Expulsemos a Tom y cerremos la cabaña

La arremetida del gobierno norteamericano contra la soberanía nacional y la dignidad del pueblo venezolano, de ser un trabajo de los servicios secretos, a través de las agencias criminales que tiene Washington en el mundo entero para desestabilizar gobiernos y asesinar líderes incómodos, con la complicidad de los cipayos de la burguesía nacional de cada país, pasó a ser una provocación abierta y grosera mediante la insolente injerencia en los asuntos internos de la patria por parte del recién nombrado representante de negocios del imperio en nuestro país, que de manera permanente está emitiendo declaraciones, cuestionando decisiones soberanas del gobierno nacional y demás instituciones y dando instrucciones, como si fuese un primer magistrado nacional.-

La grosería de este ciudadano ha llegado al extremo de fijar posición oficial mediante comunicados emanados de la embajada gringa, sobre materias que solo compete a los ciudadanos venezolanos y en consecuencia la intromisión de cualquier extranjero, no puede catalogarse de otra manera sino de una insolente provocación, cual guapetón de barrio, amparado en la fuerza de la violencia contra pueblos pacíficos y trabajadores, cuyo único pecado ha sido decidir ser libres e independientes, con identidad propia y con el pundonor como legado histórico de los padres fundadores de la patria grande de todos cuantos nos sentimos orgullosos de llevar sangre rebelde aborigen en nuestras venas.

Cada vez que leemos las intolerables expresiones de agresión por parte de este indeseable extranjero en nuestro territorio, no podemos menos que sentir indignación y a veces hasta rechazo a la capacidad de tolerancia del gobierno bolivariano, que se limita a rechazar los insultos de este representante del pillaje planetario, contra la dignidad y la identidad de este noble pueblo, que soporta con estoicismo la criminal carga de los centros de poder imperial, que pretenden ponerlo de rodillas mediante el hambre, la desesperanza, la confusión y la miseria generada con el cerco mediático, económico y financiero, ejercido en contra la República Bolivariana de Venezuela desde instancias internacionales con el apoyo de la franquicia anti país, denominada MUD y demás factores apátridas, que sirven de cabeza de playa para la agresión contra la patria de Miranda, Bolívar, Simón Rodríguez, Zamora y Chávez, ejemplos de lealtad y dignidad, para la humanidad.

La tolerancia y el respeto a la opinión ajena tiene límites. Los venezolano no podemos estar como el boxeador contra las cuerdas, esquivando y bloqueando golpes sin ripostar debidamente frente a una agresión que no conoce límites y que solo persigue sembrar en el imaginario popular el miedo y la desesperanza frente a la democracia participativa y protagónica y la desconfianza en las instituciones del Estado, como armas para ir horadando las bases del Estado Nación, cuya destrucción es el proyecto final del sionismo, a través de las intervenciones "humanitarias" de la OTAN, sicario del Complejo militar, financiero y comunicacional, laboratorio en el cual se perfecciona la formula para la dominación imperial sobre el planeta, aun a costa de la destrucción de la humanidad.

El imperio es insaciable e implacable para alcanzar sus fines. Por eso no podemos abrigar esperanza en cuanto a un hipotético cambio en su política hacia la República Bolivariana de Venezuela, que ha sido seleccionada como diana para el ataque imperial, porque el señor Donald Trump y sus asesores al igual que su antecesor Barack Hussein Obama, piensan que destruyendo la revolución bolivariana, el efecto dominó será inexorable y la llama que avivó, en América, el Caribe y el mundo, el Comandante Eterno Hugo Rafael Chávez Frías, con su verbo y sus ejecutorias y que continúa iluminando senderos y alamedas será barrida con la gélida pisada de la bota imperial.

Por eso creemos que es imposible mantener relaciones de amistad, con las mafias imperiales y sus sirvientes en el mundo, como en este caso el personaje que tenemos en Caracas y que bien lejos de ejercer la diplomacia, solo hace la tarea del Tío Tom, como corresponde a los negros que por traidores a su clase se quedan sin ubicación étnica. Frente al constante irrespeto a la dignidad y soberanía del pueblo venezolano, sugerimos al pueblo y al gobierno bolivariano que para evitar más contaminación, expulsemos a Tom y cerremos la cabaña.





 



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Cástor Díaz

Periodista CNP 2414

 cd2620@gmail.com

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