Aquel esfuerzo tan comunal (¿y socialista?) en Margarita

Chucha, hija de mi alma, tiene la manía de esconderte y uno anda por ahí buscándote y al no verte, nos angustiamos al pensar que te regresaste a la Península de Macanao.

Inconscientemente Chela, aplicó mi instinto de preservar o cuidar mi vida. Apliqué ahora, una de la iguana y me resguarde agazapada en las ramas de la mata de pan del año, que sus hojas como ya sabes, son del mismo color de mi plumas.

Me vine a este encantador lugar de conuco del camarada Ñango Marín, porque me propuse leer sin los escándalos del Carrao, el libro de Aníbal Carrión con el título: Pozo Viejo: Más allá y más acá(*). Es un libro Chela, con el cual uno tiene la oportunidad de darse un reencuentro con esta particular (y ÚNICA) manera que tenían los pueblos de Margarita de ponerle nombres a las personas y con esos nombres, se conocían toda la vida. Si alguien llegaba a Los Hatos y pregunta por el primo José Rojas o Carlos González, seguro Chela, que lo ponían a dar más vuelta que un tropo, pero si en vez de preguntar por el primo José Rojas y Carlitos González preguntaban por Cherra o Carlitos el de Geña, la respuesta era inmediata: Mira mijó, eso es ahí mismito al lado de la casa de Chineco.
En pozo viejo Chela, se tiene a plenitud esta manera tan particular de Antroponimia. Ahí te encuentras con ese personaje de Culitapa, que fue un personaje de Boquerón en San Juan. Conoce Chela a: Toño Cabezón, Chemané, Ña caferina, Cacame, Julia pin, Colacho, Chuchu Guereque, Campeto, Ramón la burra, Pedro capao y otros personajes muy particulares de Boquerón, que es el punto de este libro.

Pero Chela, el punto que me llamó la atención en este libro, es un hecho que me dio la oportunidad de una reflexión adicional, que es lo que uno busca en un libro. Cuando te metes en un libro Chela, tienes la oportunidad de producir al momento un libro paralelo. La lectura te permite agregarle valor al trabajo inicial.

Mira Chela, en Margarita a finales del siglo XIX y hasta casi los sesenta del siglo XX, andaba realengo y muy activo, una especie de socialismo comunal, que nada tiene que ver con este nuevo socialismo comunal de ahora, que además de tener cinco leyes llamadas del poder comunal inútiles, nada lo iguala con esa pujante experiencia de organización comunal para resolver problemas. Ese esfuerzo comunal de esa época, estaban activas auténticas comunas.

Pozo Viejo en Boquerón y todos los pozos de agua en Margarita, fueron una expresión de un movimiento comunal bien organizado y mejor intencionado para llevar adelante un PROYECTO de agua. Pozos (pequeñas lagunas) construidos con mucho ingenio popular y a través de la llamada fajina. Claro era obras comunales bien ejecutadas y todavía la palabrita proyecto no existía por estos lugares. Sin FIDES, LAEE y sin lo que ahora se llama Fondo Compensación interterritorial (FCI); el pueblo se reunía para buscarle solución a los problemas.

No era únicamente para el problema del agua Chela. No, la gente también se organizaba para el trabajo de la siembra. En toda la serranía de San Juan, El Maco y hasta el Valle, se organizaba la siembra y la recolección de la cosecha de maíz. Era todo un evento comunitario.

En San Juan, El Maco y El Valle de la Margarita se oían los cantos del Lo-Lo. Canto que ya no se oyen, pero era un canto improvisado con el cual se cerraba un ciclo de trabajo comunitario de siembra y cosecha.

En el caso de "Pozo Viejo" en Boquerón, estaba tan bien organizado comunalmente, que había hasta un horario para las duchas. Se construyeron espacios para las duchas de mujeres y las duchas de hombres. La isla se llenó de pozos como una manera muy organizada y comunal de afrontar el problema del agua.

Chucha, me cuenta el burro Palomo, que en los Hatos se construyeron muchos pozos a través de un esfuerzo comunal. El Burro Palomo me mencionó estos pozos: Pozo Grande, Pozo de Perrucho, Pozo de Lina, el pozo de Nato, pozo de Emetria, el pozo Yapo, pozo de Jorungo, pozo de mamá Gacha, pozo de Nila y otros pozos más.

Los nombres son parte de esa tradición y los pozos fueron producto de un buen trabajo comunal bien organizado y consciente, que no es posible verlo por ahora.

(*) Carrión González Aníbal (2013) Pozo Viejo: Más Allá y más acá. Editado por VAVOS.



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Amaranta Rojas


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