Buena vecindad

A cualquiera mínimamente familiarizado con la historia política le resulta claro que la acción de los gánsteres de la burguesía provoca directa, y a veces deliberadamente, actos terroristas. Los socialistas consideramos que la táctica del terror individual no se adecúa a los objetivos de la lucha por la liberación del pueblo y de las nacionalidades oprimidas. Un solo héroe aislado no puede sustituir a las masas. Pero tenemos bien claro que esos actos convulsivos de desesperación y venganza son inevitables. Todo nuestro sentimiento, toda nuestra simpatía, están junto al vengador que se inmola, aunque haya sido incapaz de descubrir el camino correcto.

Es probable que a comienzos de una guerra, cuando el ciego instinto de autoconservación combinado con la propaganda chovinista empuje al pueblo hacia sus gobiernos. Los principios del internacionalismo serán su baluarte contra el pánico generalizado de los de abajo y el terror de los de arriba. Verán con desprecio las oscilaciones y vacilaciones de la “democracia” filistea. Por otra parte, permanecerá estrechamente ligada a los sectores más oprimidos de la población y al ejército que derramara su sangre. El pueblo se ha vuelto mucho más pobre que hace cinco años, mientras que los medios de destrucción se han vuelto mucho más poderosos. Su colapso será la condición indispensable para el renacimiento del movimiento revolucionario, que no podrá girar alrededor de otro eje que no sea la Revolución Bolivariana Socialista y Chavista. Sus templados cuadros dirigirán al pueblo en la gran ofensiva.

El imperialismo “democrático”, que en Nuestra América es infinitamente más fuerte que el imperialismo fascista, intenta —no sin éxito— introducir a través del robo, el engaño y la concesión de privilegios sus propios agentes políticos en nuestros países, tanto en la burguesía, en la burocracia burguesa y la intelligentzia pequeñoburguesa como también en los estratos superiores de la clase trabajadora. Esos elementos corruptos de la burocracia o la “aristocracia” labora generalmente albergan sentimientos serviles, ni proletariados ni revolucionarios, hacia sus protectores imperialistas. Los agentes de la CIA utilizan estos sentimientos para reconciliar al pueblo de nuestra América con los esclavistas “democráticos”.

A esto hay que añadir que en donde los sindicatos, desgraciadamente, dependen directamente del estado, los puestos de la burocracia sindical se cubren generalmente con elementos provenientes de la intelligentzia burguesa. Se trata de abogados, ingenieros, etcétera, personas que no tienen nada en común con la clase trabajadora y que sólo pretenden utilizar las organizaciones sindicales en su propio beneficio, ya sea para mejorar su situación económica o favorecer sus carreras políticas.

Esforzándose por ocultar a los trabajadores su política crudamente egoísta, estos trepadores burgueses a menudo aparecen como “antifascistas” y “amigos del pueblo”, cuando en realidad son agentes del imperialismo.

¡Chávez Vive, la Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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