Algunas críticas y propuestas para la Revolución Cultural

La Revolución Bolivariana de Venezuela, esperanza para la construcción de un mundo mejor, debe transformar simultáneamente a sus relaciones de poder y de producción, la cultura como mercancía sometida a los designios del capitalismo, a la cultura enaltecida como creación espiritual y material del ser humano en su relación con la naturaleza.

Es necesario resaltar la falta de capacidad del Gobierno Revolucionario (Ministerio de la Cultura entre otros entes) para afrontar el tema de La Gran Revolución Cultural Proletaria y Bolivariana. Entiéndase a la clase proletaria, como todas y todos los oprimidos, explotados, y vilipendiados históricamente por el sistema capitalista y el imperialismo como su fase superior, su fase monopolizada.

¿Por qué después de más de una década en revolución, no hemos emprendido, mas allá de una “tímida” misión cultura, una campaña firmemente decidida y dedicada a impulsar una Revolución Cultural, desde, con, y para el pueblo?

Después de 10 años en revolución, no se si se debe a la supervivencia política de la misma dentro del fétido camino de la democracia, o a nuestras propias incapacidades como operadores políticos. Seguimos utilizando expresiones burdas y superficiales de alineación capitalista; como “Franco y Oscarcito”, para que nos “represente” en el mundial de Softbol Femenino. Reguetoneros y demás mercancías, sin ningún tipo de conciencia revolucionaria ni mensaje revolucionario, para que (además de cobrar grandes sumas de dinero) “animen” en nuestras actividades revolucionarias.

No hay duda de que hay interesados en que se confunda el poder popular, con la denigración del ser humano y lo chabacano, con el bochinche; como dijo alguna vez Francisco de Miranda.

Aparte del apoyo que se le ha dado algunos sectores de la música como instrumento para la alineación. Parece que la única expresión musical que tiene referencia internacional, y que merece algún tipo de financiamiento y consideración para el Gobierno, es la que hace el Maestro Abreu y su sistema nacional de orquestas; la denominada música “clásica”. No tengo nada en contra de la música clásica, de hecho me gusta mucho, pero que desconozcan y excluyan de los procesos de participación popular, por ejemplo, los tambores de barlovento, la bandola y las maracas que resuenan en los llanos venezolanos, la salsa, el cuatro, la trova revolucioraia, el canto por la vida y libertario; es mas que una torpeza, una practica neurálgicamente burguesa.

Se siguen financiando proyectos culturales para que cuenten la historia de la burguesía, esa misma historia que está escrita en nuestros libros de la educación primaria, que cuenta su historia, la de los explotadores y opresores. La misma historia que cuenta la Villa del Cine, que pretende rebajar la figura de Miranda, uno de nuestros Quijotes Americanos, a la figura de un excéntrico europeo recolector de bellos púbicos. Donde en Zamora; Tierra y Hombres Libres. No queda claro (Como dice el Duque) por qué Zamora era querido por las clases oprimidas, o por qué en ciertas escenas uno ve pasajes reciclados de “La Oveja Negra” y “Pandemónium” y no queda claro si el José Antonio Páez reducido en la película a ricachón entregado a los placeres sensuales, tuvo un pasado glorioso. La figura del Llanero Páez, (traidor a los ideales Gran Colombianos de Bolívar) que lideró importantes batallas decisivas para nuestra independencia, se reduce a la de un gordito torpe y burgués desinteresado; y la de Zamora a un personaje extraño y místico. Ni hablar de una de las nuevas producciones de la Villa del Cine denominada: Taita Boves. Donde un carajo que estuvo al frente de un ejercito de esclavos y campesinos, que acabó con la 2da República ya corrupta y viciada, que lideró una cruzada de oprimidos exigiendo justicia, uno de los protagonistas de esa importante lucha de clase del Siglo XIX; fue reducido a un simple avaricioso y desequilibrado mental que buscaba venganza, haciéndose de un ejercito que manipuló y engañó, como siempre envuelto en una mística religiosa extraña impregnada al mejor toque de la Villa del Cine. De verdad, una falta de respeto a la conciencia de un pueblo que espera dignidad y justicia, la historia de los explotados de siempre y no la de los explotadores, o mejor aún, contar ellos su propia historia.

La Revolución Cultural es absolutamente necesaria para empezar a construir nuevas formas de relacionarnos, encontrarnos, reconocernos. Si no empezamos a agrupar, recoger, difundir; utilizar desde la lógica revolucionaria, nuestras distintas expresiones culturales, tales como: el canto, el teatro, la escritura, el cine y la televisión, la pintura; en fin, todo lo que tenga que ver con nuestras libres creaciones, estaremos destinados a repetir tristes modelos meramente reivindicativos y no trascendentales.

¿Qué necesitamos para impulsar la Revolución Cultural?

Necesitamos soñar lo imposible, como dijo el Che, crear y difundir nuestras propias historias. Esto significa por empezar a desligarnos de la lógica de superioridad anglosajona, donde los únicos que hacen cultura son los sectores intelectualizados, los que pertenecen a la clase media, la misma que describe Benedetti en su poema.

Debemos crear Comités Populares de la Cultura Revolucionaria. Esto permitirá la organización y movilización de las distintas expresiones de la cultura, deben ser la vanguardia cultural, capaz de guiar y facilitar la emancipación de nuestro pueblo enajenado y alienado. Nos permitirá avanzar en la superación del Estado Burgués, grande protector de la oligarquía.

Debemos contar las historias de nuestros barrios, de nuestra explotación histórica, de nuestra rabia convertida en ternura, de nuestras luchas, de nuestros logros populares, de nuestros romances; porque para lo demás, están las otras grandes productoras del capitalismo y sus miserias.

Apoyar nuestro teatro, cuando me refiero a “nuestro”, hago referencia al teatro que es consecuente con la emancipación del hombre y la mujer.

Respaldar y apoyar a nuestros cultores literarios, a través de asesorías y construcción de conocimientos colectivos, que nos permitan de esta manera agrupar un gran Comité Popular de la Cultura Literaria. Alejarnos de las viejas prácticas burocráticas y corruptas, donde los integrantes de las editoriales como el “Perro y la Rana”, se editan ellos mismos, es decir; se pagan y se dan el vuelto pues. Compran y venden conciencias.

Financiar, apoyar, difundir y acompañar; los cantores revolucionarios, que con su convicción ideológica y casi “con las uñas” van lanzando la palabra por todos los rincones del país. Entender lo importante que es organizar a los cantores y cantoras de nuestro pueblo y unificar en diversidad el canto para la emancipación. Un Comité Popular del Canto, que trascienda el descaro y la vergüenza que produce que casi todo el presupuesto nacional para la cultura, es dedicado al sistema nacional de orquestas, resumiendo y reduciendo nuestra cultura tan rica y diversa en términos artísticos y autóctonos, a la música clásica netamente europea.

Es importante, creer e interiorizar el carácter vital que tiene la cultura dentro de la revolución, entender que un pueblo alienado y enajenado, es incapaz de reconocer sus potencialidades, incapaz de construir su propia historia.

“No es necesario esperar hasta que todas las condiciones para la revolución existan, el foco insurreccional las puede crear".

Che


adaleduardo@hotmail.com


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Adal Hernandez


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