La catástrofe que nos amenaza y como combatirla

Es el titulo de un folleto escrito por Lenin el 23-27 de septiembre de 1917, allí se describe una situación de "Catástrofe" del país, de la Rusia revolucionaria, las amenazas que se cernían sobre Rusia, el transporte parado, el cese de la circulación de las materias primas, incluso del suministro de cereales, el saboteo de los capitalistas respecto de la producción, confiando en la bancarrota de la República y la democracia de los soviets para restablecer el poder de la monarquía y la restauración de la omnipotencia de la burguesía y de los terratenientes. ¿Que lecciones nos dan estas enseñanzas de la historia política de la Rusia revolucionaria a la revolución bolivariana?.

Ciertamente vivimos una situación de asedio y acoso internacional por parte del imperialismo y su burguesía corporatocrática, la agresión a la moneda, su devaluación y depreciación mediante el dólar, así mismo su papel desde la frontera en el succionamiento de la liquidez del país, prácticamente dejar si liquidez la circulación nacional, el secuestro del oro base de circulación nacional y de respaldo del Banco Central Venezolano por parte del banco principal de Inglaterra, a esto se une el congelamiento de activos internacionales por parte de agencias capitalistas europeas y un tinglado de empresas nacionales apátridas en particular comerciales embarcadas en la guerra económica contra el país, contra el bolsillo de los trabajadores, saqueándolos día a día, destruyendo su poder de compra.

Podemos decir que la situación económica y política nacional e internacional es delicada, no ha desembocado en una catástrofe en término de bancarrota, pero si amenaza la paz y la seguridad social, la estabilidad de las instituciones, incluso la vida normal económica y social del país, se ha desatado dado la escasez de circulante, del efectivo, dificultades para circular, para traslado no solo de los trabajadores sino también de sus hijos, los escolares y estudiantes a todos los niveles, el mercado opera con doble rasero, un precio en efectivo y otro por punto, desangrando éste ultimo el poder de compra, matando de hambre al pueblo.

La oposición habla de crisis del modelo, de fracaso propiamente del socialismo bolivariano, del chavismo, de una crisis como nunca en la historia del país, añorando viejas ventajas del modelo capitalistas aún con todos sus vicios, que en otros tiempos se vivía mejor, que se podía comprar en el mercado cuanto quisiera o disponía la persona, que no había racionamiento en la compra, ningún limites, que abundaban las mercancías, las marcas, que alcanzaba el salario, rendía el dinero, asimismo, había alternativas desde la mejor a la peor calidad de productos. Ahora señalan, todo se ha perdido, fabricas y comercio han cerrado, expropiaciones fracasadas, mala gestión, pésimos gerentes, impericias, militares gerenciando sin experticias alguna, simplemente mediante el estilo conocido de ordeno y mando, etc, etc.

Todo sabemos que andamos una revolución, bolivariana, chavista y antiimperialista, no s una revolución de calco y copia de alguna revolución en los continentes de América Latina y el Caribe, Asia, África e incluso Europa o más allá Oceanía. Asimila si su experiencia, sus éxitos y fracasos, pero está consciente que tarde o temprano su caudal tropezaría contra esa fuerza imperialista, los Estados Unidos y Europa, contra ese modelo neocolonial que pretende redependizar las colonias, pagando tributos de la deuda externa, permitiendo saquear a precios baratos la materia prima, expoliando la clase obrera, creando un modelo económico estrangulado, deforme estructuralmente, con un sector informal abultado, consumista de los centros comerciales del poder, importador y parasitario de una elite en el poder que solo sabe vivir de la renta financiera y comercial.

Llevamos como decimos veinte años, nada de aquella estructura ha desaparecido, seguimos plegados al capital internacional, a sus mercados, no solo para comer sino también en la salud, en la industria, dependiente los equipos, de las maquinas, de los artefactos industriales mecánicos o eléctricos, incluso de los programas, de los software, en el transporte, en las oficinas, en las universidades, en las escuelas, podríamos decir que el saber y el trabajo se hace mediante la palanca de la dependencia, creando hábitos y actitudes coloniales, todo conspirando contra los deseos de independencia y socialismo.

Si ya sabemos que estos este sistema nos genera inequidades, cuando comenzaremos a desmontar tantos subsistemas coloniales, comenzamos desde la agricultura, desde la alimentación, sus hábitos, el consumo alimenticio, el país no puede perecer por saboteos externos al comercio, menos por cadenas distribuidores perversas, esas que especulan con los precios, los que hambrean al pueblo, que de no ser por la defensa del empleo por parte del Estado revolucionario, cuanta hambre no exhibiría el país en las calles, si ya vemos como desfilan personas pidiendo para comer, un país tan rico en materias primas no puede ser mendigo sus ciudadanos, el pueblo no puede estar pasando hambre, por cuanto de que existen los medios necesarios para resolver este problema, el de víveres para el pueblo.

Solo falta una revolución agrícola, asociaciones económicas populares, unidas a asociaciones, organismos e instituciones del Estado, invertir en el campo, en los pequeños y medianos campesinos, adquirir su cosecha, colocarla en mercados a cielo abierto, abastecer al pueblo, incorporar a las universidades y a las escuelas en el trabajo de recolección de cosecha, incentivar el trabajo escolar, potenciar de brazos la agricultura con trabajo voluntario, obligar de este modo, a los capitalistas del campo a bajar los precios de los alimentos, a reducir sus ganancias, democratizar el campo no solo en la producción también en el consumo. ¡Combatir la catástrofe y el hambre!, tal era la consigna de Lenin, "convencerse --como dice-- de que existen los medios necesarios como combatir la catástrofe, de que las medidas a adoptar son claras y sencillas, completamente realizables, plenamente asequibles a las fuerzas del pueblo, y que si no se adoptan es única y exclusivamente porque su implantación lesionaría las fabulosas ganancias de un puñado de terratenientes y capitalistas".

Continúa Lenin, explicando que la medida fundamental para atacar la catástrofe del hambre del pueblo, es "el control, la fiscalización, la contabilidad, la reglamentación del Estado, la distribución acertada de la mano de obra en la producción y en el reparto de los productos, el ahorro de las fuerzas del pueblo, la supresión de todo gasto superfluo de energía, su economía". ¿Qué significa para nosotros los venezolanos en estas condiciones de asfixie de la revolución bolivariana con el bloqueo comercial y financiero y las sanciones económicas?. Debemos reconocer que durante años, los países desarrollados capitalistas han venido monopolizando la esfera del control alimenticio, vale decir el monopolio de la producción y comercialización de alimentos del mundo, en particular del sistema capitalista, es un pocas palabras un instrumento de guerra para el control de los países subdesarrollados, dependientes del desarrollo de los países capitalistas desarrollados, con esto se aseguran la posibilidad real de que dichos países no se desliguen del sistema capitalista.

El control de los alimentos mediante las tierras, sobre todo aquellas de las mejores tierras de vocaciones agrícolas, de la tecnología agrícola y pecuaria, el control de los fertilizantes, de la bioquímica al servicio de la protección de los cultivos así como del personal calificado son medios que no busca otro asunto que derivar la dependencia, sostenerla, sobre todo de los países que producen alimentos agrícolas, pero por cuanto todos los países necesitan de alimentos, entonces cualquier países que ose enfrentar estos monopolios imperialistas y corporativos son objetos de presión y chantaje, uno de esos medios, es impedir la importación de alimentos, de semillas, de equipos, de tecnología, de instrumentos de producción científico y técnico que den respuesta al problema alimentario.

Con relación a "la fiscalización, la contabilidad, la reglamentación del Estado" el gobierno de la revolución bolivariana debe en primer lugar identificar los centros de acopios de los productos del agro, las bases productivas, los empresarios, los productos dirigidos al mercado, los precios mayoristas, los mercados a donde se dirigen, los mercados populares y no populares, los precios minoristas, a fin de establecer control sobre los precios, incluido el transporte o cualquier logística operacional. Se debe llevar una fiscalización de la contabilidad del proceso de producción así como de su distribución, de las oferta como de la demanda, para ello debe aprestarse la infraestructura del Estado así como de órganos de contraloría social establecidos constitucionalmente. Se debe identificar con ello, no solo el precio justo, razonable sino también garantizar el derecho al acceso a los bienes agrícolas o pecuarios.

Por su parte, Lenin agrega, "la distribución acertada de la mano de obra en la producción y en el reparto de los productos, el ahorro de las fuerzas del pueblo, la supresión de todo gasto superfluo de energía, su economía". Esto se concreta en economizar todo gasto superfluo, tal cual lo representan los gastos de los grandes mercados, puede ser de empaques, bolsas, energía eléctrica, y esto solo lo puede superar "mercados a cielos abiertos" donde el pueblo acceda a la compra de alimentos a menores precios del mercado capitalista, aprovechando en particular, la mano de obra campesina, las asociaciones de producción social, las cooperativas del campo, las granjas agrosocialista de carácter público, fincas pequeñas y medianas de productores con carácter socio.productivo, etc.

Bien lo decía Lenin, hay que "convencerse --como dice-- de que existen los medios necesarios como combatir la catástrofe, de que las medidas a adoptar son claras y sencillas, completamente realizables, plenamente asequibles a las fuerzas del pueblo", y esto se puede lograr con mas socialismo, con socialismo agrícola, productivo, aprovechando la fuerza económica del pueblo, su capacidad productiva, no hacerlo significa una grave irresponsabilidad política, un clara falta a pueblo, dejar que la catástrofe del hambre haga su papel de debilitar al pueblo, someterlo al chantaje del hambre mediante el mecanismo perverso de los precios distorsionados, de las roscas distributivas, de la manipulación de la escasez productivas, del acaparamiento criminal de los comestibles, en pocas palabras de los mecanismos perversos de la hiperinflación para desbancar el apoyo a la República Bolivariana de Venezuela.



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Alexander Kórdan Acosta R.

Economista. Magíster en Gerencia de Servicios Administrativos. Doctor en Ciencias Estratégicas para el Desarrollo. Profesor de la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV). Instructor de Cooperativismo Comunitario.

 kordankovki@gmail.com

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