Santos y Uribe, caimanes del mismo pozo

Santos y Uribe son iguales. Son caimanes de un mismo pozo. Ambos son peones del Imperialismo Yanqui, obedecen al mismo amo y representan sus mismos intereses. Uno se reunía con el fascista Capriles Radonski y el otro con el super fascista Leopoldo López. No debemos caer en engaños. El presidente Santos de Colombia, es un hombre agudo, sagaz e inteligente, proveniente de la más rancia oligarquía colombiana, que ha gobernado ese país por más de 180 años, es la misma que traicionó al Libertador Simón Bolívar y la misma que asesinó al Abel de Colombia, General Antonio José de Sucre.

Santos, ha sabido enmascarar su oposición a la Revolución Bolivariana y a los procesos de poder popular en América Latina, mucho antes del golpe de Estado en Venezuela el 2002, el cual respaldó junto con su socio, el narco paraco Uribe Vélez, prototipo de ese entramado fascista, con enlaces en todo el hemisferio, vinculado no solo con el exacerbado neoliberalismo, sino con el paramilitarismo y el narcotráfico, respaldado y asesorado por EE.UU., con sus siete bases militares, en Colombia que son como siete puñaladas, incrustadas en el propio corazón de Latinoamérica.

Al asumir la presidencia en el 2010, todos esperaban que continuara, la política de Uribe, la cual respaldó, apoyó y ejecutó, cuando fue su Ministro de Defensa. Acusado ahora por el propio Uribe, de ser el más radical de sus ministros.

En agosto de 2010, en la cita de Santa Marta, con el Comandante Chávez, el día 10 de ese mes, pactaron recomponer las relaciones entre los dos países. Se supone Santos representaba no sólo una nueva etapa, sino un nuevo modo de tratar diplomáticamente, las evidentes diferencias de fondo que enmarcaban entonces y encuadran hoy las rutas de dos naciones que comparten destinos a fuerza de historia y geografía.

Recordemos que ese pacto, fue violado, por el presidente Santos al recibir el 29 de mayo, al ex candidato presidencial Capriles Radonski, que al perder las elecciones no ha querido reconocer al gobierno legitimo de Venezuela y a sus instituciones. Este encuentro fue interpretado, como un acto de agresión política a un país que no sólo salvaguarda discretamente el proceso de paz, sino que no ha incurrido en acto alguno de hostilidad contra el gobierno de Santos. No hay una sola actuación de tensión o enemistad a la que haya dado lugar el gobierno del presidente Maduro. Ni una sola. En cambio, es ostensible la repercusión que tuvo de dar el beneplácito a Capriles en su campaña de atentados al proceso bolivariano, que comenzaron años atrás, y que el 14 de abril confirmó en su escalada y estrategia. El día de las elecciones, cuando, tras perderlas, habiendo manifestado anticipadamente que no reconocería los resultados, llamó a la violencia, incluso contra el personal cubano, como está probado, desencadenando las arremetidas de terror contra gente pobre, que dejaron (11) muertos, todos militantes chavistas, además de decenas de heridos y destrozos materiales. ¿Santos no sabía entonces lo que hacía recibiendo a Capriles? ¿O precisamente lo sabía muy bien? Santos no es ningún idiota. Tenía y tiene muy presente lo que significa recibir a quien en el golpe fascista de 2002 asaltó y agredió a la embajada cubana en Caracas y que hoy escupe palabras, contra Cuba y Venezuela. Santos comprende muy bien los efectos de esa obsesión de Capriles, convertida hoy en cruzada, contra los dos países y gobiernos que más han aportado a la concreción de un proceso de paz.

Esto se pudo entender, tras la llegada 48 horas antes, del vicepresidente de los Estados Unidos, Joe Biden, quien manifestó el respaldo de la administración Obama al gobierno de Colombia “en el campo de la batalla”, pero también en el campo de las negociaciones”. Santos se aseguró de que quedara claro que una cosa ha llevado a la otra”.

Luego el presidente Juan Manuel Santos, anunció, el ingreso de Colombia a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Esto viene a confirmar que EE.UU. está impulsando a Colombia como cabeza de playa para iniciar una batalla por la desintegración regional. Una imposición neocolonial del imperialismo norteamericano que pretende destruir la CELAC, UNASUR, LA ALBA; para enemistar a Colombia con sus vecinos y sumar países a sus designios. Posteriormente, Colombia fue anfitriona de la VII Cumbre de la Alianza del Pacifico en América, promovida fuertemente por EE.UU para reimpulsar el ALCA y los TLC.

Como vemos, Santos y Uribe son caimanes de un mismo pozo. Ahora no quiere la mediación de UNASUR, sino de la OEA donde fue derrotado. Además quiere llevar este problema al seno de la CIDH o a la Corte Celestial.. Se niega y tiene miedo a establecer un diálogo con el presidente Maduro.


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Raúl Ramirez

Abogado, profesor y escritor. Ex-guerrillero.

 rauljoseramirez@hotmail.com

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