De cómo pudieron haber asesinado a Hugo Chávez (XV)

El doctor Al- Abub había sido aleccionado sobre cómo preparar a una persona para que grabase un video en el que reconociera su culpabilidad y emplazase al mundo a reconocer la justicia de las exigencias de los captores. Sus tutores le explicaron que eso podía lograrse mediante el uso de drogas para crear desorientación, inducir miedo, producir estímulos confusos y causar cansancio y debilidad física.

Casey había decidido que al doctor Al-Abub lo motivaban una moral pervertida y una fe fanática en sí mismo. El doctor Gottlieb y el doctor Cameron habían actuado movidos por las mismas fuerzas. ¿Estaban hechos de la misma pasta? La pregunta había empezado a rondarle por la cabeza después de estudiar los archivos de la CIA que no habían sido destruidos y cuyo contenido el doctor Gottlieb había insistido en que no recordaba. Aquellos experimentos se habían llevado a cabo en las ciudades más civilizadas de Norteamérica, la canadiense Montreal. Los métodos que el doctor Al-Abub estaba utilizando eran prácticamente idénticos a los que el doctor Cameron y el doctor Gottlieb habían empleado sobre pacientes desprevenidos. La idea, contó Casey más tarde, "daba escalofríos".

Aunque nunca se quitará de la cabeza la pérdida de Buckley, Casey tenía mucho más de lo que preocuparse en el terreno de la guerra química. Lo que inquietaba a Casey, según reconoció más tarde era que estas armas no conocían límites: "Cuanto más lejos llevaba el hombre sus investigaciones sobre el intrincado sistema de la vida, más los científicos de Fort Detrick y otros lugares parecían decididos a crear un arma para interferir en lo que Dios había creado", le dijo al autor del libro "Las armas secretas de la CIA" , a Thomas Gordon.

A Casey le inspiró honda repugnancia la propuesta de lo que venían a ser unas sustancias bioquímicas basadas en la raza, diseñadas para afectar sólo a ciertos y determinados grupos raciales. La idea provenía de un científico de Fort Beloir, Virginia, un centro anexo a Fort Detrick, que había descrito en un documento en el que afirmaba: " Teóricamente es posible desarrollar por así decirlo armas etno-químicas, para explotar las diferencias genéticas que ocurren de manera natural entre grupos específicos de la población. Esas armas serían capaces de matar a una población enemiga seleccionada". La bomba étnica se programaría, explicaba con entusiasmo el autor, para atacar el sistema digestivo de ciertos grupos raciales, "para hacerlos incapaces de aguantar la comida de otro grupo. Los árabes, por ejemplo, recibirían una toxina de tipo porcino". La bomba también tomaría por blanco diferentes grupos sanguíneos. Entre los musulmanes de las repúblicas islámicas soviéticas abundaba la sangre tipo O. Se programaría la biobomba étnica para que infectase a ese grupo. Casey se había apresurado a escribirle una nota al presidente: "No debe permitirse nada de este estilo".

Sin embargo, Casey preveía una época

"...probablemente para el siglo XXI, cuando podrá manipularse lo suficiente la doble hélice del ADN para utilizarla en la investigación de la guerra bioquímica. El objetivo más probable será producir un nuevo supergermen que dejará el sistema inmunológico más indefenso que nunca. En última instancia podría no sólo matar a grandes poblaciones sino, en caso de necesidad, convertir a quienes sobrevivieran en mutantes, monstruos creados por el propio hombre". ¿Estarían señalando aquí la creación del Virus de Inmunodeficiencia Adquirida (VIH), mejor conocido como Sida?

El 5 de septiembre de 2001, Thomas Gordon señala en su libro "Las Armas Secretas de la CIA"en su primera edición en el año 2007, señala que repasa uno de los veintidós e-mails y faxes de sus contactos en diversos servicios secretos del mundo que mandaban actualizaciones sobre algunas informaciones previas. A lo largo de un cuarto de siglo estas fuentes han proporcionado el "trasfondo" (palabra genérica para definir todos los datos delicados que no pueden atribuirse directamente a la fuente) que hicieron posible libros como los de Gordon o trabajos de investigación como éste y que permiten publicar verdaderos reportajes de investigación como este, pese a lo extenso.

Aquella mañana, había un e-mail procedente de Washington escrito con el habitual estilo lacónico del remitente: "El Pentágono ha construido en secreto una fábrica de armas biológicas capaz de producir suficientes gérmenes letales para matar a muchos millones de personas". Con un toque de ese humor negro que a menudo caracterizaba su trabajo, había añadido:

Las bioarmas son tan espantosas que hacen que uno se sienta a gusto con las nucleares; por lo menos ésas solo te fríen. Con las bioarmas ni te enteras hasta que un puñado de micropartículas te entra en los pulmones. Entonces lo único que te queda es elegir la muerte que quieres: ahogarte, desangrarte o asfixiarte a lo largo de unos cuantos días o a lo mejor unas pocas semanas. Y en todo momento sabes que vas a morir porque unos médicos, hombres y mujeres, realizaron el juramento hipocrático y luego decidieron o fueron convencidos de que no era aplicable a ellos.

La fuente citaba varias de las armas biológicas que la cúpula secreta había almacenado: ántrax, brucelosis, botulismo, peste, viruela, cólera. Algunas tenían nombres más esótericos: Marburg, Machupo, Junin, Ébola y encefalomielitis equina venezolana. Todas ilegales. Pero había más. Dado que era posible que los rusos, en las postrimerías de la Guerra Fría, hubieran combinado el virus del Ébola con la viruela, la cúpula de los servicios secretos estadounidenses estaba intentando descubrir como lo habían hecho "Una especie de versión nueva de la regla de la necesidad de saber a cualquier precio", escribía la fuente. Añadía que era posible, gracias a los avances en genética, crear gérmenes quiméricos; organismos artificiales formados por dos naturales: "También se está trabajando en producir genes tan genéticamente refinados que serían resistentes a cualquier antídoto. Recuerda que los biobombas son mucho más baratas de fabricar que una bomba nuclear; la tecnología puede encontrarse fácilmente y todo puede esconderse tras esa vieja tapadera de investigación farmacéutica. Nos estamos acercando a la hora del bioapocalipsis".

La fuente trabaja en la comunidad de los servicios de inteligencia estadounidenses; es una persona cuerda y equilibrada; es cuidadoso con lo que afirma. Aún así, había revelado en ese mensaje que el Pentágono había construido una base secreta en la base de Nellis de las Fuerzas Aéreas, en Nevada, de por sí una zona de máxima seguridad. La fábrica se encontraba en el sector más restringido de todos. Se llamaba Campamento 12, sin más. " Para acercarse siquiera hay que pasar más controles que para entrar en las entrañas del Pentágono o la Casa Blanca. Soldados armados patrullan los últimos accesos al Campamento 12, sunterráneo en su mayor parte", había escrito la fuente.

La construcción de la fábrica había empezado durante la Administración Clinton, en 1997. Durante la presidencia de Bush la habían ampliado considerablemente. En su e-mail, la fuente escribía: "La existencia del Campamento 12 por fin da sentido a por que Bush se ha negado a firmar el acuerdo para ampliar el acuerdo sobre armas biológicas de hace veintinueve años. Lo han ratificado 140 países, todos los cuales quieren ampliarlo. Sin embargo, Estados Unidos, como bien sabe Bush, tendría que revelar lo que pasa en el Campamento 12".

El acuerdo sobre armas biológicas de 1972 prohibía específicamente que cualquier signatario desarrollase o adquiriera armas que propagasen enfermedades.

Aún así, la fuente era categórica: en el Campamento 12 científicos estadounidenses se preparaban para fabricar, entre muchas otras cosas, una cepa más virulenta de ántrax. Para hacerlo usarían agentes biológicos alterados genéticamente que se mejorarían hasta alcanzar la calidad que requería un arma. A diferencia del acuerdo sobre armas químicas, el acuerdo sobre armas biológicas no prevé ningún control. Además, casi todo lo que se usa para desarrollar bioarmas se usa en la industria farmacéutica o agrícola. Eso se conoce como el "problema del uso dual. El mismo equipo que hace falta para producir pienso para pollos puede usarse, con una ligera adaptación, para elaborar un agente biológico", declaraba el e-mail.

Pero esta publicación de estos trabajos, ya en sus partes finales continuarán, por razones de espacio, en la próxima entrega.

 

¡Bolívar y Chávez viven, y sus luchas y la Patria que nos legaron siguen!

¡Hasta la Victoria Siempre!

¡Independencia y Patria Socialista!

¡Viviremos y Venceremos!



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Juan Martorano

Abogado, Activista por los Derechos Humanos, Militante Revolucionario y de la Red Nacional de Tuiter@s Socialistas (RENTSOC).

 jmartoranoster@gmail.com      @juanmartorano

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