De cumbre en cumbre ¿de abismo en abismo?

De cumbre en cumbre ¿ de abismo en abismo?


Las guerras actuales ya no comienzan con el sonido de los sables o los primeros estallidos de los misiles, empiezan con la penetración psicológica de la población a la cual se pretende dominar. Una silente vanguardia que persigue doblegar la voluntad de lucha del adversario, fragmentar sus fuerzas neutralizando su capacidad de respuesta, para que, llegado el momento justo, no logre reaccionar ante una arremetida final justificada de antemano ante una ya preparada opinión internacional, con la aprobación, o no, de los organismos internacionales.

Este es un libreto que bien conocemos los venezolanos, con más de 15 años soportando los ventarrones de la lenta declinación de un imperio que se empeña en mantener un orden mundial vetusto.

Es necesario comprender que actualmente se desarrollan a escala global, operaciones de ofensiva y contraofensiva entre los factores que aspiran perpetuar este orden decadente, y aquellos que luchan por conquistar un equilibrio de fuerzas a nivel mundial. Es vital, quiero reiterar, que entendamos las avanzadas de los EE.UU. en los campos mediático, militar y diplomático, y la resistencia que hacemos los pueblos decididos a ser soberanos.

En este panorama la VII Cumbre de las Américas puede convertirse en un escenario de conquista, resistencia o retroceso de posiciones políticas tácticas, ante la descarada recolonización puesta en marcha por los yanquis en América Latina.

Más allá de los habituales temas preparados para este tipo de congregaciones (disminución de la pobreza, alimentación, salud y educación), seguramente se abordarán temas como el derecho al mar reclamado por Bolivia, o el conflicto armado colombiano y su proceso de paz. Sin embargo, parece obvio afirmar que el plato fuerte del festín será todo lo relacionado con el infausto decreto imperial del 9 de marzo.

EE.UU. está consciente de ello y ha empezado a actuar en consecuencia. Desde ya ha intensificado el asedio y el ataque a la unidad latino-caribeña. Y lo hace abordando a los sectores que pudieran ser los más vulnerables debido a sus necesidades en el campo energético. Me refiero, obviamente, a los países caribeños, con los cuales se reunirá Obama horas antes de la realización de la cumbre, con el objetivo de suprimir la supuesta dependencia del Caribe al petróleo venezolano.

Al mismo tiempo, declaraciones insólitas del canciller uruguayo, manifestando la preocupación de su gobierno por los Derechos Humanos en Venezuela, dejan en evidencia que EE.UU. ha estado merodeando en Latinoamérica, pulsando las pretensiones de algunos sectores para erosionar la unidad que tanto ha costado iniciar.

Entre otras cosas, esta cumbre servirá para evaluar con certeza el panorama político actual en nuestro continente. Darnos cuenta qué tanto se ha avanzado en la unidad política latinoamericana, y qué tan aislado esta EE.UU. con respecto al resto del continente. El aislamiento para cualquier país, significa el fracaso de su política exterior; para el imperio yanqui es una humillación en su historial de dominio mundial.

Los gobiernos estadounidenses, luego de la Segunda Guerra Mundial, se dedicaron a ordenar el mundo, no para preservar la paz mundial, ni siquiera para erradicar los padecimientos de su propia población, sino para satisfacer las necesidades de sus corporaciones y garantizar un mercado consumista para sus productos. Hoy día, en esta nueva configuración de poderes globales que comienza a surgir, EE.UU. necesita avanzar en la concreción de su viejo proyecto de Área de Libre Comercio para las Américas, controlando de esta manera el gran mercado que significa América Latina, imponer sobre ella sus designios neoliberales: Estados incapaces de imponer condiciones a los inversores extranjeros; desconocimiento total o parcial de los tribunales nacionales delegando los litigios a sistemas de arbitraje internacional; el acceso total de las multinacionales a contratos y proyectos de infraestructura y explotación de recursos una vez suprimidos los controles aduaneros para bienes y servicios. En otras palabras, un proceso neocolonizador sobre nuestro territorio con el consecuente expolio de sus recursos naturales.

Para el gobierno estadounidense, la cumbre abre una oportunidad de avanzar en la reconquista de un espacio de influencia, para no dejarlo a merced de China o Rusia. Para Latinoamérica la cumbre significa la oportunidad de continuar con los procesos descolonizadores, seguir siendo el puntal de lucha contra el neoliberalismo en el mundo.

Venezuela, por ejemplo, ha comprometido su destino en la construcción de sistemas comunicacionales, económicos y diplomáticos emancipados de las imposiciones de las multinacionales. He aquí, no es un secreto, la verdadera razón del fulano decreto: Cayendo Venezuela se abren nuevamente las puertas de Latinoamérica a los ejércitos del neoliberalismo.

Es por ello que la región debe tener muy claro la importancia de defender a Venezuela y no caer en el vasallaje del que, hasta ahora, nos hemos liberado parcialmente. Es una asignatura impostergable componer una alquimia que permita unificar las las ambiciones y potenciales de la región, bajo una operatividad ideológica capaz de incluir las diversas fuerzas económicas, sociales y culturales de la región. En síntesis, acabar con el absoluto dominio de las élites imperiales y sus apéndices regionales.

Ciertamente nada sencillo, en todo caso indispensable si se quiere lograr el objetivo de independizar a la región para que participe con voz propia en un horizonte de multipolaridad global.

En este orden de ideas la VII Cumbre de las Américas es solamente un paso táctico en el camino. Por estos días recordaba a Hugo Chávez, me parecía escuchar su voz cuando decía: “Los presidentes vamos de cumbre en cumbre y los pueblos de abismo en abismo”. Aludía a ese mundillo diplomático que convirtió a los encuentros internacionales en pantallas de proyección para presidentes y cancilleres que asistían con pomposos discursos, más parecidos a las bebidas “on the rocks” que sostenían en sus manos, que a las realidades de sus pueblos.

Fue Hugo Chávez quien empezó a cambiar esa dinámica; fue él quien en el 2002, en Quebec levantó su mano solitaria para oponerse al ALCA; fue Chávez junto a Lula y Kirchner, quienes en Mar del Plata “enterraron al ALCA”, y empezaron a configurar un contexto internacional que favoreció la emergencia y victoria de movimientos sociales como los de Bolivia, Nicaragua y Ecuador.

En suma, es ahora cuando se presenta una nueva oportunidad de reiterar la unidad política de América Latina y continuar sumando logros en la lucha contra las políticas neoliberales y la recolonización. Hay que desmontar la guerra económica, el silencio y la tergiversación mediática, parte de esa vanguardia silente que funcionan como preludio a una intervención mayor en Venezuela o cualquiera otro de nuestros países. La cumbre debe dejar al descubierto la verdadera naturaleza e intención de las sanciones que EE.UU. quiera imponer a Venezuela; hacerlo al unísono será defender la unidad y soberanía de América Latina toda.

padronh77@hotmail.com


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