¿En manos de virólogos?

Desde el primer día de confinamiento hemos dispuesto de tanto tiempo para nosotros, que, como un sabueso que indaga, sigue pistas e interpreta hechos, no he cesado de investigar el "hecho" del que partimos todos en todo el mundo. El resultado final, aun provisional, por ahora me estremece. Claro que, teniendo como tengo una edad avanzada, el estremecimiento es relativo pues a lo largo de la vida todos nos vamos curando de espantos…

Antes de acudir al médico debemos prestar atención al instinto. Si no está estragado o atrofiado por hábitos malsanos, el instinto siempre es un guía superior a la razón. Las enfermedades curables se curan solas con nuestras propias defensas. Sólo necesitamos paciencia. Pero si el mal contraido persiste y sufrimos dolor agudo persistente, es cuando recurrimos al médico. Sin embargo, no creo que la Medicina preventiva sea buena solución. A menudo causa trastornos que no se hubieran producido sin mediar una vacuna, por ejemplo. En todo caso, nuestra salud es demasiado importante como para dejarla en manos exclusivamente de los médicos y de la Medicina académica.

No obstante, una cosa es la pericia del especialista que trata a diario de manera individualizada a enfermos aquejados de una misma enfermedad, y otra que la sociedad deba seguir necesariamente las pautas de especialistas en epidemias y en pandemias. Pues, a diferencia de otros especialistas en enfermedades comunes, la experiencia y praxis del epidemiólogo es esporádica, las bacterias y los virus mutan. Y con mayor motivo cuand los propios expertos reconocen públicamente ignorar el preciso origen del virus causante de la pandemia y el comportamiento de éste desconcierta sus efectos porque al covid19 se le ha tratado y modificado genéticamente en un Laboratorio. Las cambiantes recomendaciones de los expertos del gobierno a la población sobre el modo correcto de actuar a lo largo del estado de alarma, aparte las sabidas precauciones ante cualquier enfermedad infecciosa, acreditan la escasa solidez de sus dictámenes más allá de las medidas de precaución elementales a adoptar ante la posibilidad del contagio. Parece patente el desconcierto general. Y pese a ello, o por ello, el gobierno central se resiste a traspasar a los gobiernos autónomos la responsabilidad del control sanitario de la pandemia, manteniendo si acaso su papel gendarme que evite el desplazamiento entre Autonomías.

Porque en esta inédita situación que vive el mundo y España, hay numerosos factores a considerar. Las sucesivas teorías extraoficiales que voy recorriendo contradicen la tesis de todos los gobiernos. Y todas apuntan a las altas esferas del poder mundial como responsables de lo que está sucediendo. Nada tiene de extraño, pues el pueblo llano, cansado de los engaños a que es sometido ordinariamente a lo largo del tiempo, desconfía de sus gobernantes. Aun así, los poderes institucionales son una cosa, y los poderes en la sombra, otra. Podríamos decir que la Historia no es más que la historia de una conspiración tras otra, de una sucesión de conspiraciones del poder contra los pueblos. Y con mayor motivo en España donde las clases secularmente dominantes, dueñas del dinero, de la banca, las finanzas, de los medios más potentes de comunicación cuyo principal cómplice es la jerarquía religiosa, no han perdido apenas peso en las maniobras de toda clase realizadas a partir del tránsito de la dictadura a una democracia de bajo nivel.

Ahora se está tratando de vacunar obligatoriamente en países africanos. Sin embargo, en la historia de la ciencia nunca se ha conseguido desarrollar una vacuna que resulte eficaz contra alguno de los miembros de la familia de los coronavirus. Hecho que se traduce en que la gran mayoría de los ensayos clínicos que se están desarrollando en la actualidad para vencer al covid-19, estén condenados al fracaso. Un reportaje de la televisión pública francesa publicado el pasado martes reconoce que en África se extiende actualmente una campaña antivacunas que ilustra la profunda desconfianza del continente negro hacia los manejos de las grandes potencias con pretextos sanitarios. Ahora algunos padres se niegan a vacunar a sus hijos, confirma el periódico La Vie Sénégalaise. No sólo hay antivacunas en el Primer Mundo. En África no admiten que se les utilice como conejillos de indias, que se enriquezcan a su costa, que maten a cientos de ellos o que se les esterilice, que es la sospecha que se esconde tras estos manejos.

En otro sitio leo que Trump se propone movilizar al ejército para vacunar a toda la población en otoño. En realidad cada vez es más fina la línea que separa la "verdad" y la noticia fiable de carácter oficial, del bulo y la fake news. Me sospecho que todo depende del grado de ingenuidad y de propensión de la persona a imitar al avestruz cuando ante el peligro mete la cabeza entre sus plumas…



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Jaime Richart

Antropólogo y jurista.

 richart.jaime@gmail.com      @jjaimerichart

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