Algo sobre Mérida: solamente Anastasia

Nos cuenta Don Francisco Herrera Luque: Sólo sé que se llamaba Anastasia y que para 1813 vivía en Mérida, donde trabajaba en calidad de sirvienta para las monjas del Convento Santa Clara. Don Tulio Febres Cordero, de quien tomamos esta historia, refiere que era una mujer de aspecto varonil, de vehemente filiación patriótica, lo que inquietaba a las monjas del convento, ya que para aquel año de 1813, Mérida estaba en poder de los realistas.

El Brigadier don Ramón Correa, Jefe de Operaciones del Ejército español, ocupaba Mérida con un ejército de mil hombres, que para ese entonces era una cifra considerable. Anastasia, esa tarde, como tenía por costumbre, visitó el cuartel general, ofreciendo sus dulces y panelas. Le bastó una simple mirada para percatarse de que algo extraño sucedía. Los soldados, y en particular la oficialidad, se veían sombríos e inquietos, limpiando sus armas, aperando sus bestias, entrando y saliendo apresuradamente del cuartel. No le fue difícil a la hábil Anastasia imponerse de la razón de tanta inquietud. Algún boca floja de los que nunca faltan le susurró: El general Simón Bolívar, con un ejército considerable, avanza hacia Mérida. El Brigadier Correa está muy preocupado.

Anastasia: Pero yo no veo por qué, con la gente que tiene le basta y le sobra para echarle un parao al General ése... ¿Cómo es que se llama, Simón Bolívar? Hay que ver lo que son mil hombres bien apertrechados en un paso de montaña.

El informador: Eso pudiera ser cierto, si la población de Mérida, como lo era antes, fuese leal a la causa del rey... El Brigadier teme, y con mucha razón, que ante la proximidad de Bolívar los insurgentes de la ciudad, que no sabemos ni quienes ni cuantos son, se amotinen aquí dentro, quedando nuestro ejército entre dos fuegos, Aparte que no sabemos donde se encuentra en este momento el ejército de Bolívar. Unos dicen que en Cúcuta, otros que en la Grita, y hay el temor de que el grueso del ejército avance por cualquier camino de la montaña y caiga de pronto sobre la ciudad.

Anastasia, apenas recibió esta información se fue derechito a la casa de don Lorenzo Maldonado, jefe de la conspiración. Yo creo, don Lorenzo que llegó el momento de alzarse... Eso le facilitará el camino al general Bolívar...

Don Lorenzo: Mira, Anastasia, el hecho de que te hayamos dado confianza, no te da derecho a inmiscuirte en nuestras decisiones... Zapatero a tus zapatos... o dicho de otra forma, no seas entrépita y falta de respeto. Ah, sí... sí soy buena para llevar y traer arriesgando mi vida; pero si voy más allá de lo que vuesas mercedes quieren, entonces me recuerdan que no soy más que una pobre sirvienta... Usted y sus compañeros lo que tienen es miedo... Lo que les gusta es la papa pelada... ¿Se van a alzar cuando Bolívar entre a Mérida? Así cualquiera hace la guerra...

La madrugada del 18 de abril, la niebla que envolvía a Mérida hacia más densa la oscuridad. Los centinelas de Correa apostados sólo en los ángulos de la Plaza Mayor, oteaban nerviosos hacia el camino de la Grita, intercambiándose santos y señas.

Correa: Tengo malos presagios... Siento que algo va a pasar...

(Disparo de fusil en la lejanía, seguido de otro. Se escucha de pronto un tambor. Los centinelas responden al fuego. Continúa el tambor y los disparos.)

Correa: Ordenad de inmediato la retirada, antes de que sea demasiado tarde...

Dos horas antes del amanecer, el ejército de Correa salió subrepticiamente de Mérida, tomando el camino de Betijoque, mientras don Lorenzo, el jefe de los insurgentes de Mérida, y sus conmilitones se preguntaban: ¿Qué estará pasando? ¿A qué se deberán esos tiros? ¿Será el ejército de Bolívar que ha entrado a Mérida?

(Continúa el tambor redoblante y uno que otro disparo. Golpes contra el portal.) Los españoles abandonaron Mérida. El ejército de Bolívar está acampado al otro extremo de la ciudad. Oíd el tambor.

Don Lorenzo: ¡Alabado sea Dios! ¡Viva la patria, viva el general Bolívar! Salgamos todos a su encuentro. Ya amanecía cuando don Lorenzo y medio centenar de vecinos, entre voces de júbilo, fueron en busca del Libertador, guiados por el alegre redoblar del tambor. Cual no sería la sorpresa de los patriotas de Mérida cuando, en vez de encontrarse con el Ejército Libertador, se encontraron con la solitaria figura de Anastasia, batiendo alegremente el tamboril del Convento, interrumpido de vez en cuando para disparar un trabuco naranjero.

Don Lorenzo: Anastasia, mujer de Dios, no me digas que has sido tú sola la que has armado tanto revuelo, poniendo en fuga al ejército español.

Anastasia: ¿No se lo decía yo a su merced? Ahí tienen, pues. Mérida ha sido ganada para los patriotas sin disparar un tiro.

Luego de lo sucedido, no les quedó más camino a los patriotas de Mérida que abandonar el sigilo en el que hasta entonces habían vivido y tomar posesión de la Plaza, facilitando así la entrada triunfal de Bolívar. Fue la ciudad donde, por primera vez, recibió el título de Libertador.

Nadie sabe –como refiere Febres Cordero- qué sucedió con Anastasia, con excepción de que su único hijo murió años después en Boyacá. De no haber sido por la tradición popular, que rescató para el recuerdo el ilustre merideño, a estas alturas nadie sabría de la proeza de aquella heroica sirvienta, de la que no se sabe ni siquiera el apellido. Sólo sabemos que se llamaba Anastasia... solamente Anastasia y nada más.

El capitán Suárez, el de la capa roja, murió en Caracas, peleando contra Guaicaipuro, el Cacique se quedó con su espada hasta su muerte.


Salud Camaradas.

Hasta la Victoria Siempre.

Patria. Socialismo o Muerte.

¡Venceremos!

manueltaibo@cantv.net


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Manuel Taibo


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