Lo que más teme el enemigo

No era un filántropo-cursi el Ché cuando decía que "los revolucionarios están guiados por grandes sentimientos de amor". Menos un “fundamentalista” comunista cuando agregaba que "no se lleva la revolución en la boca para vivir de ella sino en el corazón para morir por ella". De qué otra forma se explicaría la burguesía que muchos seamos capaces del martirio por nuestra revolución. Nos acusan de “locos y fanáticos”, de la misma forma que signan a los mártires palestinos de “fundamentalistas terroristas”. Pero están equivocados. Los actos conmemorativos del Bicentenario, que atrajeron la atención de muchos hermanos de causa en todo el mundo, permitió descubrir los verdadero fines pacíficos, humanistas y unionistas de nuestras banderas, pero también nuestra determinación por alcanzarlos y defenderlos a costa del mayor sacrificio.

Desde los preparativos mismos del evento, hasta su consumación, -el desfile realizado en el paseo Los Próceres, Caracas- el mundo se mantuvo muy a la expectativa. "Estupefactos" podría ser el termino que mejor define la impresión de la canalla (nacional e internacional) ante aquel emotivo espectáculo que sirvió para mostrar lo mucho alcanzado en tan pocos años de Revolución Bolivariana.

La fecha era la más propicia. Pues, festejábamos el Bicentenario de la firma del Acta de la Independencia de Venezuela, fecha que marco un antes y un después para país, y para todo el continente. La historia hubiese sido otra sin la valentía, el arrojo y la determinación de aquellos nuestros mártires y próceres. Pero también nuestro presente sería otro sin la convicción, el arrojo y la determinación del Comandante Chávez, y su pueblo, por mantener la revolución. El 11 de Abril de 2002, Chávez demostró valor y desprendimiento cuando arriesgó su vida al entregarse a los cancerberos golpistas. Su valiente acción fue reconocida por el pueblo quienes han demostrado ser capaces de imitarlo, pagando con el mismo amor.

Quizás algunos no pudieron apreciar lo más significativo del desfile, pero el imperialismo reconoció a los potenciales mártires en muchas de las caras de los soldados y el pueblo; es la determinación de morir, si es necesario, por la defensa de la patria socialista. Es precisamente eso a lo que más teme el enemigo, y no a nuestras armas. La consciencia de un pueblo que es capaz de conducirlo al martirio, la que podría propinarle un insoportable número de bajas a sus bien entrenadas y equipadas tropas, a pesar de toda su tecnológica militar. Nuestra consigna "Patria Socialista o Muerte" sigue despertando el miedo entre nuestros enemigos.


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Basem Tajeldine

Marxista. Investigador de temas geopolíticos internacionales en el Centro de Saberes Africanos. Moderador del programa VOCES CONTRA EL IMPERIO, RadiodelSur y RNV.

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