La sed insaciable de los algoritmos: ¿Está en juego nuestra soberanía?

Este crecimiento exponencial de la Inteligencia Artificial no es solo una cuestión de cables y procesadores; es una cuestión de supervivencia física. Para que esos centros de datos funcionen, no solo necesitan electricidad (equivalente a naciones enteras como España), sino cantidades industriales de agua para enfriar los servidores y alimentar las plantas nucleares que el gobierno de EE. UU. planea reactivar bajo decretos de emergencia.

Mientras la industria tecnológica celebra acuerdos con empresas nucleares para satisfacer su "demanda insaciable", los ojos de la geopolítica se posan sobre el Sur Global. La Amazonía, el pulmón del mundo y la mayor reserva de agua dulce del planeta, ya no es solo un tesoro ecológico, sino un objetivo de seguridad nacional para quienes necesitan mantener encendida su infraestructura de IA.

Debemos reflexionar seriamente: si no estamos unidos y preparados, el riesgo es inminente. Brasil, por su vasta riqueza hídrica, podría convertirse en el próximo objetivo estratégico de una política exterior que busca recursos a cualquier costo. La historia nos ha enseñado que, bajo discursos de "ayuda" o "progreso", se esconden agendas de extracción que no respetan fronteras.

La advertencia es clara: si los países progresistas no logramos la unidad política y la independencia tecnológica, corremos el riesgo de ser dejados atrás —o peor aún— de ver nuestras propias infraestructuras energéticas vulneradas o "borradas a bombazos" cibernéticos, con bombas reales o saboteadas desde adentro para ponerles fin a su funcionamiento y mediante bloqueos económicos antes de que podamos utilizarlas para nuestro propio pueblo. La estrategia de "tierra arrasada" no es solo física; es energética y digital.

Estados Unidos ya ha anunciado que recurrirá a medidas extremas para garantizar su supremacía en IA. Esto debe ponernos a todos con las "barbas en remojo". No podemos permitir que nuestras fuentes de energía y agua sean el combustible de una inteligencia ajena mientras nuestras poblaciones quedan en la sombra.

¿Estamos preparados para defender nuestra agua y nuestro petróleo de esta nueva forma de colonialismo tecnológico? La respuesta reside en la Unidad. Solo un bloque compacto, con propósitos claros y una formación tecnológica-militar sólida, puede garantizar que la paz en la región no sea una tregua temporal, sino una soberanía permanente.

El futuro de 2026 nos exige dejar de ser parcelas aisladas para convertirnos en una sola fuerza. El progreso debe ser para el ser humano, para el socialismo y para la vida, no para alimentar la voracidad de servidores que ignoran las necesidades sociales del sur.

Es hora de despertar y unirnos, antes de que el brillo de la pantalla nos impida ver la oscuridad que se avecina si no defendemos lo nuestro.



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Renny Loyo

Doctor en Educación. Dramaturgo

 drloyophd@gmail.com

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