto de los primeros indignados de Occidente y el Norte de África. Utilizan más ahora el nombre de Generación Z y comparten por supuesto las demandan de los milenials indignados contra el paro, los precios, la desigualdad y la falta de futuro, defendiendo en lo político una democracia real sin corrupción, reaccionando contra el autoritarismo y la represión violenta de sus protestas pacíficas. Recurren así mismo a Internet para comunicarse en tiempo real y organizarse, por lo que la red fue bloqueada represivamente en algunos casos (v. g. Irán y Uganda). A diferencia de las revueltas occidentales, las asiáticas tienen lugar comúnmente en Estados con democracias corruptas e inestables, o en regímenes autocráticos o militares. Quedó a salvo del "contagio" la República Popular China (autocracia de partido único) que vivió, sin embargo, estos movimientos indignados en sus límites: Hong Kong en 2014 y 2019, Taiwán en 2014. De manifestarse en el futuro la indignación generacional en su interior, y ser objeto de masacres como la de Tiananmén en 1989, el prestigio internacional de China como gran potencia favorable al multilateralismo y la gobernanza global se hundiría: tendría que negociar.

Otro nuevo rasgo de la ola marcada por las grandes rebeliones sociales asiáticas es el avance en la consecución directa de resultados. En once de los países movilizados (Bangladesh, Serbia, Nepal, Sri Lanka, Mongolia, Filipinas, Bulgaria, Madagascar, Togo, Kenia y también Perú) los estudiantes y jóvenes consiguieron dimisiones o cambios en gobiernos en 2025 (salvo Sri Lanka que fue en 2022), predominando la corrupción y la situación económica en las denuncias de las movilizaciones. En Chile (2019-2020) el gobierno concedió a los estudiantes en lucha una "nueva agenda social" y una "nueva Constitución. En Kenia (2024) las manifestaciones fueran contra la subida de impuestos y lograron la retirada de la Ley.

Mas, todo lo conseguido no solucionan el problema de fondo. Este año de 2026, los estudiantes de las universidades de Serbia, en lucha desde 2024, con el apoyo masivo de la población, contra la corrupción del gobierno pro-ruso, han acordado presentarse a las elecciones previstas para finales de año, si no es anticipan como exigen los indignados.

Doce años después de la experiencia española de Podemos. La combinación de la movilización social y la movilización electoral -y las coaliciones de gobierno- están llamadas a ser, allá donde sea posible, el camino a seguir para perfeccionar la democracia, vencer a la extrema derecha y combatir los imperialismos, presentes y futuros.

Además del protagonismo asiático, es menester subrayar otras tres innovaciones de relieve cara al futuro de la globalidad alternativa que va perfilando la emergente sociedad civil global y rebelde desde finales de la segunda década: el feminismo de masas desde 2017, el levantamiento norteamericano de 2025 y las manifestaciones pro-Palestina también de 2025, el año del gran salto indignado en Asia, como lo fue 2011 para Occidente y los países árabes.

La enorme difusión de la Marcha de Mujeres Global de 2017 (8M en España) vio nacer, con el cambio generacional, un nuevo impulso de este nuevo sujeto social emancipador con las grandes manifestaciones en 87 países de cinco continentes. Nuevo paradigma que proporciona solidez y perspectiva a los movimientos indignados del siglo XXI, de los que forma parte, contra las desigualdades de todo tipo y por una verdadera democracia.

Por su parte, el movimiento "No Kings" organizó contra el autoritarismo de Trump 2.700 manifestaciones en más de 50 Estados de los Estados Unidos de América, el 14 de junio y el 18 de octubre de 2025, en las cuales participaron casi siete millones de personas, según los organizadores. Un salto cualitativo que tiene una especial valía para la globalidad social en construcción por tener lugar en la boca del gran dragón que nos amenaza a todos.

En tercer lugar, debemos destacar las jornadas indignadas de las grandes manifestaciones en Occidente y Oriente, el Norte y el Sur, para parar el genocidio de Gaza a principios de octubre de 2025, inducidas por la acción de Israel contra la flotilla internacional de ayuda a Gaza y la detención de sus participantes. La movilización solidaria de millones en todo el mundo en cuestión de días muestra la capacidad del movimiento indignado global para hacer converger las grandes manifestaciones -generalmente itinerantes, fragmentadas en el tiempo y el espacio- focalizadas en un hecho agraviante concreto y sangrante, en este caso acontecido en Asia occidental. El éxito está a la vista y fue inmediato: el 10 de octubre de 2026, Israel declaró un alto el fuego, aconsejado por su "Gran Hermano" Donald Trump. Vino precedido de otro logro (institucional) también de ámbito mundial pro-Palestina: en la sesión plenaria de la ONU del 23 de setiembre de 2025, 150 países (80 % de la Asamblea) reconocieron al Estado palestino dejando en evidencia el aislamiento de Donald Trump, allí presente, sostén militar y político del genocidio cometido por la extrema derecha israelí contra los palestinos. Trump pretende ahora capitalizar de manera oportunista una paz (relativa) para controlar directamente la franja de Gaza, a través de una Junta de Paz que el mismo presidiría, con la intención última de construir un negocio inmobiliario en la franja de Gaza.

En conclusión, en el siglo XXI estamos viviendo una creciente sucesión de grandes movilizaciones dirigidas y organizadas, sin que medie partido alguno, por nuevas generaciones de jóvenes y estudiantes, milenials y Generación Z, a las que seguirán con toda probabilidad, en unos años, la Generación Alfa.

Fenómeno global colectivo que está pasando desapercibido para las élites nacionales y las instituciones establecidas, que no sacan conclusiones sobre el evidente denominador común de estas grandes movilizaciones, con sus conexiones multilaterales en tiempo real y el hecho inédito de su extensión realmente global al juntarse el Norte con el Sur, el Este con el Oeste. Constituyendo en definitiva una globalidad social alternativa que, erre que erre, se manifiesta, año tras año, país tras país, continente tras continente, en favor de una democracia distinta a la que tenemos, menos corrupta, más justa, social e igualitaria con las personas, comprometida de verdad con la paz y el medio ambiente, y contraria por lo tanto a todo tipo de autoritarismos. Quieren de verdad cambiar el mundo, como los del 68 en el siglo XX, pero ahora con millones de personas en la calle en todo el mundo en momentos diferentes y con orientaciones convergentes.

Al mismo tiempo, estamos viviendo el paradójico y no menos sorprendente auge de la extrema derecha en el mundo Occidental en el plano ideológico, político y gubernamental. Movimiento ultra que degrada la democracia desde dentro y trae al presente la guerra y las agresiones imperiales. Primero Rusia contra Ucrania (2022), después Israel contra Gaza (2023), ahora los EE. UU. contra Venezuela (2025) y el mundo (Pax Americana). En todos estos casos los dirigentes de las potencias agresoras son políticos de ultraderecha. Nunca paz y democracia fueron tan lo mismo como hoy.

Resulta evidente pues el antagonismo entre la joven globalidad social partidaria de una democracia real y el ascenso institucional de este fascismo adaptado al siglo XXI, que sabe aprovecharse para lograr votos de los defectos de nuestra democracia, de las poblaciones vulnerables por la falta de políticas sociales y del desgobierno de la globalización económica.

El movimiento social global es hoy por hoy la última defensa que la historia ha generado, siguiendo nuestras mejores tradiciones de liberté, égalité, fraternité, frente al repunte de los ultras, tanto a nivel nacional como global, pero no es suficiente. El sujeto histórico-social del mundo globalizado ha de ir más allá, pasando el relevo de una generación a otra, como hasta ahora, en dos direcciones. Primero, participar masivamente en las elecciones nacionales, para ganar posiciones en las instituciones y en los gobiernos, como hizo el 15M en 2014 y se aprestan a hacer los estudiantes serbios en 2026 según ya anotamos. Segundo, proponer y/o apoyar en los ámbitos transnacionales las formas realmente existentes de globalidad regional, continental y mundial de carácter democrático pugnando por dotarlas de contenido social, derechos para todas las personas y medidas contra el cambio climático. Un gran paso político para los movimientos estudiantiles y juveniles actuales y futuros, manteniendo sus bases nacionales, que el movimiento antiglobalización y altermundista ya esbozara, sin resolver, a principios de siglo. Tardará. Antes hay que revertir, en la calle, las conciencias y los votos, la proliferación de partidos ultras, sus guerras y sus imperialismos.

Apéndice

Selección de las grandes revueltas sociales en 42 países de iniciativa juvenil, milenial y Generación Z, o participación destacada, en el Norte y el Sur, el Este y el Oeste, entre 2011 y 2026, especificando la chispa inicial y/o el motivo final de los alzamientos.

México (yosoy132, 2012); Turquía (Occupy Gezi, 2013); Brasil (precio del transporte, 2013); Israel (precio de la vivienda, 2013); Honk Kong (Occupy Central, pro-democracia, 2014); Taiwán (Sunflower Movement, 2014); Honduras (corrupción, 2015); Francia (Nuit Debout, 2016); EE. UU. (anti-Trump, 2016); Marcha de las Mujeres Global (2017); Irán (política económica, 2017-2018); India (discriminación religiosa, 2019); Chile (transporte público, 2019-2020); Malta (corrupción, 2019-2020); Hong Kong (pro-democracia, 2019-2021); Mongolia Interior (discriminación étnica, 2020); República Dominicana (suspensión electoral, 2020); Tailandia (suspensión partido "Futuro Hacia Adelante", 2020); Nigeria (represión policial, 2020); Colombia (impuestos, 2021); Myanmar-Birmania (contra el golpe militar, 2021); Sri Lanka (coste de la vida, 2022); Serbia (corrupción y elecciones, 2023-2026); Manifestaciones mundiales contra la guerra de Gaza (2023-2025); Bangladés (corrupción, 2024); Kenia (impuestos, 2024); Georgia (adhesión a UE, 2024); Estados Unidos (acampadas universidades pro-Gaza, 2024); Nepal (corrupción y autoritarismo, 2025); Madagascar (apagones, 2025); Marruecos (corrupción, reformas sociales, 2025); Paraguay (corrupción, 2025); Bulgaria (impuestos, 2025); Filipinas (corrupción, 2025); Perú (corrupción, 2025); Mongolia (corrupción, 2025); Malasia (corrupción 2025); Indonesia (corrupción y represión, 2025); Togo (coste de la vida y autoritarismo, 2025); Irán (coste de la vida, 2025-2026); Tanzania (autoritarismo, 2026); Uganda (elecciones, 2026).



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