El miedo es libre y...

Una cosa es invocar al diablo y otra es verlo venir. Apelamos al refranero popular, cuando nos embarga una profunda preocupación por lo que interpretamos como una actitud, en nuestro gobierno, no cónsona con su discurso.

Eso de afirmar que se es anti imperialista, que se es socialista, que se está dispuesto a morir por la patria es algo que hemos escuchado en boca de muchos, pero de ellos también son muchos los que terminan sus vidas como cipayos serviles de la oligarquía, de sus partidos y, por supuesto, del imperio.
Claro, tambien los hay de los que siempre se mantuvieron del lado de los buenos, como Chávez, Fidel, Allende y otros.

Por lo general la principal motivación del cambio mencionado es el dinero, pero no es la única. El miedo es una poderosa razón para que muchos traicionen su propia historia y se traguen su dignidad.
No es muy frecuente ver hombres que actúen como lo hicieron Husein o Gadafi (por sólo mencionar dos). Ellos prefieren morir destrozados por los gringos que abandonar sus convicciones y entregar su patria sin pelear.

Alli está la historia que demuestra que no son pocos los que dan un giro en sus posiciones cuando el miedo se adueña de su alma. Y es que, especialmente los gringos son implacables en la ejecusion de sus planes. Demostracion de esto que afirmamos es la invasión a Panamá y el largo encarcelamiento de Noriega.
Los hechos demuestran que los gringos no califican de narcotraficante a un líder político porque les gusta calumniar o como simple campaña difamatoria. Lo hacen con objetivos muy claros.
En el caso Panamá, necesitaban sacar del poder a un Noriega que estaba empeñado en adelantar el retorno del Canal a su país y lo hicieron. Lo calificaron de peligroso narcotraficante y lo fueron a buscar.

Todo lo anterior lo exponemos porque las acusaciones de narcotraficante, lavado de dinero y de crímenes de lesa humanidad que le hacen al presidente Maduro y a otros líderes del gobierno venezolano, no son juego, ni son alardes.
Quien conozca un poco de historia sabe que esas acusaciones responden a una preparación de la opinión pública internacional, previo a una acción que podría acabar con la vida de esos dirigentes y la de los suyos o su encarcelamiento hasta el último de esos días.

Ese panorama le crea al presidente Maduro un dilema:
O se la juega a favor del pueblo, de su propia historia y del legado de Chávez aún a expensas de su vida o se raja y da un viraje de 360 grados para ponerse al servicio de la oligarquía y del imperio, salvando así el pellejo.

Nos cuesta creer y nos dolería profundamente que el Presidente opte por la segunda opción.
No lo creemos y menos lo deseamos, pero es conveniente que el Presidente se preocupe de no generar en sus filas esa sensación.
Si esa idea toma cuerpo en el pueblo chavista, éste lo dejará sólo y lo lanzará al basurero de la historia.

Es necesario revisar con mucho cuidado la actitud y las acciones tomadas. Algunas parecieran ser consecuencia del miedo y de un intento por congraciarse con el que, hasta ahora, se le ha dicho al pueblo que es el enemigo.
He aquí algunas de ellas:

1. Soltar un gringo calificado previamente de peligroso terrorista, con un argumento tan banal como: "así nos evitamos un problema".
2. Liberar un poco de malandros, guarimberos y terroristas, para complacer a la derecha sin que ésta haga nada para recibir esa concesión y peor aún, reconociendo que eran presos políticos, después de haber dicho hasta el cansancio que eran "políticos presos".
3. En medio de una guerra económica que mata al pueblo de hambre, el Presidente se reúne con los hambreadores y banqueros para hacer concesiones. Peligroso ese giro.
4. Mantener la política de inacción para combatir el bachaqueo, la especulación, el contrabando y el saqueo de efectivo perpetrado por la derecha.

Todo esto puede ser causa de errores, pero tambien de miedo. Sin embargo, ratificamos nuestra convicción de que a pesar de los riesgos el Presidente se matendrá leal a Chávez y a su pueblo y que lo ocurrido hasta ahora no son más que errores que como ser humano tiene derecho a cometer.

Le corresponde al Presidente con sus actos demostrar que jamás se rajará, pues claro está que el miedo es libre.



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Alexis Arellano


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