El nobel de la paz tras la tercera guerra

El premio Nobel de la Paz, actual inquilino de la Casa Blanca está en pos de la Tercera Guerra Mundial, lo que pudiera marcar el fin de la humanidad, dada la capacidad letal de los arsenales que están en el escenario, tanto por parte de Occidente, como de Oriente, entre quienes sería la confrontación.

El proyecto sionista de dominar el planeta ha fracasado de manera reiterada aun cuando ha tenido sus momentos de expectativas. Es una vieja ambición del sionismo internacional, que ha encontrado de frente la resistencia de los pueblos y pese a los millones de muertos, discapacitados y traumatizados, así como las ruinas de países enteros y el hambre que azota a millones, producto de las guerras, única herramienta del imperio, para tratar de imponer su criterio, no ha sido posible meter bajo la bota del estado gendarme a los pueblos del mundo.

El modelo capitalista que se encuentra en plena fase superior ha fracasado, porque sus prácticas han divorciado completamente al hombre de la madre tierra y con su desentrenado consumismo sustentado bajo los principios del desarrollismo, lo único que ha conseguido es deteriorar de manera paulatina la calidad del ambiente que amenaza con aniquilar la vida en el planeta, debido a los altos índices de contaminación generados por el ato grado de industrialización sin más planificación que la de generar máxima producción para soportar el consumismo capitalista.

Las crisis económicas que han sacudido a Estados Unidos de Norteamérica, como centro del poder imperial mundial, han afectado el proyecto de dominación global y frente a estos fracasos los mentores de esa locura han recurrido a la guerra para revertir los efectos de esas denominadas crisis cíclicas, como la del año 29 y luego la del 40, con igual número de guerras, que siempre han estado dirigidas a la rapiña, a la invasión de países en busca de sus recursos naturales y de la expansión territorial, políticas en las cuales Estados Unidos ha sido campeón y de eso México es testigo de excepción, porque la garra imperial le arrebató la mitad de su territorio.

La depresión de los 40 fue amortiguada con la segunda guerra mundial hechos de los cuales Estados Unidos de Norteamérica salió fortalecida como potencia capitalista, con la derrota y destrucción del poderío fascista alemán, que arrastró a Italia y Japón.

En la post-guerra Estados Unidos se convierte en la primera potencia industrial y con el secuestro de cientos de científicos alemanes que entraron a su servicio potenció su crecimiento científico y bélico hasta consolidarse como el principal centro de poder capitalista, ya que las potencias europeas, como Francia y Reino Unido habían quedado muy debilitadas con los embates de la conflagración.

Esta vez al proyecto sionista de dominio planetario lo detiene la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, que pese al asedio por parte del fascismo y los imperios norteamericano, japonés, inglés y las fuerzas internas contrarrevolucionarias que le arrebataron 26 millones de vidas, salió fortalecida y su acelerado desarrollo industrial, científico y bélico, le permitió hacer frente a la amenaza y nace el escenario de la guerra fría.

Estados Unidos continúa provocando conflictos armados en el sudeste asiático y en el Medio Oriente interviniendo incluso de manera directa como en los casos de Corea y Vietnam. En el mundo árabe lo hace a través de su sicario en esa región; el Estado sionista de Israel, que provoca la guerra de los siete días, cuando logra la ocupación de territorios sirios y palestinos, hasta hoy en disputa, origen de confrontaciones armadas de manera permanente a lo largo de 60 años.

Las maniobras de los servicios secretos del imperio logran penetrar la estructura de la URSS, que junto al Vaticano y la traición de Mijail Gorbachov, dieron al traste con ese ensayo del Socialismo Real, que se derrumbó gracias a los errores que en la conducción de proceso cometieron sus dirigentes, con la burocratización y la excesiva rigidez de la mano del Estado.

Con la caída del bloque socialista y el derrumbe del muro de Berlín, Estados Unidos queda con la hegemonía del poder militar y es cuando un tarifado como Francis Fukuyama, proclama el fin de la historia y de las ideologías y presenta como única alternativa para el mundo el neoliberalismo.

Cuan equivocado estaba. Porque no contó con los pueblos de la ex Unión Soviética, que acorralados por la mano salvaje del capitalismo neoliberal, reaccionan y se reorganizan y surge una potencia de las cenizas de la URSS, como es la Federación Rusa· Aunado a esto se levanta también el gigante amarillo que con la conducción de Mao Tze Tung se sacude el feudalismo e insurge como potencia al punto que hoy día es la primera economía del mundo. Ambos sucesos se convierten en el nuevo obstáculo para los planes de dominación imperial.

En la última década del Siglo XX, se le complican más la cosas a Estados Unidos, porque la fusión del capital industrial con el financiero vendría a consolidar un nuevo esquema, como el de la especulación, que con las operaciones sin ningún respaldo ni garantía fue creando la burbuja que se infló, hasta estallar en el primer lustro del siglo XXI, situación que mantiene tambaleante la primera potencia mundial y que ha arrastrado a sus socios de la Comunidad Económica Europea, que ahora han caído en las garras del Fondo Monetario Internacional y bajo la bota del capitalismo alemán, con Ángela Merkel, como ejecutora de las medidas.

Frente a esta realidad en la primera década del Siglo XXI y bajo la conducción del Comandante Hugo Rafael Chávez Frías Suramérica y el Caribe insurgen como nueva alternativa dentro del ajedrez de la geopolítica mundial y primero nace el ALBA, para dar respuesta al ALCA, luego nace UNASUR, para frenar el poder estadounidense en la OEA, después, la CELAC, Petrocaribre, el Banco del Sur y otros movimientos, que al entrar en contacto con los BRICS, van fortaleciendo la génesis del mundo pluripolar y multicéntrico que reclamó Chávez a lo largo de su accionar revolucionario.

Toda esta dinámica en la política mundial, aunada al surgimiento de brotes nacionalistas y separatistas en territorio europeo, como en el Reino Unido, España y Ucrania, que inexorablemente van a dar origen a nuevos países libres y contestatarios, representan un nuevo freno a las aspiraciones sionistas. Sin contar con la grave crisis no solo económica, sino moral y de liderazgo, con un presidente gris, que no pega una, que tiene Estados Unidos como potencia líder, que además pende sobre su cabeza la espada de las contradicciones étnicas que representan también una amenaza de secesión, obligan a recurrir a la guerra como herramienta para salir del atolladero. Al nobel de la paz , con la posibilidad cierta del fracaso, ante la resistencia y sensatez de los pueblos, le ha tocado ir tras la tercera guerra.



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Cástor Díaz

Periodista CNP 2414

 cd2620@gmail.com

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