Sigue la agresión desde Colombia

Con el apoyo de paramilitares colombianos, la derecha venezolana sigue intentando derrocar el gobierno venezolano; la prensa de ese país hace cayapa con medios internacionales y mienten sin pudor ni vergüenza en un intento por presentar ante el mundo, el gobierno de nuestro país como un gobierno dictatorial y fallido; los contrabandistas colombianos obtienen millones de dólares saqueando nuestro país y las autoridades del mal vecino actúan como Shakira (ciega, sorda y muda).

Mientras todo es ocurre a diario, el Ministro de Relaciones Interiores de Colombia desmiente públicamente al gobierno venezolano al afirmar que ¨no hay evidencias de la participación de paramilitares en las acciones de violencia  que se dan en nuestra patria¨ y se hacen los locos con la extradición solicitada del paraco asesino de nuestro joven diputado Robert Serra.

Como si esto no fuera suficiente, el Santos, que más bien debió apellidarse diablos, da unas declaraciones en las cuales agradece el apoyo al gobierno de Venezuela al tiempo que pide respeto por los derechos de Ledezma y Leopolvo, dejando colar así, la posibilidad de que el gobierno los torture, los asesine o simplemente les conculque sus derechos. En otras palabras ofende a nuestro gobierno y esconde la mano.

Nada de esto es nuevo. Ya en agosto de 2010 escribimos una nota titulada ¨Cómo Acabar Con Las Agresiones Colombianas¨ y hoy con tristeza vemos como aquello que expusimos hace casi cinco años sigue igual o peor. Pero para que no se quede en nuestra apreciación personal y subjetiva, replicamos a continuación aquella nota y que sean nuestros lectores si teníamos razón o no.

¨Seguramente usted, amigo lector, ha leído o escuchado la pregunta que corre de boca en boca en los corrillos políticos venezolanos y colombianos. ¿Por qué Uribe monto el show contra Venezuela, a escasos días de la entrega del poder?

Nos atrevemos a ir más allá y afirmar que seguramente también ha escuchado que se trató de un error político del narco de Nariño, el cual será enmendado por un Santos que se ha distanciado de las posiciones uribistas.

Poco nos gusta calificar los análisis políticos, por aquello de no escupir para arriba, pero en este caso no podemos dejar de calificar como imbecilidades tanto la pregunta como la afirmación.

En esa acción no hay errores ni  inocentadas; demasiada experiencia tiene el Departamento de Estado gringo para ello. La telenovela de Uribe, las recientes acusaciones del propuesto como futuro embajador yanqui en Venezuela, la posición de Santos  y las acciones que desde adentro y desde afuera se ejecutarán en los próximos días contra Venezuela y su gobierno, son parte de un plan destinado a desprestigiar la Revolución Bolivariana a nivel mundial.

La idea es que los pueblos del mundo vean al gobierno venezolano como un gobierno dictatorial, vinculado al terrorismo y al narcotráfico; que no sepan de Barrio Adentro, de la Universidad Bolivariana, de las misiones Sucre, Rivas y Robinson, de Mercal, de las pensiones equivalentes al salario mínimo, de las escuelas bolivarianas y sus comedores, de los infocentros, del cardiológico infantil y pare usted de contar. Si los pueblos del mundo se enterarán de los logros del gobierno venezolano, comenzarían a preguntarse por qué sus gobiernos no pueden brindarles los beneficios que hoy disfrutan millones de venezolanos humildes. Eso, obviamente, atentaría contra los intereses de las grandes corporaciones y las burguesías beneficiarías del capitalismo.

Decimos que son imbecilidades la pregunta y la afirmación con las que iniciamos esta nota, porque la realidad es que Uribe y Santos son actores del mismo show con el que se agredió a Venezuela. A uno le dieron el papel del malo para que nos calumniara y ofendiera y al otro el de neutral para que luego de la agresión, pudiera recomponer el panorama político y restablecer las relaciones que ellos sabían se iban a romper.

El próximo sábado, con la toma del poder por Santos, se inicia la segunda fase del plan colombo-norteamericano, destinado a restablecer las relaciones plenamente, y nosotros (téngalo por seguro) caeremos en la trampa. Las relaciones volverán a ser como antes y nos quedaremos agredidos, desprestigiados, denunciados y calumniados.

Nunca Santos pedirá disculpas y en menos de lo que canta un gallo seremos agredidos nuevamente, para luego repetir la historia y restablecer las relaciones; quedándonos siempre como el único país perjudicado.

Insistimos en que es una pendejada seguir creyendo que con esas posiciones ayudamos a la hermandad de nuestros pueblos y a la integración suramericana. La única forma de contribuir al logro de esos objetivos es respetándonos mutuamente y no interfiriendo en las políticas y decisiones de cada país, pero para lograr eso de Colombia hay que apretar y apretar duro.

Con apretar duro, queremos decir que hay que tomar decisiones que aunque duelan, obliguen al gobierno colombiano a pensar que una agresión contra Venezuela, puede costarle caro. En ese sentido proponemos que al restablecer las relaciones en los próximos días (créannos que así será) el gobierno venezolano deje en claro a las nuevas autoridades colombianas, que ante una próxima agresión las relaciones diplomáticas y comerciales se romperán automáticamente por un periodo de dos años, sin posibilidad alguna de  revisión, intermediación o arreglo en el referido lapso.

Eso sí obligaría al gobierno colombiano  a ser cauto y a dejar de lado las payasadas y agresiones gratuitas, pues saben que dos años en esas condiciones le generaría un rechazo de una buena parte del pueblo colombiano y un impacto económico de singular magnitud.

¡Qué el que tenga oídos, oiga! ¨



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Alexis Arellano


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