Las cosas por su nombre

Conscientes del poder de la palabra, especialistas al servicio del enemigo principal del proceso bolivariano se han venido encargado de proveer a sus mandados locales argumentos, palabras y frases huecas concebidas para demonizar al presidente Nicolás Maduro y al chavismo, así como para incorporar incautos a su "causa", tapadera burda de una intervención maquinada para someter a nuestro país y a nuestra región a los intereses de la elite capital-sionista occidental.

Valiéndose del apoyo de gobiernos, organismos y medios al servicio de esas élites y magnificando las dificultades que las mismas han logrado imponerle al pueblo venezolano, traidores a la Patria y lideruchos de segunda han logrado que compatriotas humildes asuman como suya la guerra propiciada por sus enemigos de clase y repitan una misma cantaleta sin tener la menor idea de lo que están diciendo.

Peor aún, han logrado que un grupo de ellos comprometa su integridad y arriesguen sus vidas en contra de sus propios intereses, ocupando papeles protagónicos en la gran tragicomedia burguesa: "la cruzada a favor de la libertad y la democracia", abrebocas de la intervención extranjera.

Más esas élites y sus cipayos no contaban con el muy particular armamento del presidente Nicolás Maduro, del pueblo venezolano. La contrarrevolución subestimó la habilidad diplomática del Gobierno, no pensó nunca que los "barbaros" chavistas enfrentarían el terrorismo con amor y paz, no imaginó que Maduro convocara la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) ayer ansiada y hoy negada por ellos. Tampoco calculó que sus agresiones fortalecieran el liderazgo del Presidente y la cohesión de distintas corrientes y movimientos antiimperialistas en torno a la defensa de la Patria.

Ahora nos toca a nosotros hacer un uso certero de la palabra. Aprovechar los casi dos meses que faltan para la instalación de la ANC para explicar en las reuniones previas, en los medios, en los espacios públicos, en el campo, en los centros de estudio y de trabajo, en la calle, en las visitas casa por casa y en cualquier otra trinchera, de forma clara y sencilla el contexto mundial y las consecuencias que traería una guerra franca contra nuestro país. Y para ello debemos llamar las cosas por su nombre.

Tengamos presente que hablar de guerra sin identificar claramente sus causas y al enemigo resulta muy impreciso. Que equiparar terrorismo con "resistencia" y calificar indistintamente a los terroristas de jóvenes, delincuentes, vándalos o bandas, confunde la manipulación política de la violencia con lo delincuencial. Que hablar abstractamente de impunidad, de traición y de corrupción sin distinguir grados y sujetos es llevar la lucha política al impreciso terreno de la moral. Y así…



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Mariadela Villanueva

Analista y comunicadora. Socialista y chavista. Firme creyente del poder popular

 mariadelav@gmail.com      @mariadvillanuev

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