De cuando Chabolito cantó como Sandro

Por ese palpitar/ que tiene tu mirar/ yo puedo presentir/ que tú debes sufrir/ igual que sufro yo/ por esta situación/ que nubla la razón/ sin permitir pensar/ en qué ha de concluir/ el drama singular/ que existe entre los dos…

Un chubasco nocturno entonaba su alegre y fresco concierto entre las ramas de los árboles cercanos, mientras que el periodista Juancho Marcano, escuchaba a Sandro, un cantante, que aprendió a admirar siendo un niño, pues ciertas jóvenes de aquella época, visitaban a su mamá y ahí se ponían a escuchar aquellas canciones que las hacían estremecer, tanto por sus letras como por el sentimiento que el artista argentino imprimía en sus interpretaciones. Sandro de América, como también lo llamaban, era un suceso en Venezuela para aquellos años finales de los sesenta y principios de los 70 del siglo pasado.

"No sé si tendrás una hoguera/ que te queme tanto/ como lo hice yo/ no sé si tendrás quien te llene de besos/ en cada regreso/ como lo hice yo/ más nunca tendrás quien te quiera/ te lo juro por ésta/ como lo hice yo…"

Esa canción, le llegaba a lo más profundo del alma, al amigo Efraín, cada vez que se ponía bravo con su novia, que en cada bravura, parecía que era para siempre, pero volvían otra vez, hasta que aquella unión de alegría y de muchas tristezas, llegó a su final y Efraín se quedó entonando eternamente dicha canción y también; "penas y penas y penas/ hay dentro de mí/ y ya no se irán/ porque a mi lado tú no estás/ te recordaré/ como algo que fue/ solo un sueño hermoso/ y nada más/…

"Cómo no recordar, pensó el periodista, cuando en un acto en la escuela, su amiguito Chabolito, cantó Rosa y también Trigal, canciones interpretadas por Sandro, e hizo que los representantes se alborotaban y empezaron a tirarle besos, al igual que el público hacía en las presentaciones del cantante argentino, cuando éste entonaba estos temas y se movía con una sensualidad tan impresionante, que parecía que estaba haciendo esas cosas que son prohibidas en público".

El periodista ante esto se sirvió un trago y escuchó, finalmente: "La juventud se va/ y nos ponemos viejos/ los hijos ya no están/ pues se han marchado lejos/ pero quedan con nosotros los recuerdos/ de un amor de ayer…"



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Emigdio Malaver

Margariteño. Economista y Comunicación Social. Ha colaborado con diferentes publicaciones venezolanas.

 emalaverg@gmail.com      @Malavermillo

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